Suzhou y Hangzhou son dos de las ciudades más antiguas de China. Su importancia es tal que en 1981 el Estado las seleccionó como dos de las cuatro ciudades (Beijing y Guilin fueron las otras) en que la protección del patrimonio histórico-cultural y del paisaje natural había de considerarse un asunto de la máxima importancia para el país.

Separadas ambas por apenas 150 kilómetros, suelen visitarse en excursiones de un día desde Shanghai, aunque en nuestra opinión cada una merece, como mínimo, un par de días.

Situada en el curso inferior del río Yangtze, Suzhou, a la que dedicamos este post, fue desde su fundación en el año 514 aC un importante centro administrativo y comercial. Con la construcción del Gran Canal en el siglo VII, se convirtió en la ciudad con la posición más estratégica dentro de las rutas comerciales y en la capital de la producción de seda en China.

Mas allá de su importancia económica, Suzhou también prosperó como centro artístico e intelectual durante las dinastías Song y Yuan, papel que siguió ejerciendo durante las dinastías Ming (1368-1644) y Qing (1644-1912). Es, de hecho, la cuna de la cultura Wu. Dicen que el “estilo Suzhou” se caracteriza por el temperamento refinado y la belleza femenina, como ponen de manifiesto el tono suave del dialecto, la caligrafía sutil y elegante, la pintura delicada o el ritmo cadencioso de la poesía Wu.

También se dice que el paisaje natural de colinas y aguas en Suzhou es tan encantador como una belleza delicada… más o menos…

No dudamos que en el pasado Suzhou tuvo que ser una ciudad bellísima de casas de paredes blancas y tejas de color gris oscuro, de calles y callejones a lo largo de los cuales se extendían canales atravesados por pequeños puentes.

Cuando observas un mapa de la ciudad es fácil imaginar la línea de las murallas y puedes seguir el curso de los canales… pero muy poco queda de eso en la actualidad: las murallas fueron derruidas y la mayoría de canales, drenados. En la misma ciudad antigua, los callejones fueron sustituidos por amplias avenidas con edificios como moles que hacen daño a la vista, o se dejaron solares abandonados.

Evocar el antiguo esplendor de Suzhou cuesta, sobre todo en una visita de unas horas, pero aún es posible en unos pocos maravillosos sitios que hoy recuerdan aquel esplendor, principalmente, los jardines clásicos.

Esta colección de jardines, construidos entre los siglos XI y XIX, son el  testimonio de las habilidades de los paisajistas chinos para, combinando la naturaleza y las artes, crear auténticas obras maestras, que han ejercido una profunda influencia en la evolución del paisajismo oriental y occidental.

Con origen en el deseo de altos funcionarios y nobles de retirarse de los círculos oficiales y cultivar el temperamento mediante el “retorno” a la naturaleza, su meticuloso diseño refleja la trascendencia metafísica que tiene la belleza de la naturaleza en la cultura china. Los jardines de Suzhou son un microcosmos del mundo natural, que nos permite, sin abandonar la ruidosa ciudad, sentir el encanto de montañas, bosques y manantiales simulados en paisajes en miniatura gracias a la utilización de elementos como agua, flores, árboles, pabellones, terrazas y torres.

De los aproximadamente 200 jardines originales, han sobrevivido 50 y, de estos, 9 fueron designados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997.

Durante el día y medio que permanecimos en Suzhou pudimos visitar cinco. El primer día, los tres primeros de los que hablamos, además las zonas de Panmen y Pingjiang; el segundo día, en media mañana, los dos últimos.

Cada jardín fue especial y, sin duda, de haber tenido más tiempo, habríamos seguido visitándolos. No estamos de acuerdo con quienes afirman que todos los jardines parecen iguales.

Llegamos a Suzhou bien temprano procedentes de Nankin. Como ya hemos comentado en otro post, el servicio de tren fue excelente.

Después de instalarnos en el Hotel Soul, recorrimos Guanqian St., la típica nueva calle china insípida. Que conste que en Guanqian hay un lugar con un nombre que le encantó a Gizmo: “el templo del Misterio”.

En la intersección de varios canales, rodeado de agua por tres lados, se encuentra el “Jardín donde se retira la pareja”. Su diseño, con la residencias en el centro flanqueadas por los jardines oriental y occidental, es inusual. El jardín oriental incluye una magnífica gruta y un estanque de aguas claras, rodeados ambos por una pasarela peatonal cubierta.

De camino hacia nuestra siguiente parada, pasamos por delante del “Templo de las Pagodas Gemelas”. El “Jardín del maestro de las redes”, a pesar de ser el más pequeño de Suzhou, consigue, gracias a su complejo diseño, crear la ilusión de un espacio mucho más grande, a la vez que mantiene la unidad de cada elemento con el todo. El jardín queda en la parte occidental, cuyo centro es un estanque alrededor del cual árboles, flores y jardincillos rocosos se usan para crear vistas que representan las estaciones.

En dirección oeste, siguiendo el sinuoso canal, llegamos al “Pabellón Canglang” o “Pabellón de la ola azul”, el más antiguo de los jardines clásicos. Cuenta con montañas artificiales plantadas con imponentes árboles centenarios y con bambú, y está adornado con edificios sencillos y con más de cien magníficas ventanas enrejadas que dan al canal. En lo alto de la montaña se levanta el Pabellón Canglang, bautizado así en alusión a un oficial honrado que se aparta de la política antes que actuar de manera corrupta.

Con Gizmo totalmente relajado después de tanto jardín y pabellón de contemplación, nos encaminamos al rincón sudoeste de la ciudad antigua: Panmen.

Panmen o Puerta de Pan (nombre que supuso una desilusión para Gizmo, que se pensaba hacer un bocata al llegar) es una parte de la antigua muralla que rodeaba y protegía la ciudad. Construida originalmente en el 514 AC, en los últimos años ha sido rehabilitada. Parece que los chinos se han dado cuenta de que cometieron un error arrasando su patrimonio, y que, en la época del turismo de masas, éste es un reclamo potente, por lo que decidieron “recuperarlo”. El problema es que en Panmen, pese a su espectacularidad, no puede evitarse tener la sensación de que, más que ante un patrimonio rehabilitado con esmero, uno se encuentra en un parque temático. Los centenares de colegiales de visita no ayudan a mejorar la sensación.

Podemos encontrar restos de las murallas y un complejo sistema de puertas terrestres (interiores) y acuáticas (exteriores), además de torres y muros, a los que se puede acceder para disfrutar de una vista magnífica del conjunto, del que destacamos la pagoda Ruiguang, la más antigua de Suzhou, construida con ladrillos y adornada con unas tallas budistas en su base; y el puente Wu, el más alto de Suzhou y el único puente de piedra de un arco aún en pie.

Desandamos parte del camino y acabamos el día paseando por Pingjiang, el barrio histórico mejor preservado de Suzhou, un buen ejemplo del urbanismo de la región del delta del Yangtze, con sus casas de paredes encaladas y tejas negras, pequeños puentes, pozos y arcos.

Hogar a lo largo de la historia de intelectuales, altos funcionarios y nobles, a finales de los ochenta fue objeto de un plan de protección y mejora que ha permitido conservar las características históricas y el ambiente del barrio, y embellecerlo. Un paseo muy recomendable, si además quieres descansar un poco en alguna de las cafeterías que se han abierto en edificios rehabilitados.

Al día siguiente, bien temprano porque el tiempo apremiaba, visitamos dos de los jardines más famosos de la ciudad.

El primero, el “Jardín de los leones”, es conocido por las montañas artificiales de roca caliza, cuyo pico más alto se parece a un león, y que contienen un laberinto con sinuosos caminos y cuevas, además de pabellones, terrazas y torres. Un sitio estupendo para que Gizmo corretee de buena mañana.

Desde allí, caminando, llegamos al “Jardín del administrador humilde”, el más afamado y arquetípico de los jardines de Suzhou, y al que suelen dirigirse los grupos de turistas que vienen a pasar el día procedentes de Shanghai, por lo que vale la pena visitarlo a primera hora. Con centro en un gran lago, ofrece pintorescos paisajes de colinas y estanques, islas conectadas por puentes, bellos pabellones decorados con muebles antiguos, dibujos y caligrafías, y una vegetación exuberante. Es el jardín privado más grande de China y quizás su gran extensión hizo que, de todos los jardines que visitamos, fuese el menos encantador, a pesar de sus méritos.

A riesgo de hacernos pesados, os volvemos a recomendar que, si visitáis Suzhou, pernoctéis en la ciudad. De esta manera, podréis visitar los jardines más populares con la relativa tranquilidad de primera hora y, además, se trata de una ciudad que gana cuanto más tiempo se le dedica.

GIZMO TE CUENTA

¡Os voy a sacar del error! Menudas tonterías dicen los papas y los libros. ¿Qué es eso de que los jardines de Suzhou pretenden representar la naturaleza en miniatura?

Es evidente que estos jardines son una construcción gízmica. Pequeños lagos con sus islitas y mini-puentes, laberintos de piedras, pequeñas montañas, bosquecillos, praderas con flores… Todo es a escala Gizmo, ¡hecho para que los Gizmos se entretengan y jueguen!

Mientras visitaba los jardines de Suzhou, podía imaginarme a los Gizmos de hace siglos absortos en la contemplación y buscando inspiración para escribir poemas, componer música, tener pensamientos profundos y tomar chocolate caliente, quiero decir, té. Incluso los nombres de los lugares evidencian la huella de los Gizmos: “pabellón de la escucha del sonido de la lluvia mientras te quedas dormidito”, “estanque donde se refleja la luna en primavera y chapoteas en los días de calor”, “pico cubierto de nubes ideal para jugar a esconderse”, “pagoda de la nieve voladora donde pegarte un atracón de helado”…