HACIA YAZD: MAYMAND Y ZEIN-O-DIN

Después de Kermán, nuestra siguiente parada fue Yazd, una de las ciudades más antiguas del mundo. Es fácil realizar el trayecto Kerman-Yadz con transporte público; sin embargo, como ya comentamos en nuestro post sobre el transporte, como de camino queríamos visitar la aldea de Maymand y el caravasar Zein-O-Din, optamos por un transfer privado.

El paisaje a lo largo del trayecto es monótono (“mira, nada… y, allí, un poquito más… fotografía aquella nada, que es muy chula”) y el desvío a Maymand se hace eterno. Finalmente, llegamos al lugar descrito en la guía como una “pequeña Capadocia”. Ningún problema con ello siempre que quede claro que se trata de una Capadocia muy muy pequeña.

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El pueblo es un conjunto de casas-cuevas excavadas en las laderas del valle, y está prácticamente deshabitado, salvo por unos pocos ancianos que pasan el día en la plaza. Nos intentaron vender unos cuantos abalorios, y una viejecita menuda pero increíblemente resistente nos arrastró a su tienda-cueva y consiguió que terminásemos comprando orejones (¡error! Siempre es mejor comprar un cenicero que algo de comer; haznos caso y no pagarás las consecuencias como hicimos nosotros). Además de dar una vuelta, pudimos acceder a la mezquita y al antiguo hamman.

Maymand es un lugar que tal vez gana en el recuerdo y, si no fuera porque el desvío es muy pesado, sería una visita recomendable para tener una visión del Irán rural: se trata de un asentamiento milenario y un ejemplo de una forma de vida tradicional basada en el aprovechamiento de los recursos naturales disponibles y la harmonía con el entorno.

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Zein-O-Din, por su parte, es un caravasar de 400 años de antigüedad, y uno de los dos únicos de planta circular que se conservan en Irán, restaurado con esmero y reconvertido en hotel (y observatorio de estrellas). Ya hablamos en el post sobre el alojamiento de nuestra mala experiencia allí. No por eso dejamos de recomendarlo y esperamos que tengáis mejor suerte.

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Las habitaciones de la discordia

LOS ALREDEDORES DE YAZD

Una excursión típica en Yazd es la que incluye Kharanaq, Chak Chak y Meybod. Como el precio que nos exigía nuestro hotel nos pareció desorbitado, decidimos probar suerte en el Silk Road Hotel, y funcionó: cuentan con un mostrador en el patio dedicado a la contratación de tours, y, a diferencia de los hoteles de la cadena Mehr, su personal está muy orientado al cliente.

Aunque se oferta como excursión de día entero, nosotros estábamos de vuelta en Yazd para la hora de comer, ahí un pelín timo.

Kharanaq es una aldea abandonada en un valle a 70 kilómetros de Yazd. La mezquita, el caravasar y el minarete que tiembla (al parecer, uno de los dos únicos en Irán) han sido restaurados, pero todo lo demás está en ruinas. La típica estampa que si eres de ciudad te parecerá super guay para fotografiar, pero que si le enseñas a tu abuela que pasó una guerra en un pueblo perdido de la sierra, te dirá que es una tontá.

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Chak Chak, en lo profundo del desierto, es el destino de peregrinación zoroastriano más importante de Irán. Según la leyenda, después de la invasión árabe, una princesa sasánida huyó aquí. Cuando el séquito se quedó sin agua, la princesa clavó su palo en la hendidura de la pared rocosa (estilo Gandalf-Moisés) y el agua empezó a gotear (chak chak es la onomatopeya para el agua cayendo gota a gota, y si tienes un grifo que gotea, lo sabes). Parece ser que la princesa era cual rubia en peli de terror, que cuando la persiguen huyen hacia arriba y no se les ocurre la puerta como opción.

El Templo del fuego, con la gota que cae, es el centro de un conjunto de edificios sin interés. Más allá de la importancia religiosa del lugar (a lo mejor eres un zoroastriano fervoroso) lo más impresionante es la ubicación en el acantilado y las vistas de los alrededores.

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Chak Chak
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Vista desde Chak Chak

Meybod es otra ciudad del desierto con casi 2.000 años de historia. Cuenta con un castillo de la época sasánida en lo alto de la colina que domina la ciudad, así como con un caravasar restaurado, un enorme almacén de hielo y una “torre de las palomas”, que servía para recoger los excrementos de estos animales y utilizarlos como abono para los campos de melón y pepino (dieta antitoxinas lo llaman). Pensad que no tenían cerdos (son musulmanes) ni vacas ni ná. Estas torres, cuyo interior contiene cientos de cubículos que forman un patrón deslumbrante, fueron típicas de la dinastía safávida, y resulta sorprendente que unas estructuras destinadas a la recogida de mierda de pájaro puedan constituir una arquitectura tan hermosa.

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Meybod desde el castillo, con la enorme cúpula del almacén de hielo, entre otras
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Interior del almacén de hielo

Quizás Meybod sea una ciudad a la que valga la pena dedicarle una visita más pausada, que vaya más allá de los cuatro o cinco lugares de interés, algo imposible en el tour “sihoyesmartesestoesbélgicavamosalmercadillo”.

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Interior de la “torre de las palomas”

GIZMO TE CUENTA

Dejamos Kerman y llegamos a Maymand, un lugar donde la gente ¡vive en cuevas! A nosotros nos encanta estar en lugares elevados y poder cotillearlo todo, así que un agujero en la pared no nos parece una casa: nos parece una despensa. La cuestión es que solo había un puñado de viejecitos que claramente viven en algún lugar cercano con parabólica y jacuzzi, pero que el gobierno coloca allí para dar la nota folclórica. A mí no me engañan…

(Papas, ¿cuento aquí Yadz?…. Gizmo, lo haremos en otro post, cuenta la excursión que hicimos desde allí… Valeeeeeeee)

Desde Yadz visitamos Kharanaq, que claramente había sufrido un ataque de Gremlins y estaba todo en ruinas. Lo único que quedaba en pie era una torre que supuestamente se movía, pero a la que no me dejaron subir. Un timazo. 

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Después me llevaron a Chak Chak, un lugar en medio de la nada donde una princesa hizo brotar agua de una roca mientras huía. A mi eso de darle con un palo y que salga agua me suena muy Gandalf, y la princesa parece que era como las rubias de las pelis de miedo, que cuando las persiguen huyen hacia arriba y no se les ocurre la puerta como opción. No tenía un buen plan de escape.

El último pueblo era Meybod, donde, según los papas, visitamos unos palomares muy chulos con un millón o más de cubículos. En la foto se ve claramente que es la típica torre de ferias y congresos gízmicos donde cada uno tenemos un asiento y podemos discutir y contar historias. ¿Quién iba construís algo así para recoger popo?

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