Volamos a Irán con Pegasus Airlines, vía Estambul. A través de la agencia que gestionó los visados, contratamos dos servicios adicionales: los billetes para volar de Teherán a Kerman la misma mañana de la llegada, y un conductor que nos trasladase del aeropuerto internacional al doméstico.

Seguramente pecamos de precavidos porque la verdad es que podríamos haber comprado los billetes a Kerman en el mostrador del aeropuerto: habríamos ahorrado dinero (la comisión de la agencia) y tiempo (salió un vuelo al mismo destino antes que el nuestro). El avión estaba lejos de ir lleno e Iran Air resultó una compañía de muuuuuucha más calidad que Pegasus Airlines, que no nos dio ni un vaso de agua.

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Para los dos días de excursiones por los alrededores de Kerman contratamos un conductor en el mismo hotel.

Este conductor fue el que nos llevó también de Kerman a Yadz. No hicimos este trayecto en autobús porque de camino queríamos pasar por Maymand y por el caravasar Zein-O-Din, lo que con transporte público no era viable. El conductor nos acompañó en nuestra peregrinación por los hoteles de Yadz hasta que dimos con uno con habitaciones disponibles.

Los lugares de interés de Yadz se recorren a pie sin dificultad salvo para llegar al jardín persa y a las torres del silencio. Desde el centro histórico, cualquier taxista que paréis por la calle os ofrecerá un precio por llevaros a las torres, esperaros el tiempo que consideréis (con una hora sólo se puede ascender a una de las torres, a no ser que vayáis a todo gas) y traeros de vuelta.

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De Yadz a Shiraz viajamos en autobús nocturno, clase VIP. Si conseguís que el hotel os reserve los billetes de autobús y podéis ahorraros el desplazamiento a cualquier estación, siempre es mejor, pero si os lo podéis ahorrar a la estación de Yadz en particular, ¡mejor que mejor! Avisados estáis de que la orientación al cliente (al menos al cliente occidental) no es una virtud que abunde entre los empleados y, sobre todo, empleadas de la estación de autobuses de Yadz…

Los autobuses son cómodos, salimos a las 11 de la noche y llegamos a las 5 de la mañana; éramos los únicos turistas. La estación de Shiraz queda cerca de la ciudad y cuenta con un sistema centralizado de asignación de taxis y precios fijos.

En el hotel de Shiraz nos ofrecieron la excursión a Persépolis para el mismo día de la llegada y, la verdad, creemos que fue un buen plan, porque no podíamos acceder a la habitación hasta mediodía y era demasiado temprano para ponerse a deambular por la ciudad.

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De Shiraz a Isfahan volvimos a desplazarnos en autobús nocturno, clase VIP. El autobús nos dejó a una hora intempestiva en un apeadero que parecía impropio de una ciudad de las dimensiones de Isfahan, y que nunca conseguimos ubicar en el mapa. El taxista que nos llevó al hotel se perdió y, cuando finalmente llegamos… ¡nos exigió un plus respecto del precio que habíamos pactado! ¿Es ésa la tan cacareada honorabilidad iraní? A nosotros este percance nos pasó un par de veces en Irán…

En Isfahán tomamos varios taxis, entre otros, para ir al barrio armenio y a los puentes; también algunas noches, para volver a nuestro hotel, que estaba en la zona de la mezquita del viernes. Los taxistas de Isfahán no son muy espabilados, y en más de una ocasión tuvimos que indicarles el camino a seguir.

A través de nuestro hotel, contratamos el taxi a las visitas absolutamente prescindibles del templo del fuego y la torre del viento de los alrededores.

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También a través del hotel contratamos el traslado a Kashan. Aquí vivimos la situación más surrealista de todas, y es que, a pesar de que en recepción nos habían previamente indicado un precio por el trayecto, cuando lo confirmamos con el taxista antes de salir “por si acaso”, de pronto no le pareció bien. Quería cobrar según taxímetro, y no pactar un precio. Intentamos negociar en balde, nos negamos a aceptar el taxímetro, nos fuimos con las maletas a buscar un taxi a la calle, nos hicimos los ofendidos cuando el taxista volvió y se ofreció a llevarnos por el precio inicial, lor rechazamos por impresentable, volvimos al hotel y esperamos a que enviaran otro taxista… ¡2 horas perdidas en total!

La razón por la que optamos por desplazarnos en coche a Kashan fue porque en ruta queríamos visitar Abyaneh.

En Kashan sólo es necesario tomar un taxi para visitar el jardín persa, que queda bastante en las afueras. Vale la pena pedirle al taxista que espere durante la visita ya que, aunque se trata del jardín persa más renombrado de todo el país, y la principal atracción turística de la ciudad junto con las casas tradicionales, no creáis que habrá una fila de taxis esperando a la salida. Nosotros empezamos a caminar rumbo al centro y pasaron veinte minutos antes de que parara un taxi compartido al que pudimos subir.

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De Kashan a Teherán volvimos a coger un autobús, que nos dejó en la estación sur de la capital, donde no quedó otra que negociar directamente con todo un corrillo de taxistas el traslado al hotel.

Teherán es con diferencia la ciudad con el peor tráfico en que hemos estado… Pensad que cualquier desplazamiento no va a durar menos de una hora, ¡la ciudad no se acaba nunca! Por tanto, es importante pactar el precio con el taxista antes de subirse al coche.

En Teherán, a la salida de la residencia del último sha, en la zona norte, nos fiamos de un “espontáneo” que se ofreció a acercarnos a la estación de metro. Cuando quisimos pagarle un precio equivalente al que estábamos pagando en taxi, ¡nos dijo que le parecía poco! Nos lo tenemos merecido, pero al menos el tío nos recomendó un restaurante donde comimos bien, así que suponemos que no hay mal que por bien no venga…

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