Tras nuestros días en las alturas de los Chachapoyas (que próximamente explicaremos), nos dirigimos a Cajamarca; digamos que otro tipo de destino… No nos cansaremos de repetir la sorprendente riqueza del norte del Perú, una región que permite adentrarte en paisajes muy diferentes en menos de un día de viaje, al mismo tiempo que la historia y el arte se acumulan y se superponen de manera apabullante. 

La carretera de Chachapoyas a Cajamarca vía Celendín al parecer es espectacular pero no apta para aprensivos o propensos al mareo. Al viajar de noche, sólo podemos confirmar las curvas pero no la belleza de las vistas; punto positivo: ojos que no ven, corazón que no siente.

Ya hemos explicado que este autobús fue el más corriente de todos nuestros transportes. Así que pasamos la noche sufriendo el “masaje africano” y estrechos. No estábamos de muy buen humor y el ambiente de la estación de Cajamarca no ayudó a mejorarlo. Decenas de taxistas asediándonos mientras unos nos decían que los otros no eran de fiar. A base de gruñidos nos libramos de ellos, y nos alejamos unos cientos de metros de la estación, parando un taxi en un cruce. Nada más desembocar en la Plaza de Armas, fue imposible seguir enfurruñados.

Dejando que Gizmo pusiera su carita adorable, conseguimos acceder a la habitación a pesar de lo temprano de la hora. Un poco de aseo y ya estábamos preparados. Bueno, aún faltaba algo… ¡Gizmo no había desayunado! Declarado el estado de emergencia, llegamos al Cascanuez Café Bar justo antes de que los gritos de protesta y los lloros despertasen a toda la ciudad. El lugar nos gustó tanto que repetimos una tarde a la hora de la merienda. Recordar los pasteles de este café y los helados de la Heladería Holanda, en la Plaza de Armas, hace que Gizmo todavía se relama.

Ahora sí, con la barriguita feliz, podíamos empezar la visita. El primer día lo dedicamos al centro de la ciudad y el segundo a realizar un par de excursiones por los alrededores.

Rodeada de una pintoresca campiña, Cajamarca es una de las ciudades históricas del Perú, y la más importante de la sierra norte. Hacia 1450, fue anexada al imperio incaico y se convirtió en un centro administrativo estratégico y en un sitio de descanso de la realeza cusqueña. En las afueras de la ciudad, todavía funcionan las aguas termales conocidas como los “Baños del Inca”, que no visitamos.

En 1532, en el lugar donde hoy se encuentra la Plaza de Armas, sucedió un hecho que cambió el destino de todo el continente latinoamericano: Francisco Pizarro apresó al Inca Atahualpa. De ahí la multitud de carteles “El encuentro entre dos mundos” que diseminados por todo el casco antiguo rememoran ese episodio y explican también el sentimiento antiespañol que nos pareció percibir en los guías locales.

Sigamos con la Historia… A cambio de su liberación, el Inca ofreció llenar un recinto con oro y plata traído desde todo su Imperio, a pesar de lo cual, casi un año después, los españoles lo ejecutaron.

De la época incaica quedan pocos vestigios, siendo el principal el llamado “Cuarto del rescate”, donde Atahualpa estuvo recluso. Es una de las mayores atracciones turísticas de la ciudad, a pesar de consistir en unos cuantos sillares formando una estancia a la que no puede accederse y en la que se ve la marca en la pared que señala la altura a la que debían llegar los metales preciosos como pago a la liberación de Atahualpa.

Otros de los escasos restos pre-hispánicos de la ciudad se encuentran en la cima de la colina de Santa Apolonia, 200 metros al sur de la Plaza de Armas, cerro que domina el centro de la ciudad. Los conocidos como “Asientos del Inca” eran en realidad altares de sacrificio para los ritos religiosos.

Subimos los 300 peldaños hasta la cima de la colina para disfrutar de una buena una panorámica, pero creemos que las casonas coloniales lucen mejor a pie de calle y no desde las alturas. Según la agencia de turismo, por una cuestión de seguridad, la subida es mejor realizarla por la mañana o al mediodía.

La ciudad alcanzó su apogeo en el s. XVII con el descubrimiento de las minas de plata y su relativo aislamiento ha facilitado la conservación de los espléndidos edificios religiosos y civiles de la época colonial, el gran patrimonio artístico de la ciudad.

Los monumentos más destacables están cerca unos de otros, así que la mejor manera de recorrer el centro histórico es a pie, disfrutando de las calles adoquinadas y los edificios con restos de portalones y ventanas tallados en piedra.

Conviene tener en cuenta que los horarios de las iglesias en Cajamarca son irregulares; por eso os recomendamos pasar por la oficina de IPERÚ en Jr. Cruz de Piedra 601 para que os los indiquen y poder planificar mejor la visita.

Toda visita a Cajamarca comienza en la Plaza de Armas, una de las más hermosas y grandes del Perú. A su alrededor se levantan la Catedral, la iglesia San Francisco, el edificio de la Municipalidad y bonitas casonas.

La Catedral, de la segunda mitad del siglo XVII, constituye una de las cumbres del barroco andino, con una reconocible fachada, íntegramente en roca volcánica, y tres puertas de ingreso que corresponden a las tres naves. Su ornamentación combina columnas en espiral, cornisas y hornacinas finamente talladas. En el interior sobresale el altar mayor, tallado en madera y laminado con pan de oro, y en el que aparece representada Santa Catalina, en cuyo honor se erigió la catedral. Tal vez os llame la atención el aspecto inacabado de la fachada, al igual que la Iglesia de Belén, sin campanario. Resulta que la metrópolis cobraba un impuesto sobre todos los edificios finalizados, así que la Iglesia, con tal de no pagar el IBI, dejaba las cosas a medias…

Cruzando la plaza se encuentra la Iglesia de San Francisco. Su construcción comenzó en 1699 y culminó casi cien años más tarde. La imagen de la Virgen Dolorosa, patrona de la ciudad, se encuentra en la capilla adyacente a la iglesia, con un espectacular interior tallado en roca volcánica que no hay que perderse. A mediados del siglo XX se descubrieron bajo el altar mayor unas catacumbas con los restos de miembros de la orden franciscana y de la nobleza indígena. Ahora se pueden visitar en el Museo de Arte Religioso, que también da acceso al interior del claustro del antiguo monasterio; escaso interés, pero la entrada no es cara.

Saliendo por el lateral de San Francisco y subiendo por la calle Belén, se llega en seguida al hermosísimo conjunto monumental de Belén, conformado por la iglesia y los dos antiguos hospitales para indígenas, uno de hombres y otro de mujeres (razón por la que en su fachada aparezca una mujer con cuatro senos, símbolo de fertilidad).

Desde la bonita plazoleta situada delante, se disfruta de la espléndida fachada de la iglesia, que, al igual que las anteriores, fue construida utilizando roca volcánica y de la que destacan el pórtico esculpido, las torres inconclusas (¡defraudar!) y, en los laterales, los arcos y contrafuertes. No hay que dejar de visitar el interior de la iglesia y los hospitales. En el de Mujeres se encuentra el Museo Arqueológico y Etnográfico.

Al final de la calle Amalia Puga, se encuentra el conjunto de La Recoleta, el más discreto de los cuatro. Vale la pena por la fachada de la iglesia, que tiene forma de retablo plateresco neoclásico, con elegantes campanarios en lugar de torres.

Un paseo por las calles que rodean estos monumentos completa una fantástica jornada.

Dedicamos nuestro segundo día en Cajamarca a conocer los alrededores. Para ello, contratamos dos excursiones con Mega Tours a los complejos arqueológicos de Cumbemayo, por la mañana, y de Ventanitas de Otuzco, por la tarde.

Cumbemayo dista 20 kilómetros de la ciudad. El complejo incluye un canal preincaico de 8 kilómetros en el que hay grabados algunos petroglifos, y algunas cuevas también con grabados. Todo ello, rodeado por un bosque de piedras que, como si de una mini Capadocia peruana se tratase, parecen adoptar diversas figuras (los “frailones” son las más populares), si bien hay que echarle bastante imaginación. No nos arrepentimos de haber realizado la excursión, sobre todo por el interés del paisaje del bosque de piedras.

Por el contrario, creemos que el tour a Ventanitas de Otuzco no vale la pena… para nada.

La necrópolis de Otuzco constituye uno de los monumentos preincaicos más carismáticos de la región por el particular aspecto que ofrecen los nichos cuadrados o rectangulares tallados en la superficie rocosa de origen volcánico en filas consecutivas

El problema es que antes de llegar a Otuzco, hay que pasar por un puente colgante, un jardín de hortensias y una fábrica de productos lácteos, además de varias tiendas de souvenirs baratos, que, por su nulo interés, suponen una pérdida de tiempo. Nuestra recomendación es que, si queréis  conocer Otuzco, y puesto que el sitio está a solo 8 kilómetros de la ciudad, alquiléis un taxi. ¡Ahorraréis dinero y, sobre todo, tiempo!

GIZMO TE CUENTA

Cajamarca es una ciudad colonial muy bonita y todo eso, pero lo que los papas no han dicho es que su carnaval es el más importante del Perú. A los Gizmos, las fiestas de disfrazarse y de no parar de cantar y de comer son las que más nos gustan, así que hemos decidido formar una comparsa los 19 y volver como sea a Cajamarca.

¡Hasta hemos escrito una copla carnavalera, con la que lo vamos a petar! (No le digáis a nadie, pero nos hemos inspirado en el “Cilulo“…):

Qué lindo es el carnaval – ¡Sí, Gizmo! [bis]

Te pintan toda la cara – ¡Sí, Gizmo!

Hay disfraces de colores – ¡Sí, Gizmo!

Desfilamos por las calles, huaylulo [bis]

A la una, a las dos y a las tres, un baldazo,

unsha, unshita hoy no te salvarás

pero el año que viene repetirás [bis]

Me gusta la rica chicha – ¡Ay, Gizmo! [bis]

Y las papas sancochadas – ¡Ay, Gizmo!

Me dan en todas las casas – ¡Ay, Gizmo!

Cantando con la guitarra, huaylulo [bis]

A la una, a las dos y a las tres, un baldazo,

unsha, unshita hoy no te salvarás

pero el año que viene repetirás [bis]

Arriba arriba Rey Momo – ¡Sí, Gizmo! [bis]

Vamos, vamos, a bailar – ¡Sí, Gizmo!

Haz que la fiesta no acabe – ¡Sí, Gizmo!

Qué lindo es el carnaval, huaylulo [bis]

A la una, a las dos y a las tres, un baldazo,

unsha, unshita hoy no te salvarás

pero el año que viene repetirás [bis]