Día 7

Llegó el día de comprar los “souvenirs”… Gizmo se apoderó de la tarjeta de crédito.

Siguiendo nuestra política de una compra por viaje, nos dirigimos a la zona de Jimbocho Station, donde se encuentran las tiendas especializadas en estampas japonesas. Tras visitar varias galerías y comprobar que los precios varían desde las decenas a los miles de euros, nos decidimos por un tríptico en impresión original de mediados del siglo XIX con una escena de la “Novela de Genji” en la tienda “Haba Shobo”  ¡El museo Gizmo de Viajes tiene una pieza más!

Los regalos para la familia los compramos en “Japan Traditional Craft Center” donde apoyan la tradición artesanal y te aseguran que los productos están hechos a mano siguiendo técnicas antiguas. Preparaos para rascaros un poco el bolsillo, pero hay cosas muy chulas.

Dejamos las compras en el hotel y salimos a pasear por el parque Ueno. Estos terrenos los ocupaba el templo Kaneiji, ligado al clan Tokugawa durante el período Edo. Aquí, los leales a los Tokugawa intentaron la última y desesperada defensa del sogunato en 1868, en una batalla en la que el templo quedó prácticamente arrasado. En 1873 el nuevo gobierno Meiji convirtió la zona en el primer parque público de Japón al estilo occidental.

IMG_7562En la actualidad, todavía puede visitarse el templo, si bien el pabellón principal procede de otra construcción, y es bastante discreto. De las estructuras originales se conservan dos joyas: la pagoda de cinco pisos y el santuario Toshogu. La entrada de éste último, del siglo XVII, y dedicado al fundador del clan Tokugawa, está flanqueada a ambos lados por cientos de linternas de bronce, regalos de los señores feudales.

El parque alberga numerosos museos, además del zoológico. Nosotros nos centramos en el Museo Nacional, que exhibe la mayor colección de arte japonés del mundo: 110.000 piezas que incluyen esculturas, espadas, lacados, caligrafías y arte budista. Hemos de criticar, eso sí, que en el momento de nuestra visita no se exponía ninguna obra de Hokusai, a pesar de lo que el museo publicita en sus folletos. ¡Sí, queríamos ver “La gran ola de Kanagawa”!

Continuamos nuestro paseo hasta alcanzar el estanque Shinobazu, situado en el extremo sur del parque. Otro recordatorio de la antigua grandeza del templo, y que destaca por la multitud de  flores de loto que cubren su superficie en verano. Desgraciadamente, no estaban en flor cuando lo visitamos.

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Fuera del parque, vale la pena recorrer la galería comercial Ameyoko, un laberinto con 500 tiendas compitiendo en la venta de productos del día a día, desde vegetales a marisco, pasando por calzado y cosméticos, y cuyo ambiente recuerda más a otros mercados asiáticos que a la asepsia de Roppongi Hills y compañía.

IMG_7786Día 8

Recta final de viaje con rumbo hacia el mar, si bien primero tuvimos que tranquilizar un poco a Gizmo: como nadar se les da un poco mal se ponen nerviosos si tiene que ir a una isla.

Y eso es lo que es Odaiba: una isla artificial en la bahía de Tokio. Construida a mediados del siglo XVIII con finalidades defensivas, se expandió durante el XX como distrito portuario y, en las últimas décadas, también se ha desarrollado como centro residencial, de ocio y, cómo no, comercial.

Tomamos el monorraíl en Shinbashi St. hasta Kokusai-tenjijo-Seimon, y decidimos deshacer el camino a pie.

Al salir de la estación, lo primero que destaca es el Tokyo Big Sight, un edificio de diseño futurista usado principalmente como recinto ferial y también para grandes conciertos.

Caminando por la gran avenida desierta llegamos a Palette Town, un complejo de ocio con más de 150 tiendas y restaurantes y, según los promotores, un clásico ambiente italiano. A nosotros nos pareció que la recreación de una “plaza veneciana”, con cielo incluido e iglesia barroca en trampantojo sólo puede calificarse de monumento al kitsch. Una especie de museo de Toyota y una noria del estilo “London Eye” completan el conjunto.

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Gizmo insistió e insistió… Así que allí nos vimos, subidos en la noria de 115 metros, en su momento la más alta del mundo. Puede parecer una tontería, pero las vistas de la ciudad y la bahía son espectaculares y, como el día estaba totalmente despejado, se divisaba el monte Fuji a lo lejos.

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Un robot animado con espectáculo de luces y sonido custodia la entrada a Diver City Tokyo Plaza, otro centro comercial, y el que dice ofrecer la mayor oferta gastronómica de la zona. No esperéis saborear grandes delicias.

El edificio de Fuji Television tiene un interesante diseño arquitectónico y desde su observatorio seguro que se disfruta de vistas increíbles.

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El paseo central acaba en el parque Shiokaze, que atravesamos para descubrir la que debe de ser una de las mejores vistas del skyline de Tokio, con réplica de la estatua de la Libertad incluida. Nos hubiéramos quedado hasta la puesta de sol, pero entonces no habríamos descubierto que aquí hay una de las dos únicas playas abiertas al público de la ciudad ni, sobre todo, habríamos podido cruzar a pie el puente Rainbow, ¡una experiencia también absolutamente recomendable!

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Por si no hubiéramos tenido suficientes vistas maravillosas, decidimos culminar la jornada subiendo a la torre Skytree, una de las más alta del mundo. Al igual que en el primer intento, una vez llegado nuestro turno, fue inevitable tener que sufrir las dos horas de cola de rigor y, por un momento, temimos que no conseguiríamos subir antes de que se hiciera de noche… ¡pero lo conseguimos! Nada más salir del ascensor, apareció ante nosotros a lo lejos la silueta perfecta del monte Fuji, que fue envolviéndose en el anaranjado crepuscular del ocaso mientras a nuestros pies la megalópolis se iluminaba, creando un paisaje único…

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Día 9

Nuestro último día optamos por la ruta a pie por Kagurazaka recomendada por la Lonely Planet (3ª edición en castellano).

La verdad, nos pareció sorprendente que el único circuito de la guía en una ciudad como Tokio sea éste, cuyos lugares de interés son muy menores y que, a lo sumo, puede resultar curioso para el visitante que desee tener una visión de un barrio, en el sentido tradicional del término, tokiota, con sus pequeños bares y restaurantes, santuarios y sus tiendas familiares. No estamos diciendo que no valga la pena, pero sólo si vas a pasar como mínimo una semana en Tokio.

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CONCLUSIONES

La primera impresión de Tokio fue abrumadora: millones de personas (literalmente) en todos lados, ruidos, luces… Al sobreponernos a este choque sensorial y buscar algo más, la ciudad nos decepcionó: los lugares de interés histórico o cultural no podían competir ni de broma con los de Kioto, y todo lo que la ciudad parecía ofrecer eran variantes de un mismo centro comercial. Una vez asumido que Tokio ha sido y es básicamente una ciudad mutante (¡AKIRA!), pudimos disfrutar de los indudables atractivos de esta ciudad única.

Si pudiéramos volver por primera vez a Tokio sabiendo lo que sabemos ahora, le dedicaríamos cuatro días enteros y el resto del tiempo haríamos una excursión de un día a Kamakura y de dos días a Nikko y el monte Fuji…. Y tal vez a Disney.

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GIZMO TE CUENTA

A los Gizmos nos encanta comprar cosas bonitas y los Papas siempre se quejan de que gastamos mucho dinero. Pero esta vez metí en la maleta un dibujo super chulo con muchos colores y gente con trajes divertidos. ¡Misión cumplida!

Al día siguiente, llegamos a una isla donde subí a la noria altísima aunque, por desgracia, Godzilla no emergió de las aguas. Creo que ahora prefiere destruir Honolulu.

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IMG_7818Sí vi un robot gigante con sus luces y su humo. Estaba esperando que lanzara los puños, o que las tetas saliesen propulsadas, pero los Papas me dijeron que eso lo hacía por la tarde, y no tenía ganas de esperar. La verdad, si lo pienso bien, ¡menudo muermo de robot!

IMG_7837Atravesamos un puente larguísimo, con un viento que me azotaba las orejitas. La ciudad vista desde allí era espectacular pero pasé un poco de miedo. Menos mal que el día lo acabamos subiendo a una super atalaya desde donde se veía toda la ciudad con sus luces. Mientras esperaba para llegar a la cima, conseguí hacerme una foto con alguien muy especial, y a quien había buscado durante todo el viaje: ¡TOTORO!

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Se nos acababan las vacaciones, y paseamos por un barrio que no parecía Tokio, sin luces ni ruido… Una ciudad taaaaaan grande tiene de todo. Eso me gustó.

¡Hora de volver a casa, llevando a mis nuevos hermanos y de contarles a los que se quedaron todas mis aventuras!

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GIZMO VALORA

Las cinco experiencias favoritas de Gizmo en Tokio:

· La subasta del atún, desayunar en el mercado de pescado y visitarlo a primera hora.

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· El torneo de sumo en el Ryogoku Kokugikan.

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· Los parques y jardines, en particular Hama-Rikyu Teien, el parque Gyoen y el parque Ueno.

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· Las vistas de la bahía y del skyline de Tokio desde Odaiba.

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· Las torres con observatorios en lo más alto, como Tokio Skytree y Tokio City View.

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Mención especial del papa Carlos: Las tiendas de Akihabara, el sueño de cualquier freaky, y ponerme ciego de sashimi en un restaurante de cinta giratoria por menos de 10 euros.

Mención especial del papa Javi: Los restaurantes en Ueno que descubrimos por recomendación del hotel.

El Gremlin va para: El ambiente nocturno de Shinjuku.