Apunte gízmico previo:

¡Los Papas son un desastre! Como buenos Gizmos Viajeros que somos, desde el mes de abril hemos vivido ya un montón de nuevas aventuras: jugado con los pandas en China, escalado el Everest para conocer al Yeti, reído de las barbas de los hipsters en Williamsburg, surfeado en California…. ¡incluso hemos vuelto a Asia central, esta vez a Georgia! Y ellos aún no han explicado a fondo nuestro viaje por Irán. Les vamos a meter mucha caña para que se pongan a escribir. Ahora seguimos con Kermán y sus alrededores.

DSCN1077Como ya hemos comentado en la sección dedicada al itinerario, Kermán, ciudad más importante del sudeste de Irán, fue un punto de partida inmejorable para el viaje.

En primer lugar, se trata de una ciudad relajada, que enseguida nos hizo sentir cómodos en el país.

Empezar aquí también consigue que el interés del viaje vaya in crescendo. Seguramente, después se visite Yadz, a continuación, Shiraz, luego, Isfahán (vale, nos saltamos Teherán…), cada ciudad más monumental y relevante desde el punto de vista histórico que la anterior. Hacer el trayecto a la inversa, creemos que quizás resulte anticlimático.

Pero que nadie piense que Kermán carece de interés… ¡al contrario! Tanto la ciudad como los alrededores permiten pasar tres o cuatro días bien entretenidos.

Tras un viaje con varios aviones y pocas horas de sueño, llegamos a Kermán. Taxi desde el aeropuerto, check in en el hotel y ya estábamos listos para empezar nuestra conquista de Persia, con un Gizmo en la mochila que no cesaba de gritar “Alfombra voladora, alfrombra voladora” hasta que, cuando llegó la hora de comer, cambió a “Kebab, kebab”.

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Torre del viento

De camino a la ciudad antigua (fue la única vez que cubrimos los 2 kilómetros de distancia entre el hotel y el bazar a pie, el resto de veces tomamos un taxi), visitamos dos edificios interesantes, pero no imprescindibles.

El primero, el Yakhchal Moayedi, una estructura cónica de adobe de la era safávida que se utilizaba como almacén de hielo. Puede visitarse el interior. A lo largo de nuestro viaje, encontramos otros almacenes de hielo, algunas mucho más grandes y espectaculares. No deja de ser interesante su funcionamiento: durante los meses de invierno se vertía agua en las “piscinas” poco profundas en el exterior del edificio y, cada mañana, se recogía el hielo y se guardaba bajo llave en el interior del edificio hasta la llegada del verano. En algunos de estos edificios también se pueden observar hornacinas en las paredes, donde se conservaban alimentos.

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Almacén de hielo

Muy cerca, se encuentra la Biblioteca Nacional, un edificio del período qajar originariamente destinado a factoría textil. No nos dejaron visitar el interior.

Desde allí, con Gizmo quejándose del hambre que tenía, pusimos rumbo al bazar.

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Entrada del bazar

Una de las razones más importantes en la fundación y desarrollo de Kermán fue su ubicación como encrucijada: desde el siglo VIII, la ciudad fue un importante núcleo comercial, que enlazaba el golfo pérsico con Jorasán y Asia Central. Cuando el comercio se desplazó hacia el mar en el siglo XVI, Kermán se reconvirtió a la fabricación de alfombras, un sector aún hoy importante para su economía.

DSCN1204Es decir, la razón de la continuidad histórica de Kermán ha sido el comercio, y nada lo ejemplifica mejor que su bazar, uno de los más antiguos y populares de Irán. Es, sin duda, el principal lugar de interés de la ciudad y, si bien a lo largo del viaje pudimos visitar numerosos bazares, en el recuerdo, el de Kermán nos parece uno de los más entrañables y encantadores.

Conseguimos acallar a Gizmo en el restaurante “Ganjali Khan”, situado en un subterráneo de la plaza que da entrada al bazar. No es un lugar “bonito” y el personal resulta más bien hosco, pero la comida es aceptable e increíblemente barata.

El mejor momento para visitar cualquier bazar es por la mañana o a última hora de la tarde, cuando se halla en plena actividad comercial. Aunque si uno recorre el bazar de Kermán a primera hora de la tarde, cuando la mayoría de tiendas están cerradas, se dará cuenta de que este ambiente somnoliento y casi “fantasmagórico” encaja bien con el carácter de esta capital de provincia.

Empezando en la plaza Tohid, se puede recorrer la arteria principal del bazar en una línea recta de poco más de un kilómetro hasta la plaza Shohada, pero vale la pena perderse por los callejones y descubrir los diferentes “bazares” que lo componen y toda la serie de edificios que se esconden en su interior.

¡Atención! Estamos utilizando “bazar” y “bazares” tanto para designar la estructura principal como las diferentes secciones que lo integran. En realizad, todos los bazares que visitamos los componían tramos de épocas diversas que, en muchos casos, además servían para dividirlos en “especialidades”; así, dentro de un bazar encontramos el “el bazar de los joyeros” o el “bazar de las alfombras”.

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Plaza Ganj Ali Khan

El primer tramo, es el bazar cubierto del siglo XVII, que pronto se abre a la plaza Ganj Ali Khan. En la mayoría de bazares, la entrada sería desde esta plaza, pero en Kermán, esta gran plaza está dentro e integrada en el bazar. De hecho, el bazar de Kermán es el único en Irán que cuenta con una plaza descubierta en el cruce de dos bazares techados. Es una de las razones que hacen que este bazar sea especial y esté propuesto para convertirse en patrimonio de la Humanidad.

Esta hermosa plaza constituye un buen símbolo de la mentalidad social durante la dinastía safávida, ya que contiene sus valores a pequeña escala: hammam, mezquita, caravasar; todo construido con las más sofisticadas técnicas de la época.

No hay que perderse la fachada del hammam, adornada con maravillosos frescos, ni el interior restaurado y transformado en museo (¡figuras de cera incluidas!).

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Hammam

Si, como nosotros, creíais que el Islam no permitía la representación figurativa (si habéis leído “Me llamo Rojo”, de Pamuk, recordaréis que allí se montaba un cisco por pintar un caballo), os llevaréis una sorpresa con las pinturas y frescos iranís.

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Frescos de la entrada del hammam

DSCN1086En el extremo norte de la plaza se halla la mezquita y, cerca, el caravasar, también restaurado recientemente y ocupado por tiendas.

Continuamos por el bazar principal, y llegamos a la magnífica casa de té subterránea situada en un antiguo hammam (Hamam-e Vakil Chaykhaneh) de principios del siglo XIX: una opción inmejorable para pasar la tarde, bebiendo té, comiendo dulces o helado y fumando una pipa de agua, mientras escuchamos música en directo junto a un público variopinto de locales y turistas. Ver a Gizmo Samurai con su narguile fue todo un espectáculo.

El bazar cubierto acaba medio kilómetro más adelante; entonces, empieza el bazar al aire libre, con puestos de frutas y verduras.

Desde este punto se pueden visitar tanto la cercana mezquita del Viernes, restaurada y con una torre del reloj en lugar de minarete, pero sin demasiado interés; y también el mausoleo Moshtari-ye Moshtaq Ali Shah, al que no pudimos entrar, pero cuya cúpula de azulejos pudimos ver desde el exterior.

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La torre del reloj de la mezquita del Viernes

Tanto la mezquita como el mausoleo, comparados con otros que vimos en destinos sucesivos, son bien modestos, pero, al ser los primeros de nuestro viaje, nos encandilaron. De ahí la importancia de la decisión de por dónde empezar el recorrido.

Otros lugares de interés en Kermán son la mezquita del Iman, que data de los primeros tiempos del Islam, pero que está totalmente restaurada, y a la que también se puede llegar a pie desde el bazar descubierto; y Gonbad-e Jabaliye, una estructura de piedra (y no de ladrillo o adobe) que no se sabe si fue observatorio o tumba y a la que, al estar en un extremo de la ciudad y tener un interés relativo, sólo recomendamos acercarse si se dispone de coche y tiempo de sobras.

En resumen, Kermán puede visitarse en un día y servir de base para las excursiones por los alrededores.

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Gonbad-e Jabaliye

GIZMO TE CUENTA

Después de días atravesando los desiertos, la caravana de camellos llegó a Kermán. Descargamos las mercancías en el caravasar y fui directo al hamam, para asearme y que me masejearan las orejitas. Allí entablé conversación con un comerciante veneciano, un tal Marco Polo, y le conté las aventuras de mis viajes. Muchos años después me enteré que se hizo famoso escribiendo un libro sobre lo que yo le expliqué aquella noche, como si lo hubiera vivido él. ¡Menudo tío cara dura! Menos mal que los Gizmos no somos rencorosos…

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Mezquita de la plaza Ganj Ali Khan

DSCN1208Cuando supe que el siguiente destino de la caravana era la India, un escalofrío me recorrió el cuerpo y se me pusieron los pelos de punta: la India es uno de los lugares menos Gizmo-friendly de todos en los que había estado, y no me apetecía volver.

Así que decidí probar suerte en Kermán. A la mañana siguiente, llevé mi mercancía al bazar… ¡y triunfé como la coca-cola!

Los persas no conocían el chocolate, y sus vidas no volvieron a ser las mismas después de este descubrimiento. De hecho, la llamada “era del chocolate” de Kermán fue un período de alegría, prosperidad y estabilidad.

Los Gizmos siempre hemos pensado que merecemos el premio Nobel de la Paz… [continuará]