El Estrecho de Malaca se extiende de norte a sur a lo largo de 800 kilómetros entre la península malaya y la isla de Sumatra. En la parte norte, cerca de la isla de Penang, encontramos su tramo más ancho, donde el estrecho se abre al océano Índico a través del mar de Andamán. Singapur es la puerta meridional de este corredor marino que comunica China y Japón con la India, Oriente Medio y Europa.

Cuando la navegación jugaba un papel fundamental en las expansiones económicas y políticas de las naciones, controlar el Estrecho significaba convertirse en la potencia regional, lo que provocó no pocas disputas. Por otro lado, aquí emergieron diversas ciudades portuarias que son el crisol de una increíble unión e intercambio de tradiciones y culturas, siendo Malaca y George Town las dos más históricas.

Esta multiculturalidad ha dotado a las dos ciudades de un paisaje urbano y un patrimonio intangible únicos, que se manifiestan en la gran variedad de templos de diferentes creencias, barrios étnicos, shophouses, festivales religiosos, música, gastronomía….

Llegamos a George Town, en Penang, provenientes de Taman Negara, en un desplazamiento por carretera bastante pesado. Instalarnos en Campbell House, uno de los hoteles con más encanto en que hemos estado, nos predispuso muy a favor de la ciudad.

La necesidad de los británicos de hacerse con el lucrativo comercio proveniente de China, y a la vez asegurar la defensa militar de la India, los llevó a ocupar la isla en 1786. Los británicos le dieron estatus de puerto franco, y además practicaron una política de puertas abiertas, lo que atrajo a comerciantes y trabajadores de India, China y del sudeste asiático.

La tarde del día de nuestra llegada nos dedicamos a pasear por la zona colonial inglesa. Subimos por Beach St., donde admiramos las sedes de diferentes bancos en estilos neoclásico y art-deco, hasta la plaza del rey Edward, en cuyo centro se levanta la torre del reloj del Memorial de la Reina Victoria. Al oeste del Fuerte Cornwallis, se construyeron los principales edificios de gobierno, entre ellos, los dos magníficos edificios del Consejo Municipal, ambos en la explanada, un campo abierto frente a la playa norte, y cuyo paseo fue el principal centro social de la ciudad.

Si bien nuestra idea original era tomar un bus nocturno desde George Town hasta Malaca, puesto que el precio de los vuelos internos es muy bajo y no nos apetecía realizar otra vez la misma ruta por carretera, decidimos volar en el primer avión de la mañana del tercer día. Así que cuando salimos a recorrer la ciudad el segundo día, sabíamos que debíamos aprovechar al máximo nuestro tiempo. A pesar de los múltiples lugares a visitar, todo el centro histórico puede recorrerse a pie.

Nuestro hotel estaba situado en uno de los barrios residenciales de la zona antigua de la ciudad. Alrededor un montón de shophouses, que son casas adosadas de dos o tres plantas donde históricamente la planta inferior se dedicaba a las actividades comerciales y en las plantas superiores se encontraba la residencia de la familia. Sus fachadas son estrechas (de esta manera parece que se pagaban menos impuestos) pero pueden extenderse a lo largo hasta la calle de detrás. Las shophouses son una arquitectura común en el sudeste asiático, pero ninguna ciudad ofrece una colección tan fantástica como la de George Town (y Malaca).

Nos dirigimos hacia la parte sur de Beach St., donde la comunidad china formó una “ciudad dentro de la ciudad”, constituyendo kongsi o asociaciones de clanes, esto es, de personas que comparten un mismo apellido. Tanta es la influencia de China en esta zona que incluso en el barrio vivió durante un tiempo de su exilio Sun Yat-sen, primer presidente de la República de China y fundador del Kuomintang.

Las altas y finas columnas que aguantan un espléndido techo de tejas rojas rematado con tallas de dragones, aves fénix y escenas de leyendas populares chinas justifican por qué el Khoo Kongsi es la más importante de las cinco casas de clanes que aún se conservan. El salón está adornado con intrincadas y resplandecientes tallas, además de columnas ornamentadas hechas a mano por maestros artesanos chinos.

Otra casa de clan a la que también hay que acercarse es el maravilloso Cheah Kongsi, en Armenia St.

El barrio malayo creció en la parte sur de Chulia St. y, a lo largo de los años, se convirtió en un centro islámico. Cuando el viaje a La Meca se hacía en barco, los peregrinos llegaban a Acheen St. desde Sumatra, Tailandia o la península malaya, y aquí esperaban a que la nave zarpara. El terreno donde se construyó la preciosa mezquita de Acheen St. fue donado por un comerciante de la realeza de Aceh; de ahí el minarete octogonal al estilo de las antiguas mezquitas de Aceh.

Bajando por Armenia St. llegamos al frente marítimo para encontrar los jetties, o “muelles de clan”, donde estos clanes viven bastante más humildemente que en los kongsi. Las casas de madera están construidas sobre pilotes en agua. Desde 1969, se ha dado a los clanes un permiso especial para seguir ocupando el sitio, y son ellos quienes autogestionan la seguridad, el mantenimiento de las áreas comunes y el tránsito de vehículos.

Después de comer, atravesamos el centro histórico hacia Cheong Fatt Tze Mansion (Blue House), una joya de la arquitectura local reconvertida en hotel. Como no coincidimos con los horarios de visita, desandamos nuestros pasos para visitar el Museo Pinang Peranakan, ubicado en una espléndida mansión recientemente restaurada, y que nos permitió aprender más acerca de esta comunidad. Los Peranakan, también conocidos como los Baba-Nyonya, son los descendientes de los primeros inmigrantes chinos instalados en el estrecho. Mediante el matrimonio con locales, esta comunidad creó un estilo de vida único que ha dejado una rica herencia cultural, todavía es evidente en las tradiciones, la cocina o el idioma.

En el camino de vuelta al hotel, aún pudimos visitar cuatro importantes lugares, que dan idea de la convivencia armónica de las diferentes etnias y culturas de George Town.

La iglesia de St. George es la iglesia anglicana más antigua del sudeste asiático. Cuenta con un pórtico de columnas dóricas y un frontón coronado por un campanario octogonal. Delante de la iglesia, un pabellón recuerda a Francis Light, fundador de la Penang moderna.

El templo hindú de Sri Mahamariamman destaca por su torre de entrada, que mide 23 metros de alto y presenta 38 estatuas de dioses que reflejan la complejidad de la mitología hindú.

En la misma calle, el templo Kuan Yin es el templo chino más antiguo de ciudad y en él se venera a la diosa de la Misericordia, una devota budista de la que se decía que había alcanzado el nirvana pero había elegido permanecer en la tierra para así ayudar a los que aún no lo habían logrado, y que está representada en la estatua de una mujer con 18 brazos.

Por último, la mezquita Kapitan Keling es la más grande en George Town. Rodeada por un muro bajo, está adornada con cúpulas de estilo mogol y torretas, además de un elegante minarete.

Después de dejar que los Gizmos merendasen y refrescarnos todos un poco, salimos a cenar en nuestra última noche en la ciudad y a disfrutar más si cabe.

El mes de agosto se celebra el Festival George Town que reúne artistas de diferentes disciplinas durante más de cuatro semanas. En la explanada nos encontramos un festival de música pop-rock asiática, un escenario y tiendas de ropa y comida para terminar nuestra última noche dejando que los Gizmos bailaran como locos y se inventaran las letras de las canciones.

Este mismo festival es el causante de que al pasear por la ciudad encontremos un montón de arte callejero, complemento perfecto a la historia que emana de la ciudad. Desde caricaturas en hierro forjado que explican las antiguas costumbre de la población, un montón de gatos en los rincones más insólitos, niñas gigantes entre los edificios o murales que combinan pintura y objetos cotidianos.

Nos habríamos quedado en George Town más tiempo, para poder visitar el resto de la isla y seguir disfrutando de la Perla de Oriente, pero el tiempo es limitado y también queríamos conocer Melaka, ciudad histórica que fue no sólo capital de un sultanato sino que por ella pasaron sucesivamente portugueses, holandeses y británicos.

GIZMO TE CUENTA

¡Estamos super indignados! ¡Ya les vale! ¡Nos parece fatal que los papas escriban sobre George Town y no digan nada de lo feliz que está la barriguita en esa ciudad! Un festín de postín, sobre todo si os gusta la comida callejera.

Eso de que nada más llegar empezamos las visitas es mentira. Nos fuimos directos a merendar a Kopi C, un café en la China House, que es un bonito conjunto de tres edificios patrimoniales unidos por un patio al aire libre y que incluye tiendas, cafeterías, restaurante y galería. Aquí tuvimos que enfrentarnos a un dilema: helado o pastel. Tomamos una decisión salomónica y aún nos relamemos cuando nos acordamos del helado de caramelo salado y del tiramisú que nos zampamos.

Entre foto y foto se nos hizo la hora de cenar y, recomendados por el personal del hotel, nos fuimos hasta Lorong Baru (New Lane). Un poco alejado del centro, casi todos los clientes eran locales, lo que siempre es una buena señal. Nos pusimos hasta arriba de asam laksa, satay, nasi kandar, koay chiap y otros platos deliciosos. La verdad es que no teníamos ni idea de lo que era cada plato, así que hicimos lo que haría cualquier Gizmo: ¡pedirlos todos y esperar a ver qué traen!

Campbell House era un sitio fantástico donde te dejaban un pastel para merendar, pero fue a la hora del desayuno cuando acabó conquistando nuestro pequeño corazoncito. El segundo día lo empezamos con una de las grandes revelaciones de nuestra vida: en el hotel nos dieron de desayunar ¡pizza! ¡¡Chuuuuupiiiii!! A ver cómo se atreven ahora los papas a decirnos que no podemos desayunar cualquier cosa que nos apetezca…

A la hora del almuerzo llegamos a Teksen, un restaurante chino en una shophouse restaurada, y un auténtico clásico en Penang. Al principio parecía una turistada, pero todas las recomendaciones de los camareros estuvieron riquísimas.

Por la noche volvíamos a estar listos para la comida callejera, esta vez en el Red Garden Food Paradise, un patio cubierto flanqueado por diferentes puestos, así que dimos una vuelta eligiendo un plato en cada uno. El lugar es mucho más turístico que New Lane pero igual de divertido y la comida está muy rica. Incluso tenía un escenario, y os podéis imaginar que con la barriguita llena y la cerveza de un litro que nos sirvieron, nos faltó tiempo para apoderarnos del micro y liarla…