Tras un larguísimo vuelo de 14 horas desde Roma, llegamos bien temprano a Buenos Aires dispuestos a aprovechar el día a pesar del jet lag.

Recoger las maletas, pasar las aduanas y tomar un taxi hasta el hotel nos llevó unos 90 minutos. Creemos que tuvimos bastante suerte con el tráfico ya que se trataba de una hora temprana y de un día festivo (Viernes Santo).

Dada la situación del hotel (Hotel Bys Palermo), y al tratarse del primer día, decidimos que Palermo y sus parques eran el lugar idóneo para una primera toma de contacto relajada con la ciudad, antes de adentrarnos en la densidad humana, histórica y arquitectónica de Microcentro  o San Telmo.

No se puede hacer turismo con el estómago vacío, y mucho menos con un Gizmo hambriento. En los alrededores de Plaza Serrano y de Plaza Palermo Viejo hay varias cafeterías con buenas opciones de desayuno. Nosotros elegimos Nucha.

El itinerario que trazamos por Palermo unía los cuatro parques principales: el Jardín Zoológico, el Jardín Botánico, el Parque 3 de Febrero y el Jardín Japonés.

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El Jardín Zoológico es monumento histórico nacional, al igual que el vecino Jardín Botánico. Se trata de un zoológico de finales del siglo XIX que destaca por sus pabellones y jaulas originales, los cuales intentan reproducir la arquitectura de las regiones de donde provienen los animales que se exhiben. De no ser por los pabellones, estaríamos hablando de un zoo un tanto desastrado y con animales que dan la sensación de estar medio abandonados. Al contrario que en la mayoría de zoológicos que hemos visitado, aquí pueden comprarse bolsas y cubos de pienso con los que dar de comer a muchos de los animales.

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Realizando un recorrido circular por el Jardín Zoológico, regresamos a Plaza Italia, desde donde accedimos al Jardín Botánico, diseñado por el arquitecto paisajista Carlos Thays, figura clave en la conversión de BsAs de aldea a metrópolis cosmopolita. El jardín, con sus rincones tranquilos, a la sombra de los altos árboles, contrasta con los espacios abiertos y la actividad del Parque 3 de Febrero. El acceso es libre, razón de más para disfrutar de un lugar ideal en donde entretenerse con un libro o con música o, simplemente, aislarse del bullicio de la avenida Santa Fe.

Desde el Jardín Botánico callejeamos hasta la Avenida del Libertador. Más allá de los parques, pasear por Palermo es recomendable si tienes tiempo o un interés especial por la arquitectura, en concreto, la del movimiento racionalista, que es la más abundante. Dentro del estilo academicista, nos gustaron sobre todo el palacio que alberga actualmente la embajada de los EEUU y el Palacio de los Patos, cuyo nombre alude a las familias burguesas que, menguadas sus fortunas, se vieron obligadas a vender sus palacetes e instalarse en edificios de apartamentos, eso sí, de aire parisino.

Las Torres Alto Palermo Plaza, por último, son dos torres gemelas construidas en los 90, que forman parte del skyline de la ciudad y que de alguna manera desmienten la creencia de que BsAs dejó de aportar hitos arquitectónicos pasada la década de los 30.

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La hora del almuerzo nos encuentra frente al Museo Evita, y si bien no visitamos el interior, decidimos comer en el restaurante del patio.

Tras la comida en el restaurante del Museo Evita, y con un helado en la mano, llegamos al Parque 3 de Febrero, el Central Park o el Hyde Park de BsAs, su pulmón verde. Es un parque inmenso, obra también de Carlos Thays, que lo llenó de puentes, esculturas, quioscos, fuentes, bancos, farolas, embarcaderos, etc. ¡A Gizmo Saint-Mark le encantó hacerse fotos con las pérgolas y el rosedal de fondo! Es un parque destinado a un uso ciudadano, y estos lugares siempre nos parecen de los más entrañables en cualquier ciudad. Teniendo en cuenta que estábamos en un día festivo, el parque estaba a tope: gente paseando a pie y en bicicleta, remando en las barcas del lago, tomando el sol, de picnic, patinando, jugando al fútbol y 100 actividades más. Sin duda, un lugar al que vale la pena ir en cualquier momento… aunque ser los únicos con chaqueta y pantalón no contribuyó a integrarnos en el ambiente festivo y relajado.

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Junto al Parque 3 de Febrero se encuentra el Jardín Japonés. Nos pareció una tontería de sitio, tanto por el lugar en sí y su supuesto exotismo, como por la marabunta que nos encontramos. Lo que tiene que ser un parque tranquilo se había convertido en una sucesión de gritos, carreras y empujones. Prescindible, más teniendo en cuenta que es de pago.  Ofrece buenas vistas de los edificios de la avenida Libertador y poca cosa más. A la salida del jardín japonés, tomamos un taxi al hotel, donde lo que tenía que ser una ducha y un breve descanso antes de cenar se convirtió en un dormir hasta el día siguiente.

GIZMO TE CUENTA!!

Una pequeña siesta de 14 horas y llegamos a Buenos aires, tierra de tango y empanadas. El lugar más alejado de casa donde ha estado un Gizmo, por el momento.

¡El desayuno me encanta! Mediaslunas, el nombre que le dan a los croissants, con mermeladas y dulce de leche. ¡¡Qué rico!!

Con la barriguita contenta, llegamos al Jardín Zoológico, donde me reconocen y quieren hacerse fotos conmigo. Una simpática portera del zoo les dice a los papas, refiriéndose a mí: “Si hubiese más como él, el mundo sería un lugar mejor”.

A los Gizmos nos gusta mucho más ver a los animales en libertad, y ya hemos visto elefantes, tigres e incluso cocodrilos, pero entendemos que los zoos cumplen una función….. En éste, podías dar de comer a los animalitos, pero los papas no me dejaron alimentar a los cachorros de tigre blanco, que eran unos gatitos preciosos, ni tampoco me dejaron llevarme uno como mascota. Eso sí, podías votar un nombre para ellos… ¿y qué mejor que llamar a uno Gizmo? Todavía estoy esperando la respuesta del Zoo…

También vi un panda rojo. No se parecía en nada al que Gizmo Grande vio en Beijing, pero hasta que no nos lleven a Butan, tendremos que seguir con la duda.

Tras pasear por la selva del Jardín Botánico y comerme un helado enorme de dulce de leche y chocolate belga, me dejaron corretear por el Parque 3 de Febrero. Estaba lleno de gente y  flores, y a mí me encantan el bullicio y los colores.

Muy cansados ya, volvimos al hotel, donde los papas compitieron en ronquidos… ¡pero yo los gané a todos! Como primer día, no estuvo nada mal.

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ALGO MÁS

No solo de arquitectura y parques se nutre el viajero. Hay maneras más mundanas y autoindulgentes de vivir una ciudad, como por ejemplo, ir de compras.

Palermo es la zona ideal para ello: tiendas exclusivas y marcas internacionales se alternan con diseñadores locales. Ropa, decoración, muebles… En general, hay que llevar dinero en el bolsillo, pero con un poco de paciencia se dará con algo para casi para todos los presupuestos. Pero “ir de compras” no significa gastar dinero: ¡mirar es gratis! Y, para hacer el paseo más ameno, cafés, bares y restaurantes todo el día, con la Plaza Serrano como centro.

Para los que queráis llevar las compras un nivel más allá, en el barrio de Villa Crespo, cruce Acevedo con Aguirre, por debajo de la Avenida Córdoba, se encuentra la zona de outlets. Quizás el que nos acercáramos un festivo por la tarde, y la zona estuviera abarrotada, hizo que nos agobiásemos bastante, pero lo cierto es que nos pareció que no salía a cuenta comprarse nada, ¡y eso con respecto a los precios de Barcelona, que no es una ciudad barata! Como podéis imaginar, dada la localización del hotel, alguna que otra tarde (y noche) la terminamos en las terrazas de la zona, sea con un café, una cerveza o un cocktail.

GIZMOVALORACIÓN

gizmogizmogizmo Palermo Viejo / Palermo Soho
gizmogizmogizmo Parque 3 de febrero
gizmogizmo Jardín Zoológico
gizmogizmoJardín Botánico
gizmo Tour arquitectónico por Palermo
GremlinsJardín Japonés

DATOS PRÁCTICOS
– Entrada Zoológico: 60 ARS x persona.
– Entrada Jardín Japonés: 24 ARS x persona.