-¡Ya está bien! ¡Hace un montón de tiempo que no escribís en nuestro blog! La gente pensará que no hemos ido a ningún sitio, y no es verdad.

– Tenéis razón, Gizmos. Ahora mismo nos ponemos. Antes de contar vuestra búsqueda del primo Yeti, vamos a acabar el viaje a Irán…

Shiraz no es sólo la base desde donde visitar las ruinas de Persépolis. Tras dedicarle dos días y medio, en ella descubrimos la cara más amable y relajada de Irán. Frente a la inmensidad y el caos de Teherán, o el conservadurismo que se respira en Isfahán y las ciudades del desierto, la escala de Shiraz es más humana (a pesar de su más de un millón de habitantes) y también se respira un ambiente más liberal, que uno puede apreciar observando a sus gentes en las calles o restaurantes.

El carácter de Shiraz, capital durante la segunda mitad del siglo XVIII, parece explicarse por su condición histórica de centro cultural y artístico del país y, en particular, por su asociación con algunos de los grandes poetas persas durante los siglos XIII y XIV, dos de los cuales, Hafez y Sa’adi (autor de “Golestam” o “El jardín de rosas”), están enterrados aquí. Fue a ellos a quienes dedicamos nuestra primera tarde en Shiraz.

DSCN1746Después de comer cerca del hotel y asearnos, un taxi (hay que tener un poco de paciencia y llevar el nombre del lugar escrito en farsi) nos acercó al Hafezieh, el jardín donde se encuentra enterrado Hafez, y que puede visitarse previo pago.

El centro del lugar es el pabellón octogonal del siglo XX que sostiene una cúpula de azulejos bajo la que se encuentra la tumba de mármol, grabada con un verso del poeta, y colocada aquí por Karim Khan en 1773.

DSCN1747Impresiona ver a la gente, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, que se acercan a la tumba y, murmurando o haciendo alarde declamatorio, recuerdan al poeta.

Otro taxi nos llevó al jardín de Sa’di (también entrada de pago), un lugar más familiar y bullicioso, en el que la tumba se encuentra en una columnata de piedra construida en la época Pahlavi.

DSCN1771Tal vez fue pura casualidad, pero el ambiente de los dos jardines casi podía relacionarse con la obra de los poetas.

Hafez, cuyos versos cantan a la amistad, el vino y el amor, pero tocados por una melancolía transcendente providente del pensamiento sufí, era visitado por personas solas o parejas con una actitud más pausada e introspectiva, que paseaban tranquilas o leían bajo la sombra de un árbol.

Sa’di, autor de relatos moralizantes, ejercía de anfitrión para familias enteras que pasaban la tarde dejando que los niños correteasen por el jardín mientras hacían un picnic (deporte nacional iraní) alrededor de un mantel XXL.

DSCN1866Gizmo Samurai estaba encantado con la visita a los jardines sumada a la mañana en Persépolis; un día genial al que todavía le faltaba la guinda: llenar la tripita, así que un tercer taxi al complejo Haft Khan, cerca de la “Puerta Qur’an”, un edificio entero dedicado a la restauración.

DSCN1922De la variada oferta, un tipo de restaurante por planta, nos decidimos por el sótano, donde se encuentra el Foroud, especializado en cocina tradicional iraní y con un ambiente moderno y de diseño. La mayoría era locales y el poder económico, evidente, aun así los precios eran asequibles.

Por primera vez comimos “dizi”, uno de los platos nacionales, un cocido con una base de tomate, carne de cordero y garbanzos. El camarero nos enseñó cómo se separa el caldo, para a continuación añadirle pan y dejar que se empape bien, mientras se tritura el resto en el recipiente en que se sirve la comida. Después, triturado y pan húmedo se enrollan para comerlo con la mano.

Dizi, kebab delicioso y arroz perfumado, estirados ante una alfombra, bebiendo té y escuchando un grupo de música. No hace falta decir que Gizmo estaba en el paraíso y que el lugar se convirtió instantáneamente en nuestro restaurante favorito en todo el viaje (¡regresamos!).

A la mañana siguiente recorrimos la anodina avenida Karim Khan Zand, arteria principal de Shiraz, hasta nuestro primer destino del día, la fortaleza Arg-e Karim Khan, que data de cuando dicho rey trasladó aquí la capital durante la segunda mitad del siglo XVIII, en un frustrado intento de fomentar una corte que rivalizara con Isfahán.

DSCN1778El Arg fue la residencia de los gobernantes Zand. Originalmente rodeada por un foso, en sus esquinas se levantan cuatro torres circulares de catorce metros de alto, utilizadas como elementos defensivos y prisión.

El único acceso se encuentra en mitad de la pared este. Encima de la entrada, unos azulejos de siete colores representan a Rostam, héroe mítico de la antigua Persia, en combate con un demonio. Dentro, un gran patio descubierto con dos piscinas y un jardín. Se pueden visitar algunas de las estancias y especialmente suntuoso nos pareció el haman privado del rey.

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Saliendo de la fortaleza y antes de adentrarnos en el bazar, realizamos unas cuantas visitas más. La primera, al jardín de Bargh-e Nazar, con un decorado pabellón donde se recibía a los dignatarios extranjeros. Desde allí llegamos al haman Vakil y, junto a la entrada principal del bazar, la mezquita Vakil, la más magnífica de Shiraz.

Shiraz es conocida por la belleza de sus rosas, incluidas las que decoran sus monumentos. En la mezquita Vakil, las bandas que contienen inscripciones religiosas son mínimas, mientras que la decoración floral es exuberante, y uno no se sorprendería si los fanáticos la considerasen “inadecuada” para un lugar de oración. No es necesario decir que a Gizmo le pareció un sitio precioso.

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El bazar, por su parte, data también del reinado de Karim Khan y fue el primero de grandes dimensiones que visitamos (los de Kermán y Yadz son más modestos, tanto en extensión como en oferta). Sus calles abovedadas de ladrillos le aportan interés arquitectónico y su interior cuenta con conexiones a la mezquita, caravasar, casas de té, etc. Pasamos un buen rato recorriendo los callejones que lo forman, entre vendedores de telas y alfombras, montañas de especies y ejércitos de madres armadas con enormes capazos de compra seguidas por media docena de niños cada una.

El bazar se extiende hasta uno de los puntos más importantes de la ciudad, el santuario Aramgah-e Shah-e Cheragh, pero decidimos postergar la visita y “librarnos” de un chaval iraní que había decidido ser nuestro guía aquella mañana (a veces no somos muy sociables).

DSCN1854Nos dirigimos a la madraza Khan, en las proximidades del bazar, fundada a principios del siglo XVII y que sólo conserva el portal de entrada de esa época. La escuela sigue activa y se puede pasear por el agradable patio interior. No es imprescindible, pero es un respiro del bullicio del bazar.

IMG_8876Para comer elegimos el restaurante Sharzeh, cerca de la mezquita Vakil, en el que se mezclan los grupos organizados y lugareños salidos del bazar, y en donde no comimos nada mal.

Después de una breve siesta en el hotel, intentamos solucionar el “pequeño” inconveniente de no disponer de alojamiento en Isfahán, a donde debíamos llegar al día siguiente. En el hotel, nos explicaron que los hoteles en Isfahán son un pelín antipáticos y que tienden a admitir reservas sólo través de agencias, con lo que nos recomendaron probar con Pars Tours, en la misma avenida. Llegamos, dijimos que éramos de Barcelona-Barça-Messi, y el chaval sacó una lista enorme y empezó a llamar uno por uno a todos los hoteles. ¡Nunca subestiméis el poder del futbol como embajador! Finalmente nos consiguió un hotel de tres estrellas, del que no encontramos absolutamente ninguna referencia en internet… ¡glups!, pero que nos aseguraron quedaba cerca de la mezquita del Viernes.

DSCN1786Más tranquilos, sabiendo que no íbamos a dormir debajo de un puente (por muy hermosos que sean los puentes de Isfahán), tomamos un taxi a los jardines Bagh-e Eram. La fachada del pabellón qajar es muy hermosa (no pudimos visitar el interior) pero los jardines como tales nos pareció que tenían un interés más botánico que paisajístico, y de los jardines persas incluidos en la lista de la UNESCO quizás éste fue nuestro menos favorito.

DSCN1871Volvimos al casco antiguo para la última visita del día, el santuario Aramgah-e Shah-e Cheragh, que alberga la tumba de un hermano del Imam Reza, y que por ello es uno de los sitios más sagrados de Irán. Si bien ha habido un mausoleo desde el siglo XII, la mayor parte de lo que se ve data del período qajar y la república islámica.

El sitio es impresionante. Lo primero es pasar por “guardarropía” para dejar bolsas, mochilas, cámaras y Gizmos… eso sí, el teléfono se queda en el bolsillo y los iranís no paran de hacerse fotos. El control de seguridad da un enorme patio, con edificios en dos de los lados. El santuario está flanqueado por dos minaretes y dominado por una cúpula con forma de bulbo. La entrada está custodiada por una pesada puerta, chapada en oro y esmalte, y con un panel de cristal en el centro.

El interior es un delirio de espejos y destellos (por eso no dejan entrar a Gizmos, ¡para que no entren en colapso con tantos brillos!). La enorme cúpula sobre el altar tiene incrustadas miles de azulejos finamente elaborados y las paredes están recubiertas con cristales deslumbrantes y azulejos multicolores, y también con versos del Corán escritos en papel de seda y enmarcados. El suelo de mármol verde está cubierto con gruesas alfombras iraníes rojas y magníficos candelabros de cristal cuelgan del techo.

Al salir del santuario, nos sentamos en un rincón del patio y nos dedicamos a contemplar a la gente con el fondo de la cúpula azul con forma de bulbo y los minaretes dorados.

DSCN1893El lugar nos provocaba sentimientos contradictorios. Que la ciudad de Irán que nos había parecido más liberal y abierta albergara el tercer lugar más sagrado del país de alguna manera nos desconcertaba, porque lo cierto es que se trataba de un sitio que eclipsaba al resto. Y aunque había muchos colgados que pasan allí las horas, y que seguramente eran los primeros en sumarse a las manifestaciones de los ayatolás; en el patio, a última hora de la tarde, se respiraba una religiosidad tranquila, un lugar sagrado convertido en punto de encuentro cotidiano de jóvenes y viejos, hombres y mujeres.

Cenamos en Shater Abbas, un restaurante tradicional que nos sirvió el mejor kebab de cordero del viaje, media docena de costillas que se deshacían en la boca. Volvimos caminando al hotel: había que bajar la cena.

Nuestro tercer y último día en Shiraz lo dedicamos a los lugares de interés pendientes. El primero de ellos, la mezquita Nasir-al-Molk, de finales del siglo XIX, famosa por sus elegantes mosaicos de colores y los vitrales de su sala de oración, los cuales, al recibir los primeros rayos de sol del día, crean una iluminación especial; de ahí su nombre de “Mezquita Rosa”. El efecto no tiene nada que envidiar a los grandes rosetones de las catedrales góticas europeas.

DSCN1883Después, siguiendo por la avenida Lotf Ali Khan, llegamos al Naranjestan, la parte pública de la residencia de finales del siglo XIX de una poderosa familia. En mitad de un patio plantado con filas de palmeras y naranjos, la sala de entrada del pabellón, ornamentada con profusión de espejos, da a estancias con paredes y techos pintados. Algunos de los motivos de estas pinturas son tan inesperados como iglesias alpinas o damas germanas. Estamos convencidos que esta familia contrató a un Gizmo como decorador de interiores. Esta mansión fue, junto a las que visitamos en Kashan y la que alberga el museo del Agua de Yazd, el edificio privado más interesante del viaje.

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DSCN1909Por último, nos acercamos a la tumba del emir Ali, sobrino del Shah Cheragh, quien también murió aquí. El santuario actual data del siglo XIX pero lo que nos llamó la atención fueron las lápidas que cubren todo el patio, por las que las familias de los fallecidos pagan una pequeña fortuna.

Era primera hora de la tarde y nuestro autocar no saldría hasta la medianoche. Aprovechamos que a Shiraz se la conoce también como la ciudad de los jardines para tumbarnos en uno y echarnos una buena siesta, siempre con un ojo abierto para vigilar que Gizmo no se alejase demasiado y empezase a arrimarse a alguna de las familias de picnic por tal de gorronear la merienda.

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GIZMO TE CUENTA: EL GIZMOSTÁN (JARDÍN DE GIZMOS)

Sexto cuento

Cuentan que había un rey que tenía un solo hijo. El príncipe era de temperamento pendenciero y pasaba los días en busca de diversión y placeres. El rey temía que, el día que su hijo heredase el reino, descuidase las tareas de gobierno y fuese incapaz de defenderlo de los poderosos enemigos que lo acechaban.

Ministros y derviches habían intentado en vano devolver la sensatez al príncipe.

En estas, apareció en la corte Gizmo. El rey, enterado de su llegada, lo convocó y le contó sus temores.

Gizmo se ofreció a hablar con el príncipe. Le habló de la atalaya con vistas al cohete de colores en donde vivía cuando no viajaba, y de los lugares maravillosos qe había conocido en sus viajes. El príncipe lo escuchaba con sincero interés y ambos se hicieron amigos. El príncipe nunca había salido de la corte, y Gizmo creyó haber hallado la solución.

DSCN1897Los dos emprendieron un largo viaje, sin séquito, por las grandes ciudades de Damasco, Bagdad, Isfahán y Samarcanda.

A su vuelta, el príncipe se había convertido en otra persona y, cuando le llegó el momento de heredar el trono, se caracterizó por ser un rey justo y sabio.

Si alguna vez sentía que volvía la antigua tristeza, llamaba a Gizmo y juntos fantaseaban con viajes a lugares remotos.

Quien tiene un Gizmo de amigo, tiene un Tesoro. Si una pena atormenta tu corazón, llama a Gizmo. Él te escuchará y sabrá confortarte y aconsejarte.

DSCN1868Vigésimo tercer cuento

Unos bandidos se habían establecido en una fortaleza de la montaña y se dedicaban a asaltar caravanas y aterrorizar a los lugareños. Los esfuerzos de las tropas del rey por aniquilarlos eran en vano: la fortaleza era inexpugnable.

En estas, llegó Gizmo a la corte y, al enterarse de la existencia de los bandidos, pidió al rey que le dejara mediar entre las partes.

DSCN1822Convocó a los bandidos y a los representantes reales a un encuentro en un lugar neutral. Cuando estos llegaron, encontraron que Gizmo había preparado una mesa con todo tipo de productos de chocolate: tabletas de chocolate, bombones, trufas, cremas, chocolate a la taza…

Esta deliciosa merienda inesperada predispuso a los reunidos al buen humor y al acuerdo. El rey comprendió que debía mostrar compasión por sus inferiores y afanarse por mejorar la suerte de sus súbditos, mientras que los bandidos comprendieron que no podían traicionar la lealtad al rey y dedicarse a aterrorizar a las gentes.

Desde entonces, el reino vivió en paz y prosperidad.

No hay enemistad que resista un encuentro alrededor de un buen chocolate a la taza. Palabra de Gizmo.

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