Las llanuras del Serengeti albergan la mayor migración de animales del mundo, un espectáculo impresionante en el que más de un millón de ñus y 200.000 cebras se embarcan en un recorrido circular anual de mil kilómetros a través de Tanzania y Kenia, en busca de agua. Un verdadero “The circle of life”.

Aun cuando la migración está tranquila, como en enero, época de nuestra visita, el Serengeti ofrece posiblemente la más excitante observación de animales salvajes en toda África. Las cifras hablan por sí solas: dos millones de ñus, 900.000 gacelas y 300.000 cebras, además de otros herbívoros como 70.000 búfalos, 50.000 antílopes, 15.000 jabalíes, 4.000 jirafas, 2.700 elefantes, 500 hipopótamos, 200 rinocerontes negros y 10 especies de primates. En cuanto a los depredadores, los principales son los leones (4.000 ejemplares), seguidos por leopardos (1.000), guepardos (225), hienas manchadas (3.500) y perros salvajes (300). Más de 500 especies de aves presentes en el Parque, algunas endémicas de Tanzania… ¡Gizmo estaba emocionadísimo ante la perspectiva de ver a tantos animalitos reunidos!

El Parque Nacional Serengeti es el corazón de este ecosistema que también incluye, sin barreras para la migración, el Área de Conservación Ngorongoro y la reserva Maswa por el sur, las reservas Grumeti e Ikorongo por el este, la reserva Masai Mara en Kenya por el norte y el Área Loliondo por el oeste.

En total, le dedicamos tres noches al Parque, desplazándonos de norte a sur. Entramos por la Klein’s Gate, en el norte, a las 14h, provenientes del lago Natrón, y tras más de siete horas de conducir por algunos de los peores caminos que hemos visto nunca. Es importante tener claro que los permisos en los parques son de 24 horas a partir de la hora de entrada, y que se vigilan estrictamente, sellándose entrada y salida, por lo que nuestro guía prefería perder 30 minutos de visita a arriesgarse. Desde allí, descendimos por las zonas de Lobo, Seronera y Ndutu, después de lo cual cruzamos al Área de Conservación Ngorongoro.

La zona de Lobo fue una parada conveniente de camino a Seronera de la que no esperábamos demasiado más allá de la emoción de ser nuestra entrada al Serengeti. Lo que nunca imaginamos es que las hierbas altas nos impedirían ver a cualquier animal que no fuesen los cientos de moscas tsé-tsé inmisericordes que nos atacaron, por culpa de las cuales decidimos llegar lo antes posible al hotel. Para que alguien se haga una idea, son grandes como monedas de 50 céntimos, pueden morderte-picarte a través de varias capas de ropa y existe la posibilidad de transmisión de la enfermedad del sueño. ¡Una situación desagradable y peligrosa, no sólo un incordio! Ya hemos explicado que “Lobo Wildlife Lodge” fue un alivio, por las buenas instalaciones y comodidades que ofrece. ¡Por no hablar de las vistas sensacionales de las llanuras! No todos los días Gizmo se asoma a la ventana de su habitación para descubrir una manada de búfalos bebiendo en la charca cercana…

Al día siguiente pusimos rumbo a Seronera. A medida que descendimos, las moscas fueron desapareciendo, y pudimos disfrutar de verdad del sitio. Aun así, la zona de Lobo nos brindó una de las imágenes del viaje: ¡nuestro primer león melenudo, que tomaba el sol en unas rocas acompañado del resto de su manada! La estampa que todos tenemos en mente cuando pensamos en un safari. Gizmo se sintió instantáneamente identificado: al fin y al cabo, a los Gizmos Viajeros les encanta gandulear una rato al sol mañanero después del desayuno.
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Si el Parque Nacional Serengeti es el centro del ecosistema Serengeti, Seronera es el corazón del Parque Nacional. Se trata de una zona de transición entre las praderas abiertas del sur y las arboladas del norte, y cuenta con una enorme cantidad y diversidad de animales, tanto residentes como migratorios, lo que hace de esta zona el destino turístico más importante del Serengeti.

Cuando llegas aquí entiendes el significado original de la palabra Serengeti: “llanuras sin fin”. Seronera es un entorno paisajístico único de vastas llanuras de sabana que se extienden en el horizonte hasta lo que parece el extremo de la tierra y que, después de las lluvias, en la época seca “corta”, se cubren de una alfombra verde, mientras que en la época seca “larga” las sabanas parecen quemadas por el sol.

Lo único que rompe la continuidad de la llanura son los afloramientos rocosos llamados kopjes, los cuales proporcionan, entre otras cosas, protección cuando las hierbas se incendian, agua en sus alrededores, agujeros y cuevas donde, por ejemplo, los leones esconden a sus cachorros, además de una posición ventajosa para los depredadores que se disponen a cazar. Cientos de especies de plantas crecen en los kopjes, pero no en los prados circundantes, y también hay especies de animales que viven aquí, como insectos, lagartos y serpientes, mamíferos como musarañas, ratones y el Hyrax de roca, el más emblemático de todos.

Queremos destacar que en enero, época de nuestra visita, las hierbas estaban altas, lo que dificultaba el avistamiento de animales. Por eso, cada avistamiento fue especial y nunca llegamos a cansarnos de ver animales. Es muy difícil explicar todo lo que vimos, Seronera nos dejó imágenes imborrables…

Una leona descansaba solitaria en una roca. Cuando, quizás como premio a nuestra paciencia, se irguió y bajó de las rocas hacia nosotros, todo en ella transmitía peligro: sus andares elegantes y rectos, su mirada fría, que intimidaba mucho más que la de cualquiera de los perezosos leones que vimos… No nos hubiera gustado cruzarnos en su camino, y mucho menos a Gizmo, que se puso un poco nervioso consciente de lo apetitoso que resulta.

El leopardo subido a un árbol decidió que ya estaba harto de los coches y de las fotos, y bajó a tierra. Aun cuando decenas de ojos intentaban seguirle el rastro, se las apañó para cruzar al otro lado de la carretera sin que nadie lo viera. A los impalas que comían hierba tranquilamente, el viento les llevó el olor del leopardo y pusieron pies en polvorosa, que si no…

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De haber pasado diez segundos antes, o diez después, nos habríamos perdido el felino que faltaba en la lista de Gizmo. Nuestro único guepardo se asomó entre la hierba para, inmediatamente, subirse a un tronco. Esta imagen nos valió la mañana y unos cuantos gritos de emoción gízmica, más cuando descubrimos que al guepardo lo acompañaban dos crías.

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Creíamos que el bulto que se divisaba a los lejos sería de un ñu pero al acercarnos resultó que se trataba de una cría de elefante. Tal vez se había alejado de su familia durante la noche y había sido atacada por una manada de leones, que la habían despedazado por completo. Los responsables de su desgracia seguían allí, digiriendo el atracón. Al poco vimos aparecer unas hienas, luego un buitre, también unos chacales. Olían la carroña pero su instinto les decía (con razón) que era peligroso acercarse, que los leones aún pretendían servirse más. Fue una escena fascinante: los carroñeros se acercaban atraídos por el olor y se alejaban, se reunían y parecían comentar la jugada. En uno de los coches llegó un matrimonio con hija pre-adolescente. Creímos que la niña se traumatizaría al ver a Dumbo despedazado pero apenas lo miró y dijo a sus padres que ella quería ver cómo lo cazaban, mientras sacaba decenas de fotos con su teléfono ¡Pisa fuerte, esta juventud!

Dejamos Seronera en dirección a Ndutu. Tras unas cuantas horas de “masaje africano”, tragar bastante polvo y perdernos buscando nuestro campamento móvil, pasamos nuestra última noche en un entorno precioso con vista a un lago.

Nos dijeron que en Ndutu se concentraban las migraciones en enero, el problema es que la mayor parte de Ndutu pertenece al Área de Conservación Ngorongoro, para la que no teníamos permiso. Al no haber vallas entre los parques, los animales transitan libremente de un lado al otro (como tiene que ser), pero los guías turísticos corren el riesgo de ser multados si son descubiertos en un parque para el que no tienen entrada. Si viajáis a Tanzania en esta época del año, os recomendamos que os aseguréis si vuestros permisos se refieren a Ndutu-Seregenti o Ndutu-Ngorongoro.

Nos quedamos con dos momentos especiales en Ndutu. El primero es ver ponerse en marcha a un grupo de miles de ñus, todos en fila, siguiente al líder. Un desfile kilométrico que parecía no tener fin. No como ver correr a los Gizmos en tropel caótico…

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El segundo momento fue todavía más impresionante. Observando a los herbívoros en un claro presenciamos la irrupción de una manada de una treintena de leones, y el nerviosismo que esa irrupción causaba en los herbívoros que pasaban allí la mañana. Los leones se paseaban conscientes de ser los amos y, con sus aires matoniles, parecían disfrutar del temor que despertaban en su camino no sabemos a dónde.

Este ecosistema único, irremplazable, no está exento de amenazas, entre ellas los planes de construir una autovía que lo atraviese, la caza furtiva, que ha colocado a varias de las especies más carismáticas como el rinoceronte negro, el leopardo, el elefante africano y el guepardo en peligro de extinción, y también la presión del turismo, los incendios forestales y la escasez de agua para los animales en los años secos. Por eso, toda protección y concienciación es poca si queremos garantizar que el ciclo de la vida se pueda seguir desarrollando aquí como se ha hecho desde hace siglos y legar esta verdadera maravilla del mundo a las generaciones futuras. ¡Sed buenos como Gizmos Viajeros y respetad la naturaleza!

GIZMO TE CUENTA

¡Menudo montón de aventuras me esperaban en el Serengeti! La entrada fue un poco decepcionante, creía que una delegación de animalitos me estaría esperando con pancartas de “Welcome, Gizmo”, pero allí no había nadie. En seguida me di cuenta de que era su hora de la siesta y los entendí: ¡los Gizmos tampoco nos saltamos nunca ninguna siesta!

Con mis orejitas al viento, subida la capota de nuestro coche, entramos en Lobo. Las que sí salieron a recibirnos fueron las moscas tsé-tsé. Como soy tan dulce, no paraban de picarme, así que me refugié en la mochila, aunque los papas dicen que ningún mosquito me puede transmitir la enfermedad del sueño, porque ya la tengo. Siempre se meten conmigo…

Pasamos la primera noche en Serengeti en un hotel en las rocas por el que correteaban unas ratas peludas muy simpáticas que nuestro guía nos dijo que se llamaban elefantes enanos, aunque yo creo que se inventó el nombre porque no se parecían en nada. Eran muy traviesos: corrían por los alerones de los tejados y cuando pasaban los turistas les hacían pipi encima.

Tanto trajín con los mini-elefantes me dejó agotado, así que dormí a pierna suelta. Cuando me desperté a la mañana siguiente, miré por la ventana… y vi unos búfalos que bebían en una charca cercana. Como sé que los papas leen lo que escribo, no voy a decir que me escapé para hacerles compañía mientras desayunaban. Parecen muy fieros pero son vaquitas que comen hierba, y como yo prefiero un bol de cereales a una ensalada, volví para asaltar el buffet del desayuno.

Seguimos recorriendo el Parque y pude marcar un montón de animales en el libro con fotografías que me habían comprado los papas. Son unos rabiosos y dicen que puse cruces en animales que no encontramos, pero el problema es que yo tengo mucha mejor vista que ellos, no me lo invento. ¡Mira, un oso panda al lado de ese león, lo voy a marcar.

A veces os creéis que los Gizmos somos un poco comodones, pero no es verdad. Nos adaptamos a cualquier circunstancia. Por ejemplo, dos de las noches dormimos en tiendas de campaña ¡como ir de camping!

La primera noche, el papa Javi durmió de un tirón y no se enteró de nada de lo que pasó en los alrededores del campamento, así que la segunda el papa Carlos y yo nos aseguramos de despertarlo para que oyese la música nocturna de la sabana. Era muy emocionante oír a los elefantes o a las hienas, y ya estaba a punto de escabullirme para hacer unas carreras con los cachorritos de guepardos cuando me di cuenta que los papas estaban nerviosos y no paraban de revisar las cremalleras de la tienda. Me dieron un poco de penita, así que decidí quedarme de guardia para que se sintieran protegidos.

Pero no todos son estampas de postal en la sabana. Una mañana nos topamos con una escena muy triste: ¡Simba se había comido a Dumbo! El pobre Dumbito estaba tirado al pie de la carretera, y esta vez su mamá no iba a poder hacer nada para salvarlo. Aprendí que la naturaleza es dura y que sólo sobreviven los más fuertes, pero también que los animales matan para comer y nada más.

Nuestro guía nos había dicho que los animales que migraban eran los ñus y las cebras, y que los depredadores no migraban, pero eso también se lo inventó porque en Ndutu presencié la migración de los leones. ¡Cientos de leones abandonaban Ndutu y se dirigían al norte! O bien se sentían culpables por haber matado a Dumbo o bien no podían más con los Bolton y habían decidido echarlos de Invernalia. Los papas estaban muy ocupados haciendo fotos, así que le conté mis teorías al elefante enano que me había traído de la primera noche. Increíble, pero en el Serengeti no ven Juego de Tronos. Tuvimos conversación el resto del viaje.