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El Pabellón Plateado

Kioto fue la capital de Japón durante más de mil años y, a lo largo de este tiempo, aquí alcanzaron su esplendor las artes, la cultura, la religión o las ideas. Aunque la ciudad moderna no es bonita, sus monumentos y lugares históricos hacen que, para nosotros, sea la Roma de Asia.

Ya hemos explicado en anteriores post que pasamos 6 noches en Kioto, y que dedicamos 3 días enteros a la ciudad y 2 días a excursiones en los alrededores que también nos permitieron, de regreso, visitar algún sitio.

El primer día que dedicamos por completo a Kioto nos centramos en Higashiyama, la parte oriental de la ciudad, llamada así por la montaña sobre la que se apoya. Recorrimos a pie la zona entre Ginkaku-ji (Pabellón Plateado) y Kiyomizu-dera. Hay que tener en cuenta que los templos cierran a las 5 de la tarde, por lo que si se quiere visitar la zona en un único día, a no ser que se vaya a la velocidad del rayo, se tendrán que “sacrificar” algunos de los sitios que aparecen en las guías. Nosotros visitamos, en total, 7 templos y santuarios, sin agobios y con calma.

Tomamos un único autobús en la estación de trenes para llegar al comienzo de la ruta, el Pabellón Plateado. Desde allí, el resto de la visitas y la vuelta al hotel, las hicimos a pie.

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Dos imágenes del Pabellón Plateado

Ginkaku-ji, el Pabellón Plateado, fue construido a finales de 1400 para servir de villa a un shogun, que quiso cubrirlo con hojas de plata, deseo que no se cumplió. Tras su muerte, se transformó en un templo zen. El sitio es precioso, sobre todo por las vistas del conjunto desde el jardín paisajístico, pero vale la pena madrugar y llegar lo antes posible: el jardín cuenta con un único camino, que sube por la ladera de la montaña, y que además es estrecho, con lo que suponemos que en hora punta las aglomeraciones pueden llegar a arruinar la visita.

Al salir del Pabellón Plateado, se puede continuar recorriendo el norte de Higashiyama por el Sendero del Filósofo, un agradable paseo que transcurre junto al antiguo canal. En desvíos del camino principal (bien señalizados) visitamos Honen-in y Eikan-do. El primero es un templo oculto entre los árboles que desprende una atmósfera de serenidad y misterio que nos encantó. En el segundo nos gustó su estructura a base de pasarelas que unen las diferentes salas, y también subir la escalera de la ladera de la montaña hasta la pagoda, que ofrece buenas vistas de esa parte de la ciudad.

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Nanzen-ji
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Puerta Sammon en Nanzen-ji

Siguiendo hacia el sur, llegamos a Nanzen-ji, un impresionante conjunto de edificio y jardines conocido por su gran puerta Sammon, a donde no subimos pues imaginamos que las vistas serían similares a las de Eikan-do. Lo mejor fueron las maravillosas pinturas de las puertas correderas del edificio principal y el jardín zen de piedras y arena blanca. Detrás del edificio principal, si se sigue el camino paralelo al acueducto, se llega a una cascada en la montaña. Al igual que Honen-in, vale la pena por la paz y el misterio que transmite el lugar. Nanzen-ji fue el primer templo de la escuela zen rinzai que visitamos y, la verdad, lo preferimos a otros más renombrados. Si vais al baño en el templo, intentad no olvidar la cámara  fotográfica en la repisa, como nos pasó a nosotros. Aunque si lo hacéis, comprobaréis la honestidad y la eficacia de los japoneses: diez minutos después de haberla extraviado, nos llamaron por teléfono para devolvérnosla.

Para entonces, el hambre apretaba, así que buscamos un lugar para comer, pasando de largo el Museo Municipal de Kioto y el Museo Nacional de Arte Moderno… tal vez en la próxima visita.

¡Tranquilos! Sabemos lo importante que es la comida en el mundo de los Gizmos Viajeros y por eso pensamos dedicar un post exclusivamente a nuestros restaurantes en Kioto.

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Con el estómago lleno, nuestra siguiente parada fue el colorido santuario Heian-jingu, construido a finales de 1800 para conmemorar el 1100 aniversario de la fundación de la capital, y que reproduce a pequeña escala el primer palacio imperial. La entrada a los jardines está en una esquina del complejo, con lo que si ignoramos su existencia, seguramente nos marchemos sin visitarlos. Es imposible imaginar, mientras se está en el santuario, que en la parte de atrás se esconden estos inmensos jardines, con estanque y puente de inspiración china, famosos por sus cerezos en abril. Casi medio quilómetro al sur aparece una enorme torii que en realidad es la puerta principal del santuario.

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Jardín de Heian-jingu o de las zamburguesas

Siempre en la misma dirección, pasamos por delante de los centenarios alcanforeros que custodian la entrada al templo Shoren-in, justo al lado del cual se encuentra el gran y activo templo Chion-in, en obras, por lo que nos lo saltamos (también para evitar la sobre-templorización que puede afectar a los turistas en Kioto). Sí dimos una vuelta por el jardín Maruyama-koen (prescindible) y por Yasaka-jinga, el bullicioso  santuario del barrio de Gion, a donde se acude para la primera visita a un templo en año nuevo. De allí fuimos callejeamos hasta el último punto de este maratón de visitas, Kiyomizu-dera, fundado a finales del siglo VIII y situado a los pies de la colina de Higashiyama.

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Yasaka-jinga

El edificio principal fue reconstruido en 1633 y su terraza de madera, sostenida por 139 enormes pilotes de 15 metros de altura, domina un barranco y ofrece una magnífica panorámica de la ciudad. La verdad es que es uno de los edificas mas especiales de Kioto: jardines entre las faldas de la montaña, una pagoda, fuentes de aguas medicinales… Fue el mejor colofón posible a un día que recordaremos como uno de los más maravillosos de nuestros viajes ¡aunque acabamos extenuados! La belleza de los sitios que visitamos, la variedad de los templos y santuarios, su importancia histórica… todo fue inolvidable.

Bajamos del templo por Chawan-zaka (Calle de la tetera), llena de tiendas de souvenirs que parecían un híbrido entre las tiendas de recuerdos en Las Ramblas de Barcelona y un restaurante chino “Gran Muralla”. Tomamos Gojo-dori y rectos hasta el hotel, eso si, sin saltarnos la merienda de Gizmo: se había portado muy bien y se había ganado un pastelito para él solo y otro para nosotros.

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Dos imágenes de Kiyomizu-dera
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Vistas desde Kiyomizu-dera

GIZMO TE CUENTA

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Eikan-do

Kioto me gustó mucho pero empezó con un engaño: ¡el Pabellón Plateado no tenía plata! Es como si nosotros llamásemos a nuestra casa “Atalaya de Diamantes” porque sí. Menuda crueldad, no se juega con las ansias de un Gizmo por ver cosas brillantes

Tomamos el Sendero del Filósofo, es decir, lo tomaron los Papas mientras yo iba dentro de la mochila descansando o cantando o dirigiendo la expedición… esta vez casi no me dormí.

Hablando de dormir, Honen-in era un sitio super tranquilo, ideal para una siesta de media mañana que no me dejaron hacer Menos mal que después me llevaron a la pagoda de Eikan-do, que podría ser un puesto de observación gízmico ideal.

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¿Dónde estás, Totoro?

En Nanzen-ji tuvimos una experiencia aterradora: ¡el Papa Carlos perdió la cámara de fotos! Casi me da un “papatús” (es como un patatús, pero cuando nos lo provocan los Papas). Respiré tranquilo cuando la recuperamos sana y salva, pero en realidad la pérdida había sido un aviso de la tragedia que estaba por venir…

Después de comer, barriguita feliz, pasamos por debajo de una torii enorme y llegamos junto a dos alcanforemos, también muy grandes. ¡Que emoción! Uno de los japoneses a los que más queremos los Gizmos Viajeros vive en un árbol de estos, pero no lo vi en aquella ocasión. Durante todo el viaje lo busqué… y finalmente conseguí encontrarlo… ¡TOTORO!

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A los Gizmos nos encantan los edificios de colores

Seguimos visitando templos, todos muy chulos. Lo que más me gustó de ellos fue cómo suben por las montañas, por ejemplo, Kiyomizu-dera y su terraza con mogollón de columnas.

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Kiyomizu-dera

Como los Papas ya estaban cansados y los templos habían cerrado, nos volvimos al hotel. Menos mal que me dieron de merendar, porque si no, no habría podido soportar lo que pasó cuando llegamos a la habitación: ¡¡BORRARON MIS FOTOS CUANDO INTENTARON PASARLAS AL ORDENADOR!!

Los Gizmos estamos llenos de amor… pero esto me costará perdonárselo… ¡snif!

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Gizmo y sus amigos japoneses

Aquí os dejamos un mapa de la ruta realizada:

Higashiyama Norte
Norte de Higashiyama
Higashiyama sur
Sur de Higashiyama