El campo

La Reserva Ecológica Chaparrí fue el destino de nuestra primera mañana en Perú. Campos de caña de azúcar, que llegó a América de la mano de los conquistadores españoles, flanquean la carretera de Chiclayo a la Reserva. Aquí la caña de azúcar aún se cultiva a la manera tradicional, esto es, quemando la planta y cortando después los tallos a golpe de machete; la producción es mucho menor y más laboriosa que con máquinas, pero no se daña la raíz de la planta y además se mantienen un buen número de empleos en una actividad clave para la economía de la región.

Después de 60 kilómetros por una carretera en buen estado llegamos al desvío de Chongoyape. Allí pagamos la entrada y conocimos a nuestro guía, un muchacho de ACOTURCH (Asociación para  la conservación y turismo de Chaparrí), la comunidad campesina que gestiona la reserva, y que nos organizó el transporte y la visita. Nosotros contactamos con ellos vía email. Si vais por libre os recomendamos confirmar un par de días antes de la llegada y también llevar documentados los precios acordados. Hicimos las dos cosas y aún así ¡se olvidaron de recogernos e intentaron cobrarnos bastante más de lo pactado!

En Chongoyape tomamos la pista, llena de baches, que tras 15 kilómetros llega a la puerta de la reserva. Ésta debe su nombre al imponente Cerro Chaparrí, que domina todo el paisaje. Sagrado para la cultura mochica y para los chamanes peruanos, según nos explicaron, nunca nadie ha coronado su cima. Evidentemente se refieren a un humano, porque es imposible que ningún Gizmo haya pasado por la región y no se haya encaramado al cerro ¡con la afición que tienen a las alturas!

La región había sido sobreexplotada por parte de los lugareños, pero hace un par de décadas el fotógrafo Heinz Plenge consiguió convencer a la comunidad de Chongoyape, cuyos dominios incluyen el territorio de Chaparrí, para apostar por el desarrollo sostenible y constituir la primera Área de Conservación Privada peruana, administrada por la propia comunidad.

Gracias a esta iniciativa, la reserva se ha convertido en una importante área de protección del bosque seco tropical, un ecosistema que se caracteriza por alternar estaciones lluviosas breves con estaciones secas más prolongadas y en el que predominan los árboles caducifolios (a los que la pérdida de las hojas permite conservar agua durante la estación seca), y también en el hogar de muchas especies endémicas y amenazadas, como el oso de anteojos andino, la pava aliblanca, el cóndor andino o el guanaco.

Dentro de la reserva existen varios circuitos que permiten conocer y disfrutar el paisaje y, si hay suerte, cruzarse con animales. Los guías de ACOTURCH están especializados en aves, y nos dio la impresión de que los circuitos de avistamiento de aves son sus preferidos, pero nuestro objetivo era el oso de anteojos. Si bien es muy difícil en una visita de medio día avistarlos en libertad, sí se puede llegar al centro de rescate, donde se prepara a los osos recuperados del cautiverio ilegal (mascotas, circos, etc.) para la reinserción en el medio natural a través de diferentes fases de cuidado y atención.

Ya hemos comentado en el primer post dedicado a este viaje que Chaparrí no nos pareció una visita imprescindible (el recorrido como tal duró dos horas y los traslados, cuatro) pero estamos contentos de haber conocido la reserva y aplaudimos a ACOTURCH por su valiente apuesta. Además, pudimos confirmar la atracción que Gizmo ejerce sobre toda clase de osos, pero eso mejor que lo explique él…

La ciudad

Dedicamos la tarde a pasear por Chiclayo, una ciudad fundada a principios del siglo XVIII y que ha crecido (sin ningún control) en las últimas décadas, hasta convertirse en la más importante de la región.

El núcleo de la zona histórica es la Plaza de Armas. Fue la primera plaza que visitamos y, aunque no resiste comparación con las de Chachapoyas, Cajamarca o Trujillo, es, junto con el mercado, lo más interesante de la ciudad. Alrededor de la plaza se ubican la monumental catedral, neoclásica y según diseño y planos de Gustave Eiffel, y varios elegantes edificios republicanos (como el ayuntamiento y un antiguo hotel reconvertido en centro comercial).

Desde la plaza, subiendo por la avenida Balta, enseguida se llega al Mercado Modelo. Pese a su poco prometedor exterior, vale la pena entrar y perderse por esta ciudad-dentro-de-la-ciudad; un lugar al que sólo le falta valor arquitectónico para competir con los bazares orientales. En la franja que colinda con la calle Arica está el Bazar los Brujos, donde se pueden adquirir hierbas y remedios utilizados por los chamanes. Como nosotros ya tenemos a los Gizmos y su “ruleta de las medicinas”, no necesitamos contratar a ningún curandero.

Caminar por el centro de la ciudad es fácil y no tuvimos ningún problema de seguridad, lo único molesto es el tráfico, que colapsa a bocinazos las estrechas calles adoquinadas. En nuestro recorrido nos acercamos también a las discretas Plazuela Elías Aguirre y Basílica San Antonio, antes de concluir nuestro primer día cenando en el (abundante pero también discreto) Café 900.

Los tesoros

El segundo día lo dedicamos a la razón fundamental de nuestra visita a Chiclayo: el tour a los complejos arqueológicos de Huaca Rajada y Túcume y la visita al Museo Tumbas Reales de Sipán, que contratamos con Moche Tours Chiclayo. Los tres sitios son absolutamente recomendables y, en particular, el Museo Tumbas Reales de Sipán justifica viajar hasta aquí a todo aquel con un mínimo interés por las culturas antiguas y la arqueología.

En el pueblo de Sipán, a 35 kilómetros de Chiclayo, se encuentra Huaca Rajada, donde en 1987 unos huaqueros (o saqueadores de pirámides) toparon con el que se considera unos de los descubrimientos arqueológicos más importantes del último siglo, a raíz del cual se forzó un cambio en la actitud del estado peruano (hasta entonces más bien laxa) para con los traficantes internacionales de arte robado. Se trata de un complejo formado por dos pirámides truncas (es decir, no acabadas en punta, ya que en su cima se levantaban templos o edificios de gobierno) y una plataforma masiva, que alberga varias tumbas mochicas, entre ellas, la del Señor de Sipán, la única tumba real preincaica hallada intacta en el Perú.

En este sitio arqueológico podemos ver in situ la reproducción de los restos y los ajuares y también un fantástico museo con las piezas de tres de los enterramientos encontrados después del 2002….¡tesoros hallados hace menos de 15 años!

El Museo Tumbas Reales de Sipán, ubicado en Lambayeque, está considerado uno de los más importantes de Sudamérica, y no le faltan razones. Inaugurado en 2002 y con un diseño inspirado en las antiguas pirámides truncas, alberga los tesoros mochicas encontrados en Huaca Rajada. La distribución y ambientación de la exposición ayudan a disfrutar y aprender con la visita.

La colección del museo está formada por las tumbas del Señor de Sipán, la del Sacerdote (llamado así porque fue encontrado con una copa de cobre dorado junto a su mano) y la del Viejo Señor de Sipán (en honor a su rango y mayor antigüedad).

El Señor de Sipán se halló en el centro de una cámara mortuoria, cobijado en un gran ataúd, y junto con los esqueletos de sirvientes, concubinas y guerreros, todos ellos sacrificados después de haber sido drogados con San Pedro, conforme a las creencias mochicas. El cuerpo del señor estaba cubierto de numerosos ornamentos, armas y emblemas de oro, plata y cobre. Las joyas más espléndidas eran unas orejeras de oro con incrustaciones de turquesa, y un collar formado por veinte frutos metálicos de maní, la mitad de oro y la otra mitad de plata, simbolizando lo que, siendo opuesto, resulta complementario. Un lingote de oro reposaba sobre la mano derecha y otro de plata en la izquierda. La mano derecha sujetaba además el símbolo de su poder: un cetro coronado por una pirámide invertida de oro, con relieves que representaban un jefe guerrero ricamente ataviado…

Cuando parece que todo está cartografiado al milímetro, nos preguntamos cómo debe de ser descubrir un sitio cuya riqueza y esplendor ha llevado a compararlo con la tumba de Tutankamon… Un sitio, además, en el que se sigue escribiendo la historia actual de la arqueología, porque desde el primer descubrimiento se han hallado doce tumbas más.

La cultura mochica entró en decadencia a raíz del fenómeno que acabó conociéndose como El Niño, muy importante en la historia de la región, y su lugar lo ocupó la cultura sicán o Lambayeque, de la que visitamos Túcume, la capital administrativa y ceremonial, edificada entre los siglos XI a XIV. En los flancos del Cerro la Raya, un enorme promontorio rocoso en el valle más fértil de la región, el complejo está formado por los restos de 26 pirámides de adobe, la mayor de las cuales tiene 700 metros de largo, 270 metros de ancho y 30 metros de alto, y que reflejan un sistema de crecimiento planificado y una compleja estructura social.

Las pirámides tenían formas geométricas, sus paredes estaban revocadas y, en algunos sectores, adornadas con coloridas pinturas murales y frisos, y, si bien en la actualidad, debido a los estragos de las lluvias, parecen más bien grandes cerros naturales amorfos, la acumulación de edificaciones y el tamaño de alguna de ellas vistas desde el cerro es espectacular, y lo cierto es que constituyen uno de los conjuntos monumentales más extensos e importantes del antiguo Perú.

GIZMO TE CUENTA

¿Osos enmascarados? ¿bosque seco? ¿pirámides que no acaban en punta? Chiclayo está envuelta en el misterio… pero nada que un buen Gizmo Viajero no pueda esclarecer. ¡Y vaya sí lo conseguí!

En Chaparrí tuve el segundo encuentro Gizmo-Oso tras el mítico entre Gizmo Mediado y los pandas en Chengdu. Queda totalmente confirmado: ¡a los osos les encantan los Gizmos! Nada más verme el Oso Enmascarado lo dejó todo para venir a saludarme a base de lametazos. ¿Se creería que por ser peludito y con las orejas grandes soy un osezno? No lo sé, pero me gustó mucho que quisiera jugar conmigo. Como siempre a los papas casi les da un ataque, pero es que son unos aburridos…

Al día siguiente todavía me duraba un poco el enfado por no poder tener un oso de mascota, pero se me pasó cuando empecé a ver cosas brillantes. En Huaca Rajada y en el Museo de las Tumbas Reales apunté muchas ideas para cuando los Gizmos tengamos que vestirnos elegantes, sobre todo unas orejeras de oro con incrustaciones de turquesas que, no sé por qué, creo que estaban hechas para nosotros…

En Tucumé los papas me explicaron que lo que parecían un montón de cerros amorfos en realidad eran pirámides truncas y que hace muchos años sus paredes estaban pintadas y adornadas con murales y frisos, pero que se habían deteriorado por culpa de las lluvias torrenciales. ¡Menos mal que en nuestra atalaya apenas llueve!

Ya casi tenía todos los misterios resueltos hasta que me explicaron que en aquella región se practicaban mucho los hechizos de amor, que son como encantamientos para conseguir que alguien que no te hace caso, se enamore de ti. Sigo sin entender mucho a que se refiere, pero dicen los papas que es porque nosotros tan adorables que estamos acostumbrados a que todos nos quieran nada más conocernos. ¿A quién habremos salido?