Dejamos atrás Kuala Lumpur en busca de la jungla del Parque Nacional Taman Negara, que, por cierto, es una redundancia ya que “Taman Negara” significa “Parque Nacional”. Fundado en 1925 y ampliado hasta su extensión actual en 1938, el parque es uno de los bosques pluviales más antiguos del mundo, formado nada menos que hace ciento treinta millones de años. Alberga una vegetación exuberante y una fauna muy variada que incluye elefantes asiáticos, tigres malayos, panteras nebulosas o tapires, todos muy difíciles de avistar.

El traslado no revistió complicación alguna ya que el resort donde nos alojamos, el Mutiara Taman Negara Resort, gestiona transporte hasta el parque a través de dos vías, una totalmente terrestre hasta Kampung Kuala Tahan, población situada justo en la orilla contraria y desde donde se  cruza gracias a un servicio de bote-taxi; y otra por tierra hasta Kuala Tembling Jetty y río arriba en barco desde allí. Nosotros contratamos la primera y llegamos al resort sobre la 1:00 p.m. Teniendo en cuenta que no hicimos nada hasta la hora de la cena, creemos que tomar el bote y llegar sobre las 4 o las 5 de la tarde puede ser más entretenido.

El enorme Mutiara Taman Negara Resort está justo en la puerta principal del parque y comparte instalaciones con su oficina central. Es en esa oficina donde se deben pagar las entradas y permisos necesarios si se visita el lugar por libre. Uno de nuestros errores fue contratar un paquete cerrado que incluía el alojamiento y las actividades guiadas.

El primer día, tras el check in y almorzar en el restaurante del resort, nos dedicamos a vegetar entre nuestra cabaña y el bar, ya que curiosamente no hay piscina en un sitio donde el agua abunda y el calor asfixia. Un asalto rápido al buffet de la cena antes de que hordas de rubicundos niños germánicos manoseasen todas las bandejas y, linterna en mano, estábamos listos para conocer a nuestro guía e iniciar el “safari” nocturno. Teniendo en cuenta que nuestros últimos safaris nocturnos fueron en África entre leopardos e hipopótamos, ese camino por pasarela de madera alrededor de las instalaciones del complejo viendo arañas y otros insectos como puños nos supo a poco. Tal vez el mejor momento del paseo fue la parada en uno de los puestos de observación; allí, nuestros guía nos comentó cómo a lo largo de su vida había sido testigo de la transformación del lugar y cómo la llegada de turistas era inversamente proporcional al avistamiento de animales, que buscan refugio en el interior del parque, en  zonas más inaccesibles. El tour, de unos 50 minutos de duración, nos devolvió a la cabaña justo antes de que los cielos se abrieran y nos deleitaran con la versión malaya del diluvio universal durante unas buenas dos horas.

Nos despertamos con el ruido de los monos y los Gizmos persiguiéndose por el tejado y, para cuando conseguimos poner paz, era hora de iniciar nuestro paseo matinal junto al mismo guía frenético de la noche anterior. Varias son las salidas del resort y los caminos que se adentran en la jungla, todo totalmente señalizado e, incluso, cubierto por una plataforma de madera y escalones en las zonas de mayor desnivel, lo que indudablemente facilita la vida a los turistas pero interrumpe las vías de paso al río a los animales, así que no nos pareció la mejor solución. En nuestro caso, iniciamos la ascensión al Bukit Teresik, una colina de 344 metros con vistas menos espectaculares de lo esperado. El camino es bien fácil y no requiere de ninguna preparación; eso sí, después de un haman, ha sido el lugar donde hemos experimentado una humedad ambiental más extrema.

Desde allí, desandando parte del camino, nos dirigimos a la atracción estrella de la zona, uno de los sistemas de puentes y pasarelas por árboles más largos del mundo. Las vistas de las copas de los árboles son preciosas; compartir la experiencia con unas cuantas decenas de turistas que obligan a regular el tráfico por los puentes, le quita cierto encanto al asunto. En un poco más de tres horas estábamos de regreso a nuestra habitación para intentar que una ducha fría nos hiciera olvidar aquella sauna.

A pesar del sol inclemente, empezamos bien pronto el recorrido de la tarde con el traslado en barco a las cercanías de Lata Berkoh, donde, en un recodo de los rápidos del río Sungai Tahan, es posible darse un chapuzón. Tras el agradable paseo en canoa la última parte del camino hay que hacerla a pie. Cuando llegas debes decidir si vale la pena descender por las rocas y meterte en el agua totalmente turbia, o si prefieres dejarte llevar por el convencimiento de que te han tomado un poco el pelo. En nuestro caso,  y viendo que a los Gizmos les faltó tiempo para tirarse en bomba, optamos por lo primero. Igual que en la mañana, la actividad no duró más de tres horas.

Un rato de bar con su momento de lectura, cenar, vigilar a los Gizmos para que no se adentrasen en la selva e irnos a dormir con el sonido (de nuevo) de la lluvia torrencial, fue nuestra despedida de la selva malasia.

Después de pasar dos noches en Taman Negara nuestras conclusiones son:

  • Si no has estado nunca en un ecosistema de este tipo, seguro que disfrutas la exuberancia de la jungla, así que no te lo pierdas.
  • Si has visitado otras selvas antes, puedes acercarte a Taman Negara en un plan dominguero y realizar por tu cuenta algún trekking que tenga como punto de partida y llegada el resort. El alojamiento, en la puerta del parque, como nosotros, o al otro lado del río, que seguramente son bastante mas económicos.
  • Si te gusta vestirte de Coronel Tapioca y no le tienes miedo a una humedad del 120 por ciento y a insectos más grandes que un niño de tres años, dedica unos cuantos días a adentrarte en el parque: estamos seguros de que vale mucho la pena.

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GIZMO TE CUENTA

Nos lo pasamos muy bien en una gran ciudad como Kuala Lumpur, pero también nos gusta mucho la vida salvaje así que teníamos ganas de llegar a la selva. Esta vez no vimos muchos animalitos, y lo más chulo fue una pareja de cálaos bicornes, además de arañas de todo tipo, pero también había árboles enormes donde subirnos y contemplar un paisaje espectacular.

Acompañamos a los papas en las excursiones para darles ánimos desde la mochila y dejar que nos sacaran en las mejores fotos, pero cuando más nos divertimos fue cuando conseguíamos escaparnos y explorar la selva por nuestra cuenta. Encontramos una manada de tapires, pero nadie nos cree: ¡son unos desconfiados!