Kermán es la base de operaciones ideal para dos de las mejores excursiones que hicimos durante nuestro viaje, que incluyeron castillos y jardines, montañas nevadas y el desierto.

Ambas excursiones las organizamos a través del Hotel Akhavan en Kermán.

EXCURSIÓN RAYEN – BAM

Rayen y Bam son las dos principales construcciones de adobe (mezcla de arena y/o barro con paja, y secada al sol) de Irán. Salimos temprano, visitamos los dos sitios, comimos en Bam en el Hotel Bam Azadi (nosotros solos, una comida normalita, por no decir insulsa) y, a las cinco de la tarde, ya estábamos de vuelta en Kermán, hora ideal para llevar a Gizmo al bazar a tomar té y dulces.

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Las carreteras están en buen estado, pero la cantidad de camiones y la conducción temeraria de los iranís hacen que uno esté en tensión permanente.

Ya os adelantamos, en el post dedicado al itinerario, que tenemos cierta discusión sobre si vale o no la pena realizar esta excursión completa. Vamos a explicarlo.

Bam fue siempre la joya histórico-arqueológica en Irán junto a Persépolis, en detrimento de Rayen y otras construcciones similares pero de menor tamaño e importancia. Con la casi completa destrucción de Bam por culpa del terremoto de 2003, Rayen se ha consolidado como alternativa: está mucho más cerca de Kermán (100 kilómetros al sur) y su estado de conservación es mejor, especialmente su castillo o ciudadela.

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Se cree que Rayen fue fundada hace unos 1000 años, si bien la fecha es incierta. El castillo fue habitado hasta hace 150 años. Teniendo en cuenta su antigüedad y los desastres naturales que han asolado la región, y que han acabado con estructuras similares, lo cierto es que está muy bien preservado. La restauración se inició en 1996.

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Al llegar a Rayen, lo primero es enfrentarse a su impresionante muralla exterior, con una estructura almenada en la parte superior, y de casi tres metros de grosor en la base.

Como nunca ningún muro ha detenido a un Gizmo Viajero, el nuestro ya se disponía a escalarlo, cuando encontramos la puerta y conseguimos convencerlo de utilizarla.

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Accedimos a la ciudad a través del bazar cubierto. No se necesitan más de un par de horas para la visita completa, y el recorrido es bastante simple. La parte más interesante es la ciudadela del gobernador, que incluye sus estancias privadas y oficiales, una serie de habitaciones alrededor de una conjunto de patios, y a cuyo techo se puede acceder y disfrutar de las vistas. Del resto de edificios sólo quedan ruinas y, en muchos de ellos, es difícil imaginar la estructura completa.

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En resumen, el típico lugar donde hay que vigilar que Gizmo no salga corriendo para explorar por su cuenta y nos haga perder un buen rato buscándolo.

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De Rayen a Bam hay 100 kilómetros más. Es lo más cerca que hemos estado tanto de Afganistán como de Pakistán, es decir, de protagonizar casi todas las temporadas de “Homeland” a la vez. Esta cercanía resultaba un poco inquietante, más cuando viajamos los dos solos con la única compañía del conductor por, según la guía, la carretera que se usa para transportar la droga de Afganistán a Turquía. Por suerte, no tuvimos ningún percance en este sentido (hay diversos controles policiales desde/a Kermán), lo que nos permitió concentrar toda nuestra preocupación en la manera temeraria de conducir de los iraníes, ¡que no es poco!

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La ciudad fortificada de Bam está considerada el ejemplo más extraordinario de conjunto arquitectónico de adobe. Sus orígenes se remontan al periodo aqueménida (siglos VI al IV a.C.), si bien su máximo esplendor fue entre los siglos VII y XI d.C., gracias a su situación en una encrucijada de rutas comerciales, y a su reputación como productora de tejidos de seda y algodón.

Bam se ubica en un oasis, así que sabremos que estamos llegando cuando poco a poco el desierto ceda paso a lo verde, y su existencia se ha basado en el uso de canales de agua subterráneos, los qanāts, sobre los que más adelante, en Yadz, tuvimos ocasión de conocer mucho más.

La ciudadela, que alberga las estancias del gobernador y el área residencial fortificada, constituye el centro de un paisaje que incluye otros fuertes y ciudadelas, ahora en ruinas.

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Las estancias del gobernador están situadas en una colina rocosa en la sección norte del recinto, rodeadas por un doble muro. En el momento de la visita, pudimos penetrar el muro y ascender la colina, pero estas estancias estaban cerradas al público, así que tuvimos que conformamos con visitar el patio de la guardia.

La zona residencial ocupa la sección sur, e incluye el bazar, restaurado, y diversas mezquitas, como la de la Congregación, una de las más antiguas de Irán.

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Actualmente, cuando la reconstrucción de Bam está al 15 por cierto de lo que fue, su visita puede parecer inútil. Uno de los dos opina que, si habéis llegado hasta Kermán, vale la pena recorrer los poco más de 100 kilómetros de Rayen a Bam: el sitio es sobrecogedor y, aun en ruinas, con un mínimo esfuerzo, uno puede evocar y admirar su majestuosidad y dimensiones.

El otro cree que, visto Rayen, Bam supone una pérdida de tiempo por el estado en que se encuentra después del terremoto.

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EXCURSIÓN MAHAN – KALUTS

El día siguiente, visitamos Mahan y el desierto de los Kaluts. Si se opta por este combinado, hay que prever que se volverá a Kermán de noche.

Ésta es una de nuestras excursiones favoritas, y no sólo por la bien que se lo pasó Gizmo en el desierto.

Dos son los lugares de interés en la ciudad de Mahan: un mausoleo y un jardín.

Nuestra primera parada fue en el mausoleo de Shah Nematollah Vali, un místico y poeta iraní del siglo XV. El santuario se construyó en 1436, poco después de su muerte y, a lo largo de los siglos, fue ampliado y embellecido por los sucesivos gobernantes, sobre todo, Shah Abbas I, que añadió la cúpula con azulejos turquesa.

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El santuario incluye cuatro patios, un estanque, una mezquita y dos minaretes gemelos, enteramente recubiertos con azulejos de color turquesa.

Si se compara con otros edificios religiosos de Irán, tal vez no destaque de manera extraordinaria, pero el ambiente tranquilo, la serenidad de los patios y sus fuentes, y la imagen de los minaretes y la cúpula recortada sobre un fondo de montañas nevadas lo hacen especial, sin duda.

¡Es imprescindible subir al tejado y ver la cúpula de cerca! Buscad al guarda y pagad la entrada. Gizmo quedó encantado con los colores de los azulejos y pensando ya en añadir una cúpula a su atalaya en casa…

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La siguiente parada fue un jardín en el desierto… y eso que nosotros pensábamos que los españoles éramos los únicos a los que les daba por construir campos de golf en mitad de un secarral. A las afueras de Mahan, se encuentra otra de las joyas de Irán, los jardines Bagh-e Shahzadeh. Una imagen aérea del sitio ayudará a hacerse una idea de lo extraño de su existencia: el pre desierto queda de pronto interrumpido por un recinto amurallado rectangular dentro del cual abunda el agua y la vegetación es exuberante.

IMG_8505Este jardín es uno de los nueve jardines persas considerados patrimonio de la Humanidad, que, en conjunto, ejemplifican la diversidad del arte paisajístico persa, símbolo del Edén y de los elementos zoroástricos, y que supo evolucionar y adaptarse a condiciones climáticas diversas, conservando sus principios fundamentales. A lo largo del viaje pudimos visitar varios de estos jardines, y comprobamos que su denominador común es la omnipresencia del agua, tanto para la irrigación como para la ornamentación. Todos y cada uno de estos jardines fueron especiales y, en conjunto, son sin duda uno de nuestros sitios favoritos de Irán.

En resumen, una verdadera sorpresa teniendo en cuenta lo hostil del entorno en muchas ocasiones, y que nos habla del espíritu de supervivencia y superación del pueblo iraní, y nos ayuda a conocer una Persia hedonista muy alejada del régimen actual.

En concreto, los jardines de Bagh-e Shahzadeh responden a un plano rectangular, con la puerta de acceso en el extremo inferior del conjunto y, en el extremo opuesto, un pequeño palacio de dos plantas que en el pasado fue la residencia de un príncipe qajar. Entre ambos se dispone una serie de paseos sombreados y fuentes en terrazas.

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Pensad en la carita de Gizmo cuando, después de una mañana de paisaje árido, se encontró de pronto rodeado de flores y agua. Estaba entusiasmado, especialmente con la idea de bajar  las fuentes practicando rafting pero, como sus Papas son unos sosos, tuvo que contentarse con remojarse los piececitos.

Después de comer en Mahan (recomendados por el conductor y estupendamente… pero no recordamos el nombre), pusimos rumbo al desierto de los Kaluts.

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La carretera que cubre los 170 kilómetros de distancia es bastante más atractiva que la que conduce a Bam (que básicamente era plano, plano, seco, seco). Primero, porque hay que atravesar las montañas, de manera figurada, cruzando algún puerto de montaña y, de manera literal, a través de más de un túnel, y en el trayecto se asiste a una variedad de paisajes inesperada (nunca pensamos que para llegar al desierto en Irán veríamos nieve). Segundo, por la posibilidad de detenerse en ruta en algunos oasis y lugares de interés, como el caravasar abandonado de Shafi Abad.

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IMG_8589Los Kaluts son un desierto de 145 kilómetros de largo por 80 de ancho en el que destacan lo que se ha descrito como “castillos de arena”: una colección de rocas y estructuras de barro esculpidas a lo largo de siglos por la erosión del viento. El resultado es espectacular y misterioso, una especie de Marte iraní; así que ahora podéis entender por qué el Ben Affleck de “Argo” utilizaba como excusa la búsqueda de localizaciones para una película de ciencia-ficción.

Según algunos blogs y las guías, los aventureros pueden acampar y pasar la noche bajo las estrellas, pero cuando nosotros estuvimos allí, nadie lo recomendaba. Una turista francesa a la que habíamos visto en nuestro hotel en Kermán, y que fue la única persona con las que coincidimos en los Kaluts, estaba empeñada en hacerlo, para desesperación de su conductor, que trataba en vano de convencerla de los peligros. La chica firmó un documento eximiendo de responsabilidad al conductor y se quedó sola.

Hay que admitir que una de las cosas que hizo los Kaluts tan especiales para nosotros fue ver a Gizmo pasándoselo en grande en la arena y entre las rocas. Nosotros nos conformamos con caminar una buen rato por allí, descubriendo salares, explorando cañones y sintiendo la soledad del lugar, para acabar presenciando el principio de la puesta de sol con un vaso de té.

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Regresamos al anochecer a Kerman apenados al pensar que se trataba de nuestra última noche allí, pero contentos por haber descubierto una ciudad y una región que nos encantaron, e ilusionados con los lugares increíbles que el viaje nos seguiría deparando.

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GIZMO TE CUENTA

Con el dinero que gané vendiendo chocolate en el bazar de Kermán, construí un castillo de adobe. Yo quería un castillo del estilo de los que construyen los niños en las playas mediterráneas, un poco más grande… bueno, está bien, MUCHO más grande… bueno, lo reconozco… el MÁS grande de todos. Es que a los Gizmos a veces se nos va un poco la mano cuando nos ponemos en plan arquitectos…

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El castillo era muy grande, y podía jugar a Gizmo-guardián a mis anchas en la atalaya, pero a mí alrededor todo era desierto, y con el tiempo eché en falta una cosa: ¡agua!

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Así que decidí construir un jardín espléndido. Cuando comuniqué mi intención, algunos se rieron de mí y me acusaron de loco por querer construir un jardín en pleno desierto. ¡No saben que somos muy cabezotas!

Estudié ingeniería, arquitectura, irrigación, botánica y agricultura (los Gizmos aprendemos rápido… y tampoco es que haya muchas cosas que hacer en el desierto…), ¡y al final construí el más bonito jardín en el desierto de todos!

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¡Qué bien lo pasé navegando por sus fuentes en cascada, sorteando los rápidos! Cuando alzaba la vista, al final de las fuentes, veía mi palacio y, más allá del muro que rodeaba el jardín, los picos nevados de las montañas.

Tengo un gran recuerdo de mis días en Kermán, aunque al final volví a sentir la “llamada” y me puse en marcha (o sea, ¡que sonó el despertador de los papas y desperté!).

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