El apóstol de California

El primer europeo que llegó a Alta California (el actual estado de California) fue el explorador español Juan Rodríguez Cabrillo, en 1542. No encontró grandes culturas como la azteca y la inca, y durante 200 años la región languideció como la última frontera del imperio.

En 1769, España, que necesitaba un puerto seguro en el noroeste del Pacífico para las rutas comerciales, envió una expedición desde el actual México a cargo de Gaspar de Portolá. Dicha expedición construyó el Presidio de San Diego, el primer asentamiento europeo permanente de los cuatro en que se dividió la región, siendo los otros tres Santa Barbara, Monterey y San Francisco.

Con de Portolá, viajaba el Padre Junípero Serra, un franciscano de origen mallorquín que desempeñó un papel crucial en la colonización de California mediante el establecimiento de 21 misiones, que se extendían a lo largo de la costa, en una ruta conocida como el Camino Real. En la actualidad, parte de su recorrido original corresponde a la carretera “US 101”, a lo largo de la cual encontramos una serie de campanas señalando la ruta.

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Tumba de Junípero Serra en Carmel

Veinte años antes, Junípero Serra había zarpado de Cádiz con destino a Nueva España. Por aquel entonces, las colonias españolas se restringían a centros urbanos, estando las áreas periféricas sin cartografiar y siendo los indios indiferentes, incluso hostiles, a los asentamientos. Estas áreas inexploradas fueron consideradas territorio misionero, y fue aquí donde Junípero Serra, que contaba con 36 años, pasó los siguientes diecisiete.

En 1767, Carlos III desterró a los jesuitas del imperio y encargó a los franciscanos que asumieran el control de las 14 misiones en Baja California, nombrando a Serra como el nuevo padre superior de la región.

Al año siguiente, establecieron presidios y misiones también en Alta California. Las nueve misiones fundadas por Serra entre 1769 y 1782 fueron San Diego de Alcalá, San Carlos Borromeo, San Antonio de Padua, San Gabriel Arcángel, San Luis Obispo de Tolosa, San Francisco de Asís, San Juan Capistrano, Santa Clara de Asís y San Buenaventura.

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Mission Dolores

Desde la sede de San Carlos Borromeo en Carmel, Serra viajó a las otras misiones para supervisar su trabajo y confirmar a los que habían sido bautizados. A lo largo de su vida, viajó miles de kilómetros por mar y tierra, hasta que en 1784, a la edad de 70 años, falleció en Carmel.

En 1821, México se independizó y Alta California pasó de colonia española a provincia mexicana. Las misiones fueron secularizadas y, con el tiempo, abandonadas…

Durante nuestro viaje por California, pudimos conocer cinco de estas misiones. Completar la ruta de las 21 nos parece un super viaje que esperamos poder emprender algún día. Será que nos hacemos viejos, pero cada vez nos resultan más atractivos los viajes con un hilo conductor que nos ayuda a descubrir no sólo la superficie y los grandes hits de las regiones que visitamos. Las visitas ocupan una hora aproximadamente, algo más si os entretenéis en los museos. Hay que tener en cuenta que los horarios son bastante incómodos, y que las misiones suelen cerrar a las 17:30 horas.

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San Miguel

Nuestras misiones

La primera de nuestras misiones fue San Carlos Borromeo, en las afueras de Carmel. Como hemos explicado, Junípero Serra no sólo hizo de esta misión su residencia sino que la convirtió en la sede de toda la cadena de misiones.

Serra deseaba construir aquí una iglesia de piedra al estilo de las de México y España. Por aquel entonces, la mayoría de iglesias misioneras se construían con adobe secado al sol, material más usado por los nativos, y eran tan permanentes como los techos de paja que protegían las paredes, es decir, poco. Sin embargo, la falta de materiales y de mano de obra con conocimientos técnicos retrasaron la consecución del deseo de Serra hasta años después de su muerte.

El Padre Lasuen, su sucesor, consiguió traer a un arquitecto y a albañiles que construyeron la iglesia actual, extrayendo la piedra de las montañas vecinas. San Carlos Borromeo fue la primera iglesia de California de piedra, sólo seguida por las de San Juan Capistrano y Santa Barbara.

La elaborada ornamentación interior conserva algunas pinturas y esculturas originales, y tanto en esta iglesia como en las restantes tiene su centro en el monumental retablo del altar, normalmente una pieza de artesanía mexicana, que los sacerdotes utilizaban como poderosa herramienta tridimensional de enseñanza.

San Carlos Borromeo, por sus características arquitectónicas únicas, como la bóveda de madera en forma de arco parabólico del techo o la cúpula morisca de inspiración europea, nos pareció la más espectacular de las misiones que visitamos.

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San Carlos Borromeo en Carmel

Pero la iglesia, si bien el núcleo de la misión, no es el único edificio destacable. Al fin y al cabo, estamos visitando algo parecido a un monasterio, salvo que en lugar de un claustro encontramos que un patio rodea la iglesia por un lado y en los otros se levantan una serie de edificios bajos que se destinaban a residencia de los sacerdotes, dormitorios, cocina o talleres. En el centro del patio, la Cruz de Caravaca señala el lugar donde Serra ofició los primeros servicios.

Este patio abierto es común a las misiones y suele albergar un jardín exuberante de árboles, huertos y fuentes. En Carmel, rodeando el patio interior, hay un corredor a la sombra muy agradable en los calurosos meses de verano.

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San Carlos Borromeo en Carmel

La apariencia actual de San Miguel, nuestra segunda visita, es muy similar a cuando fue construida, lo que contribuye a la sensación de autenticidad que desprende, e hizo de ella una de nuestras favoritas. Fundada en 1797 por el Padre Lasuen, es la que conserva las mejores pinturas murales originales, que realizó Esteban Munras de Monterrey con la ayuda de los nativos. El complejo dispone también de un precioso patio delante de la entrada, punteado por una arcada con columnas de arcos de diferentes diseños, y en el que se celebraban conversiones, banquetes o procesiones.

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San Miguel

San Miguel es una verdadera joya que, al no ubicarse en la carretera de la costa, no entraba en nuestros planes iniciales, y a la que nos acercamos cuando un desprendimiento cerró parte de esta carretera y nos forzó a tomar la carretera interior. Si en pleno siglo XXI, tuvimos la sensación de que estaba en medio de la nada, ¿cómo debía de ser la vida allí en el siglo XVIII?

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San Miguel

Santa Barbara, abrazada por los suburbios de la ciudad, fue la décima de las misiones californianas. La iglesia actual está considerada la más magnífica de todas las misiones, con un diseño que recuerda a los templos romanos y que está basado en principios geométricos y relaciones proporcionales que simbolizan el orden divino y transmiten hacia el exterior el mensaje religioso.

El complejo incluye, además de la hermosa iglesia, el cementerio histórico, un museo de piezas de arte y artefactos, y diversos y exuberantes jardines, entre ellos el huerto histórico, que cuenta con plantas y árboles de la época de la misión.

A pesar de la monumentalidad de Santa Barbara, no pudimos evitar cierta sensación de que en alguna restauración se les fue la mano, recreando un entorno un pelín idealizado. Por suerte, nos consta que hoy en día todas las misiones siguen normas de conservación internacionalmente reconocidas, incluyendo materiales y técnicas de construcción tradicionales.

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Santa Barbara

La cancelación de la excursión a Channel Islands nos dejó tiempo para acercarnos a la Misión San Buenaventura, la más modesta de las que visitamos, pero llena de encanto.

Una de las únicas tres misiones en el centro histórico del municipio donde se ubica (las otras son San Luis Obispo y San Gabriel), fue la última fundada en vida por Junípero Serra. Bajo la dirección del Padre Cambon, a quien Serra dejó al cargo, los nativos conocidos como Chumash construyeron un acueducto de 11 kilómetros, además de pozos, acequias, presas y compuertas, que transportaba el agua desde el río Ventura hasta los campos agrícolas, huertos, fuentes y lavanderías de la misión. Con abundante agua, la misión pudo mantener un floreciente jardín, sin duda, lo más especial del conjunto.

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San Buenaventura

Nuestra última parada fue una de las misiones más conocidas, llegando a dar nombre al barrio que la rodea. La iglesia de Mission Dolores es el edificio más antiguo de San Francisco y desde su construcción se ha utilizado sin interrupción para fines religiosos. La capilla es un ejemplo de arquitectura que fusiona elementos importados e indígenas, y es la más antigua que se mantiene intacta: espesas paredes de adobe, y techo soportado por troncos de secuoyas atados entre ellos con cuero. En el techo aún pueden apreciarse diseños tradicionales indios con tintes vegetales.

La basílica actual se terminó en 1918 y está adornada con hermosos vitrales, mientras que el cementerio alberga muchas tumbas de personas que fallecieron durante la Fiebre del Oro, cuando la ciudad fue testigo de muchas muertes tempranas, y también algunas significativas, como la del primer gobernador de Alta California bajo el gobierno mexicano o la del primer comandante del Presidio.

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Mission Dolores

Siempre adelante

Un misionero, solo, se acerca a un grupo de nativos y, con un altar portátil y la ayuda de un traductor, comienza a predicar… La construcción de una iglesia aún tardará en llegar…

Visitar las misiones gana significado si somos capaces de situarlas en un contexto caracterizado por la esperanza, la ambición y el espíritu de aventura. Con todas sus luces y sus sombras.

Es cierto que las misiones fueron sobre todo lugares para la conversión religiosa y la asimilación hacia las normas españolas, y que los misioneros observaban las culturas indígenas a través de su mentalidad colonial.

Los misioneros eran hombres duros de la frontera, convencidos de que a los neófitos había que tratarlos con disciplina. Se dice que nunca obligaron a nadie a integrarse en la misión, pero una vez dentro, ya no se podía abandonar. Los que escapaban eran localizados y devueltos. Los que no sucumbieron se convirtieron en enemigos.

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Santa Barbara

También es cierto que los misioneros trabajaban duro, y que introdujeron muchos cultivos a los indígenas, como cereales, vegetales y frutas venidos de España. En los ranchos se criaron ovejas, cabras, cerdos, mulas y caballos. Se abrieron sofisticados sistemas de riego que llevaban agua a unos campos secos. En la misión, los indígenas aprendieron los oficios de carpintero, albañil, zapatero, sastre, o se convirtieron en pastores y granjeros. Aprendieron a leer, escribir, cantar y tocar instrumentos.

Todo este sistema de misiones lo fundó Junípero Serra, quien, a pesar de sufrir de una pierna ulcerada, viajó por las misiones una y otra vez hasta su muerte. Su obsesión por crear una sociedad utópica en las tierras inexploradas nos pareció fascinante, digna de una superproducción cinematográfica o de una buena novela histórica.

Serra es el único español honrado con una estatua en el Capitolio de los Estados Unidos y en 2017 ha sido canonizado como Santo de la Iglesia Católica. En su homilía, el Papa Francisco se declaró hijo de la audacia misionera de tantos que prefirieron no encerrarse en las costumbres tranquilas, mientras afuera hay una multitud hambrienta, y se animaron a abrir caminos.

¿Dónde está la verdad? ¿A quién dar la razón? Visitar las misiones es un viaje en el tiempo que trasciende el esplendor de la arquitectura o la serenidad de los patios y nos recuerda que la experiencia humana es relativa y compleja.

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San Miguel

GIZMO TE CUENTA

Los Gizmos, por si no os habéis dado cuenta, somos misioneros que hemos llegado al Planeta Tierra para predicar los valores del Planeta Gizmo, aunque los terrícolas son tozudos y no se dejan convencer fácilmente (y así les va…).

A algunos terrícolas sí hemos logrado convertirlos, como, por ejemplo, los miembros del comité de la UNESCO que han designado la pizza napolitana como patrimonio de la Humanidad (¿quién creéis que está detrás de la decisión, moviendo los hilos?) o, más cerca, el papa Carlos y el papa Javi.

Al igual que los misioneros californianos enseñaron habilidades y oficios a los indígenas nativos, nosotros también les enseñamos cosas a los papas: a uno, a elaborar chocolate, y al otro, a elaborar cervecita. Mientras aprenden, pedimos que nos los traigan a casa.

Lo que nos está costando más es enseñarles a escribir un buen blog de viajes…

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San Carlos Borromeo en Carmel