Llegamos al aeropuerto de Osaka sin incidencias la tarde del sábado, obtuvimos nuestros pases de transporte allí mismo y tomamos el tren a Kioto. Una vez instalados en el hotel no tuvimos tiempo más que para comprar el desayuno de los días siguientes e irnos a cenar a un estupendo izakaya. Como veis, la comida para Gizmo es lo primero.

Como ya hemos explicado en el post sobre datos prácticos del viaje, habíamos comprado un pase “Kansai WIDE Area Pass” de cuatro días consecutivos, que activamos en el trayecto del aeropuerto a Kioto. Para aprovechar este pase al máximo, dedicamos los primeros días de nuestra estancia en Kioto a dos excursiones por los alrededores: Hikone y Nara.

El domingo amaneció lluvioso ¡pero eso no asusta a un Gizmo Viajero! Tras desayunar fruta y cereales en la habitación, estábamos listos para iniciar la conquista del Japón. Un breve paseo hasta la estación de trenes y directos a Hikone.

Hikone es famosa por su castillo, considerado uno de los cuatro más importantes de Japón, y una buena alternativa al de Himeji, en obras de restauración durante nuestra visita.

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Castillo de Hikone

Desde la estación de tren de Hikone es fácil llegar al castillo, menos de 15 minutos andando. En los bajos de la estación hay un pequeño puesto de información turística donde podéis conseguir un mapa de la ciudad y la información que necesitéis.

La construcción del castillo de Hikone comenzó en 1602 y duró veinte años. Lo que lo hace especial es que los edificios que siguen en pie son originales, no una reconstrucción como los de otras ciudades japonesas. Durante el período de la revolución Meiji, la mayoría de los castillos en Japón fueron demolidos, ya que se los consideraba símbolos del sistema feudal, y aunque la demolición del castillo de Hikone llegó a programarse, el emperador Meiji, que visitó la zona, decidió salvarlo.

Si bien las dimensiones del castillo distan de ser enormes, su apariencia resulta majestuosa. A esta majestuosidad contribuye también que el castillo esté situado en lo alto de una colina y que tenga como telón de fondo el lago Biwa.

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Vista de Hikone y el lago desde el castillo

Llamamos castillo a todo el conjunto de construcciones, murallas, puertas y fosos, pero lo que llama la atención y corona el conjunto es la torre del homenaje, magnífica con sus tres niveles. Como en un eventual ataque sería el objetivo principal, su estructura es inexpugnable. El exterior está decorado con frontones de varios estilos, ornamentos de oro y ventanas en forma de campana. Dos bestias doradas se encuentran a ambos lados de la azotea, se cree que para proteger el edificio de los incendios. En contraste, el interior, al ser inhabitable, no está decorado, pero tranquilos, que puede visitarse.

Desde el castillo se puede bajar al jardín Genkyu-en por un camino a lo largo del cual tuvimos la oportunidad de “disfrutar” del ruido de los insectos de Hikone. Y es que, lo creáis o no, los japoneses hacen rankings de todo y el “canto de los insectos de Hikone” está considerado uno de los 100 sonidos más bellos de Japón.

Genkyu-en es el antiguo jardín de un señor feudal, diseñado a imagen de los jardines imperiales chinos, y realmente permite vivir el ambiente de los jardines del período Edo. Tal vez por ser nuestra primera experiencia de un auténtico jardín japonés o por el día gris y lluvioso que le daba a todo una aspecto exuberante (y resbaladizo), lo cierto es que el resultado fue genial; además, las vistas del castillo desde este lugar son maravillosas.

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Genkyu-en

Visitados el castillo y el jardín, dimos una vuelta por el pueblo, básicamente por la llamada calle del castillo, que nos habían recomendado por sus locales y tiendas, pero que nos pareció prescindible. Paramos a tomar un café y algo de comer pero el pastelillo resultó insípido y el café, venenoso.

Desde Hikone, tomamos otro tren hasta la cercana población de Nagahama, a donde fuimos a comer, atraídos por una ciudad que la Lonely Planet califica de “asombrosa belleza”. La verdad, creemos que el redactor se dejó llevar un poco demasiado por el entusiasmo. Nos pareció totalmente prescindible a no ser que uno sea fanático de los objetos de vidrio o esté buscando un recuerdo para la repisa de su abuela. Eso sí, la comida en Nagahama fue toda una experiencia sonora, pero mejor que es lo explique Gizmo.

Tras huir de Nagahama decidimos aprovechar lo que quedaba de tarde en Kioto para visitar el templo Toji al sudoeste de la estación central de trenes, y al que se puede llegar caminando desde ella. También vale la pena darse una vuelta por las pasarelas elevadas, miradores y terrazas de la estación. De estos lugares hablaremos en los post dedicados a Kioto.

Conclusión de la jornada: vale la pena dedicar una mañana a Hikone para visitar exclusivamente el castillo y el jardín. El resto del día, mejor dedicarlo a Kioto.

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Genkyu-en

DÍA 2: NARA Y FUSHIMI-INARI

Segundo día de viaje. Por una vez, y sin que sirva de precedente, no daba palo madrugar un lunes. De nuevo, directos a la estación y hacia Nara, en un tren cargado de escolares. Una pequeña pausa en el café (venenoso) de la estación de Nara y a explorar. No había muchos turistas.

Nara, a 42 kilómetros al sur de Kioto, fue la capital de Japón entre el 710 y 784, una época de esplendor artístico y cuando se extendió el budismo en la sociedad japonesa, apoyado por los sucesivos emperadores.

Los principales lugares de interés se encuentran dentro del parque de Nara, al que se llega caminando desde la estación de tren, y que es más conocido como “El Parque de los Ciervos”, ya que acoge cerca de 1.200 ciervos en semi-libertad, que tienen el estatus de “tesoros nacionales”, y a los que se puede alimentar con galletas especiales.

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Los ciervos de Nara

De todo este complejo, el templo Todaiji es el más impresionante. Se accede por una imponente puerta custodiada por las maravillosas estatuas de madera de dos fieros guardianes, a los que Gizmo intenta imitar poniendo cara de fiero él también, aunque sólo consigue estar más adorable. El edificio principal, llamado Daibutsu-den, es la estructura de madera más grande del mundo, y eso que se reconstruyó en 1700, después de un incendio, a una escala dos terceras partes del original. Su interior alberga la estatua de bronce del Gran Buda, de 16 metros de altura. Como veis, todo muy grande.

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Daibutsu-den
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Gran Buda del Daibutsu-den
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Nigatsu-do

Al salir de Todaiji vale la pena acercarse al Nigatsu-do, un pabellón del Templo, cuya terraza ofrece unas vistas maravillosas de la ciudad. Un rincón tranquilo y donde todavía puede respirarse algo de la religiosidad de Nara.

Un apunte para los aficionados a las vistas: cuando ya habíamos salido del parque, un anciano nos detuvo para preguntarnos de dónde éramos, qué nos parecía Japón, etc. Nos contó que la azotea del Museo Nacional de Nara tiene las mejores vistas de la ciudad, creemos que porque deben abarcar el Todaiji. Nosotros habíamos salido ya del parque y buscábamos un sitio para comer, así que no lo comprobamos , pero si alguien se anima…

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Nigatsu-do
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Vista de Nara desde el Nigatsu-do

El segundo lugar más memorable de Nara en nuestra opinión es el santuario sintoísta Kasuga, fundado en 768. Los edificios lacados en bermellón contrastan con el bosque circundante, que tiene carácter sagrado y que también vale la pena recorrer. Las paredes del santuario están cubiertas por 1.800 linternas de piedra y de los aleros de las salas cuelgan un millar de lámparas metálicas. Un sitio lleno de belleza y misterio, sagrado de verdad.

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Santuario Kasuga
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Bosque alrededor del santuario Kasuga
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Santuario Kasuga

El templo Kofukuji, nuestra última visita dentro del parque, fue fundado en el año 710 y llegó a contar con hasta 175 edificios, muchos de ellos destruidos por incendios. Los más famosos que aún hoy perduran son las dos pagodas de cinco y tres pisos, de 1426 y 1143, respectivamente. Aquí tuvo lugar nuestra primera entrevista (y a lo largo del viaje nos hicieron unas cuantas más). Si os rodea un grupo de escolares japoneses armados de papel, boli y cámara de fotos, no entréis en pánico. Están practicando inglés y, según lo empanados que vayan, os harán una serie de preguntas con más o menos gracia. ¡A Gizmo Quilombo le encantó que le preguntaran cosas y poder soltarse un poco el rollo! (pensad que en el fondo es argentino).

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Fuera del parque, decidimos acercarnos al templo Gangoji, que fue el primer templo budista en Japón, fundado en el siglo VI, y que también está considerado patrimonio de la UNESCO. Por supuesto, es interesante, aunque ni de lejos como los lugares dentro del parque de que hemos hablado, y nos pareció que no pasa nada si no se visita.

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Gangoji
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Fushimi-Inari

Después de comer, tomamos el tren de vuelta a Kioto, parando en Fushimi-Inari. El santuario está justo delante de la estación de trenes.

Fushimi-Inari es uno de los santuarios sintoístas más famosos del país y tal vez la fotografía típica de todo el que visita Kioto (con permiso del pabellón dorado). Consiste en una sucesión de innumerables torii (pórticos), regaladas por los fieles y que que serpentea por la montaña formando un túnel de 4 kilómetros de largo. Visitamos Fushimni-Inari a última hora de la tarde, cuando la luz empezaba a menguar, y fue algo mágico. Allí, como en Kasuga, comprobamos que la fusión de los santuarios sintoístas con la naturaleza es algo muy especial.

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Fushimi-Inari

Conclusión de la jornada: Levantarse temprano para visitar el conjunto de edificios del Parque de Nara y terminar la jornada recorriendo los túneles de toriis de Fushimi-Inari es una de las cumbres del viaje a Japón. Imprescindible.

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Fushimi-Inari
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Fushimi-Inari
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Vista de Kioto desde el Fushimi-Inari

GIZMO TE CUENTA

El primer sitio al que me llevaron de visita en Japón fue un castillo, el de Hikone. Un país en el que lo primero que visitas es un castillo, que además está en lo alto de una colina, y en el que puedo jugar a “Gizmo-señor feudal”, ¡se convierte inmediatamente en un país favorito de los gizmos! Lo malo es que llovía mucho y casi no pude hacerme fotos… ¡con la humedad se me riza el pelo y parezco Gizmo-afro!

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Castillo de Hikone

Ese mismo día, en nuestra primera comida en Japón, me reí mucho: descubrí que los japoneses hacen un ruido tremendo al sorber los fideos, casi parece que compitan entre ellos por ver quién hace más ruido. Viejos, jóvenes, hombres, mujeres… aquello era un festival del sorber. ¡Es una costumbre que me encantó! La comida sabe mucho más rica así, y no entiendo por qué los papas no me han dejado exportar esta costumbre a la atalaya… SSGGRRUUSSGGRRUUGGRR…

Al día siguiente visitamos Nara. El templo de madera y la estatua del Gran Buda me gustaron mucho pero había leído que quien logra pasar por una de las columna del templo, que tiene un agujero en la base, alcanza la iluminación, y estaba nervioso porque no sabía si superaría la prueba.

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A punto de alcanzar la iluminación

El agujero de la columna tiene el mismo tamaño que el agujero de la nariz de Buda, y aunque no me hacía gracia sentirme como un moco, me enfrenté a la prueba… ¡y la superé! Bueno, yo y algún que otro asiático un pelín escuchimizado. La iluminación me ha hecho darme cuenta de algunas cosas importantes de verdad, entre ellas, ¡que no hay nada mejor que el chocolate!

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Santuario Kasuga
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Los traicioneros ciervos de Nara

A los Gizmos Viajeros nos gustan muchos los animalitos, así que voy a hablar de los ciervos de Nara… ¡son unos bichos malos y asquerosos! No sólo comen unas galletas apestosas que ni un Gizmo hambriento las querría sino que atacaron al papa Carlos y ¡le mordieron el culete! ¡Los declaro, desde ya, enemigos de los Gizmos, al mismo nivel que las ratardillas de Central Park y Mickey Mouse! Que se preparen, no habrá piedad…

Acabamos la segunda excursión caminando por Fushimi-Inari, un sitio precioso, pero todavía no entiendo por qué las puertas no daban a ningún sitio…. ¡menudo misterio!

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Fushimi-Inari

GIZMO VALORA

gizmo gizmo gizmo Fushimi-Inari
gizmo gizmo gizmo Parque de Nara
gizmo gizmo Castillo de Hikone y jardín
gizmo Otros lugares de Nara fuera del parque
Gremlins Otros lugares de Hikone al margen del Castillo y el jardín
Gremlins Nagahama