Hace ya algunos años que nos tomamos las vacaciones de Semana Santa, entre 7 ó 12 días, como niños de colegio, y esa pausa en la rutina nos recarga de energía. Beijing, el norte de la India o Nueva York han sido destinos que hemos visitado en los meses de marzo y abril.

Este 2013 lo teníamos muy claro: un viaje dentro de Europa, en concreto, a Italia, a la región de Emilia-Romagna, con Bologna y Ferrara en el centro. Ya teníamos el recorrido, reservas de hoteles y hasta habíamos mirado los horarios de los trenes… y entonces recibimos un boletín electrónico con una oferta para volar a Buenos Aires desde España que parecía irresistible. Al final la oferta no era tal, al menos en las fechas que teníamos disponibles, pero para entonces ya habíamos picado el anzuelo, nos habíamos imaginado allí y la verdad: ¡nos había encantado la idea! 

De Argentina nos atrae su historia, sus paisajes llenos de contrastes, la mezcla cultural de sus gentes, su literatura, su cine, su música, su, su, su… su todo (¡o casi!). Es un destino para GIZMOS VIAJEROS. 

Siempre habíamos pensado que llegaríamos a Argentina en un viaje épico, tal vez como inicio o final de la vuelta al mundo o recorriendo América Latina a lo “Che” Guevara. Los sueños son bonitos y los planes están para cambiarlos.

A ocho semanas del inicio del viaje compramos los billetes de avión y empezamos a planificarlo. Pocos días, 8 noches, decidimos centrarnos en la capital.

Buenos Aires. Destino mítico, evocador como pocos, dicen que la más europea de las capitales de América del Sur, marcada por el aluvión inmigratorio, sofisticada y canalla, hecha de nostalgia y de voluntad, decadente, cercana y a la vez tan diferente, allá tan al Sur, puerta al fin del mundo. Ciudad de laberintos, rayuelas en las aceras, tangos con Gardel, Evita y sus descamisados, ciudad pagana de un solo D10S… y también dulce de leche, uno de los mejores helados del mundo, pedazos de carne de primera que no entran en el plato.

Los Gizmos movían las orejitas felices e intentaban bailar a ritmo de Piazzola. 

¿Se cumplirían nuestras expectativas?

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