Parece que en el primer viaje a Japón es casi imposible salirse de la ruta clásica: Tokyo – Kyoto – Hiroshima, así que tomamos ese eje como base pero le añadimos algunos lugares para romper la rutina de ciudad-templo-templo-ciudad. Nuestra intención era visitar la capital histórica (Kyoto) y la actual (Tokyo), y también tener una experiencia del Japón rural o tradicional.

Ni más ni menos que tres semanitas de viaje… Salimos de Barcelona un viernes al mediodía (llegando a Osaka el sábado por la tarde) y dejamos Tokyo un sábado por la noche (llegando a Barcelona el domingo por la tarde). Nos gusta viajar sin prisas, de ahí que pasásemos 6 y 7 noches en Kyoto y Tokyo, respectivamente, y que en la mayoría de sitios que visitamos nos quedásemos a dormir.

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Distribuimos las 21 noches de la siguiente forma:

Día 1: Llegada al aeropuerto de Osaka y traslado a Kyoto. Noche en Kyoto
Día 2: Kyoto: excursión a Hikone y Nagahama
Día 3: Kyoto: excursión a Nara y Fushimi-Inari Taisha
Día 4 a 6: Kyoto
Día 7: Koyasan
Día 8: Traslado a Tanabe, punto de partida del Kumano Kodo
Día 9 a 10: Trekking por el Kumano Kodo (noches en Chikatsuyu y Yunomine Onsen)
Día 11: Okayama
Día 12: Miyajima
Día 13: Hiroshima
Día 14: Excursión por el Shimanami Kaido (Mar Interior). Noche en Hiroshima
Días 15 a 21: Tokyo

Haciendo clic en el enlace, podréis ver un mapa de la ruta.

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Pasado el viaje, éstas son nuestras conclusiones respecto de la ruta que elegimos:

– A la ciudad de Kyoto hay que dedicarle tres días completos como mínimo. Vale la pena hacerlo. Hay quien dice que todos los templos resultan iguales, pero para nosotros no fue así, y las diferentes partes de la ciudad, y cada santuario, templo, jardín o castillo, fueron un descubrimiento singular.

– Recomendamos la excursión a Hikone sólo si se dispone de tiempo. En las fechas del viaje, el castillo de Himeji estaba en restauración, así que decidimos visitar el de Hikone, uno de los más auténticos de todo el país (muchos de los otros son reconstrucciones modernas). En cualquier caso la visita no dura más de tres horas, incluyendo los jardines de Koko-en.

– No vale la pena visitar el pueblo de Nagahama, lugar lleno de turistas y sin demasiado interés, pero donde se pueden comprar bonitos souvenirs de cristal.

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– Nara se puede visitar como una excursión desde Kyoto (u Osaka). No nos pareció que fuese necesario pasar la noche. Los lugares de mayor interés están situados dentro del parque y, si madrugamos un poco, en medio día se puede visitar sin problemas.

– De regreso a Kyoto desde Nara se puede visitar el Fushimi-Inari y perderse por sus caminos al atardecer. Fue uno de los lugares más sorprendentes de todo el viaje.

– El monte Koya (Koyasan) es “especial”. Hay que pernoctar allí, no sólo por la experiencia de dormir en un monasterio, sino para poder visitar el cementerio en plena noche… jujuju…

– Tanabe es un lugar sin excesivo interés a menos que haga buen tiempo y quieras pasar un día tumbado al sol, pero es el inicio de una de las rutas del Kumano Kodo. Conviene dormir allí para poder empezar a caminar temprano. Nosotros conocimos a una pareja (de españoles, cómo no) que salió de Osaka temprano y empezó a caminar el mismo día. Si optáis por esta solución, pensad que lo antes que podréis empezar a caminar serán las 12 o la 1 del mediodía, y calculad las horas de sol de que dispondréis para que no os alcance la noche en la montaña.

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– Con dos días recorriendo el Kumano Kodo podéis haceros una idea de su importancia y ver paisajes preciosos y santuarios en medio de la montaña. Hacer una ruta más larga seguro que vale mucho la pena: decidid en función del tiempo de que dispongáis.

– Finalizados nuestros días de aventura en las montañas, decidimos dormir en Okayama de camino a Miyajima. El jardín de Okayama y el castillo reconstruido se pueden visitar en una parada de unas tres horas. Aparte de estos dos sitios, la ciudad no es muy atractiva, y no recomendamos pernoctar, a no ser que se pretenda visitar la aldea tradicional de Kurashiki o saltar a las islas del mar interior desde allí. Es decir, que a día de hoy, visitaríamos Okayama solo para ver el jardín, pero dormiríamos en Miyajima.

– ¡Hay que dormir en Miyajima! Tras la puesta de sol (¡momentazo!) la ciudad se vacía de las hordas de extranjeros y jubilados japoneses que abarrotan la isla durante el día. Ver la gran tori con la marea alta, cuando “flota” en el mar, o con la marea baja, cuando se puede atravesar a pie, pasear cerca del santuario iluminado por la noche en silencio, o visitarlo bien temprano casi a solas merece mucho la pena.

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– En Hiroshima lo más destacado es el Parque de la Paz y el Museo de la Paz. Visitar ambos no lleva más de medio día, con lo que os podéis plantear si vale la pena quedarse a dormir. Nosotros pasamos dos noches porque hicimos desde allí la excursión de un día en bicicleta por la ruta de puentes que une las islas del Mar Interior.

– Tokyo es una ciudad inconmensurable a la que se podrían dedicar semanas. Para un primer viaje, si el tiempo es limitado, creemos que cuatro días completos permiten visitar los lugares más interesantes y aproximarse a la historia y cultura de la capital. Aunque teníamos tiempo de sobras, no hicimos excursiones desde Tokyo: el clima no acompañó y seguramente estábamos ya algo cansados. No obstante, desde Tokyo, se pueden planificar excursiones de un día a Nikko, Kamakura y el Monte Fuji, con lo que siete noche en la capital seguramente sea la dedicación óptima.

Ya tenéis un pequeño resumen que esperamos que os ayude si decidís “japonizaros” un tiempo, pero Gizmo quiere añadir algo…

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GIZMO TE CUENTA…

¡Qué guay fue el viaje a Japón! Hicimos de todo… vi muchos templos y santuarios, me dejaron meditar en un jardín de piedra (todavía no entiendo por qué lo llaman jardín si no hay plantas!… y tampoco entiendo por qué lo llaman meditar cuando yo suelo llamarlo echarse una siesta sentado!!), fuimos a un cementerio inmenso por la noche y nos contaron historias de miedo, atravesé un bosque en medio de un tifón, me caí de la bici cuando sacaba la cabeza y llevaba las orejitas al viento, vi una puerta en medio del mar, un montón de puertas en medio de la montaña, desayunamos sushi el mismo día que pude animar a unos señores gorditos a que se peleasen unos con otros, luces y más luces y más luces y más luces en Tokyo, gente y más gente y más gente y más gente en Tokyo… y lo más importante: ¡¡encontré nuevos Gizmos Viajeros!!

Pero hay una cosa que me pone triste… ¡Aún estoy enfadado con el Papa Javi porque no quiso llevarme a Disney Tokyo, con la ilusión que me hacía!

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