Día 3: Warner Studios y downtown

Después de haber dedicado los primeros dos días a las playas de Los Angeles y el Paseo de la Fama, estábamos listos para uno de los hits en cualquier visita a la ciudad: el tour por los estudios de cine. Escogimos los estudios Warner por una razón evidente: ¡produjeron la peli de las criaturitas que viajan con nosotros!

Compramos entradas por internet para el primer turno de la mañana con bastante antelación, así que podemos haceros una recomendación para desayunar en los alrededores: Kings Deli y sus deliciosos pastramis.

La visita al estudio dura unas dos horas y es guiada. Empieza con un corto video y la distribución de los grupos por idiomas. Una vez subido al cochecito con el guía-conductor, se accede a lo que propiamente son los estudios bajo la vigilancia del icónico tanque de agua.

Si eres un cinéfilo clásico y lo que esperas es que te cuenten historias de un gran estudio o anécdotas de la edad dorada, vas a salir decepcionado; pocas son las referencias más atrás de los 90 y el archivo histórico no es visitable.

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Sets exteriores de Warner Studios

Lo que sí es visitable son los sets exteriores, donde estructuras genéricas se transforman en lugares que luego pasan a ser emblemáticos, como la plaza del pueblo de Kingston Falls o el café donde trabaja la protagonista de La La Land. También se recorre parte del departamento de utilería: pasillos y pasillos con todo el atrezzo que los directores artísticos colocarán en los sets de rodaje.

Hay un par de exposiciones dedicadas a las películas del momento; en nuestro caso vimos trajes y complementos de los superhéroes de DC y Harry Potter (sombrero seleccionador incluido), así como un montón de “Batmovils”.

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Exposición de Harry Potter

Y, antes de llegar a la tienda (decepcionante) y pasar por la reproducción del “Central Perk” de Friends donde puedes hacerte unas cuantas fotos en el sofá, visitas lo que tal vez fue la parte más memorable: los estudios.

Edificios como hangares donde se ruedan películas, programas y series de televisión. Si eres fan de Big Bang Theory, tal vez te dé un poco de envidia saber que hemos visto en directo los pisos de Sheldon y de Penny.

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Central Perk

Acabada la visita, condujimos hacia el downtown. Por la noche teníamos entradas para la ópera (estreno de la temporada, alfombra roja incluida, que resultó un bodrio con un decorado de cartón peor que en un teatro amateur), así que dedicamos la tarde a pasear por la zona.

Empezamos el paseo por la zona histórica de la ciudad. El Pueblo de Los Ángeles fue fundado en 1781 por colonizadores españoles, y es uno de los dos únicos pueblos californianos que se conservan. En la actualidad es una reivindicación de la cultura chicana. La plaza es el centro de la comunidad y está rodeada de numerosos edificios históricos, como la iglesia de Nuestra Señora La Reina de Los Ángeles, el Avila Adobe (la residencia más antigua de la ciudad) en la calle Olvera (una calle peatonal convertida en mercado mexicano), el templo masónico de estilo italiano o el Teatro Merced en revival renacentista. La visita no lleva mucho tiempo y vale la pena. Además, de haberlo sabido, habríamos comido allí a base de tacos y enchiladas.

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Nuestra Señora La Reina de Los Ángeles

De El Pueblo, un corto paseo lleva a Little Tokyo, el distrito histórico japonés. Después de Pearl Harbor, más de 120.000 japoneses-americanos fueran evacuados a campos de concentración, poniendo fin a la prosperidad de Little Tokyo, que había sido la comunidad japonesa más grande en los Estados Unidos. En los últimos años, ha habido intentos para revitalizar y preservar la historia del distrito. Callejear un rato no supone una gran pérdida de tiempo, pero si sientes curiosidad por la historia y cultura japo-americana, el Japantown de San Francisco es más interesante.

En Estados Unidos, habitualmente, el downtown de las grandes ciudades suele ser un lugar de negocios que, al atardecer, los fines de semana y los festivos, se vacía inquietantemente. Los Angeles no es una excepción y conviene tener esto presente a la hora de planificar la visita a una zona que concentra buena arquitectura moderna y contemporánea, como la deslumbrante construcción en metal del Walt Disney Concert Hall, de Frank Gehry, la catedral de Nuestra Señora de los Ángeles, de Rafael Moneo, el monumental Ayuntamiento, que fue el primer rascacielos de la ciudad, Unión Station, Central Library o el Bradbury Building.

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Ayuntamiento de Los Angeles

Día 4: miradores, Observatorio Griffith y Getty Center

Intentando superar el trauma de los vestidos de gitana de la Carmen de la noche anterior, empezamos el día con un buen desayuno en el Dialog Café, un acogedor local en el Sunset Strip.

Una exhaustiva investigación previa nos había decantado por Lake Hollywood Park para tomarnos la imprescindible foto con el icónico cartel de Hollywood.

Un buen GPS es absolutamente necesario para conducir por la zona residencial en la colina. Aparcar no es fácil; nosotros tuvimos que dar un par de vueltas, y eso que llegamos temprano. También hay que tener en cuenta que el sitio está alejado de todo y que sólo vale la pena por las vistas del cartel, por lo que si no se tiene interés, mejor obviarlo… pero que conste que te quedarás sin la foto más típica de todas… ¡allá tú!

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Lake Hollywood Park

El parque es básicamente una explanada para que los vecinos saquen a pasear a sus perro pero brinda unas vistas fantásticas para fotografiar el cartel. Puedes tomar la foto en el mismo parque y también puedes bordearlo por arriba para buscar otro ángulo.

Nuestra siguiente parada fue el Observatorio Griffith. Aparcar aquí sí fue misión imposible (era domingo por la mañana), y tuvimos que dejar el coche a tres kilómetros del observatorio y pegarnos una buena caminata por la carretera a pleno sol.

Situado sobre una colina, nos pareció el mejor lugar para apreciar la enorme extensión de Los Ángeles. Las vistas de la ciudad son realmente increíbles.

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Vistas desde el Observatorio Griffith

Además, el observatorio se ubica en una zona con muchas opciones de caminatas aunque, sinceramente, bajo el sol inclemente del verano, la idea de ponernos a caminar por lo que no dejan de ser secarrales, no nos sedujo. El edificio con sus cúpulas es de lo más fotogénico y ha salido en muchas pelis, de Rebelde sin causa a La La Land. Pasamos por alto las exposiciones del interior.

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Observatorio Griffith

Woody Allen le decía a Diane Keaton en Annie Hall, refiriéndose a Los Angeles: “No quiero mudarme a una ciudad cuya única ventaja cultural es poder girar a la derecha con el semáforo en rojo”. Después de tres días en la ciudad, entre playas para musculosos, atracciones de feria y exposiciones con el sujetador de Wonder Woman, empezábamos a pensar que la afirmación de Allen era más que una mera provocación, cuando llegamos al Getty Center.

Sólo por el edificio de travertinos y pabellones revestidos de metal blanco, y las vistas panorámicas desde las terrazas vale la pena llegar a este remoto lugar; de hecho, se organizan tours centrados en la arquitectura.

Hay que aparcar al pie de la colina junto a la autopista y tomar el funicular que sube por la ladera. Una gran escalera conduce a una rotonda espaciosa y luminosa que funciona como vestíbulo y que se abre a un patio lleno de fuentes rodeado por seis pabellones que albergan las colecciones.

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Getty Center

La de pintura es excepcional, y hay representación italiana (Masaccio, Carpaccio, Mantegna, Fra Bartolomeo, del Piombo, Veronés, Tiziano), de los Países Bajos (van Dyck, Rubens, Rembrandt) y francesa (Poussin, Watteau, Millet, Géricault, además de todos los impresionistas y postimpresionistas), aunque, para nuestra sorpresa, se detiene en 1900, sin adentrarse en las vanguardias; y tampoco cuenta con una sección dedicada a la pintura estadounidense.

Vale la pena dedicarle medio día al museo y disfrutar del sitio. También es cierto que, a pesar de su espectacularidad, la colección no puede competir con los museos europeos, ni resulta sorprendente o novedosa en algún sentido. Al igual que en Hearst Castle, no deja de parecernos curiosa esta obsesión de los norteamericanos (muy) ricos por, a base de talonario y subasta, abastecerse de arte clásico europeo y apilarlo sin ningún criterio aparente, con el objetivo nada indisimulado de dotarse de una especie de pedigrí cultural, del que por alguna razón se sienten faltos de origen. Seguramente, sea envidia cochina de nuestra parte…

Cenamos en la pizzería Prova Pizzeria. Lo cierto es que ni este restaurante, ni Ajisai, donde habíamos cenado dos noches antes, ambos en West Hollywood, fueron experiencias memorables. Nos acostamos temprano: al día siguiente nos esperaba un largo día de carretera hasta las puertas del Gran Cañón.

GIZMO TE CUENTA

Nos parece genial que Gustavo, Mickey, Godzilla y Bugs Bunny tengan su estrella en el Paseo de la Fama… pero ¿dónde está la nuestra? Recorrimos el paseo arriba y abajo, buscándola. Totalmente furiosos (no por eso dejamos de resultar adorables), exigimos explicaciones a los señores de la Cámara de Comercio, los responsables de poner las estrellas.

Se deshicieron en disculpas, como no podía ser de otra manera. Tampoco ellos entendían cómo era posible que los Gizmos no tuviéramos aún nuestro nombre en el Paseo de la Fama, y se comprometieron a arreglarlo en la primera ocasión. ¡Menos mal!

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Los Gizmos Viajeros con el cartel de Hollywood!

Al día siguiente teníamos la cita en los estudios Warner para negociar el contrato de nuestra tercera película, verdadero motivo del viaje a California; así que dejamos a los papas en la visita guiada mientras nosotros nos reuníamos con los mandamases de Warner.

Steven nos dio la copia del guión que Chris había escrito. La cláusula de confidencialidad no nos permite revelar detalles del argumento, pero sí diremos que ¡va a ser la bomba! La historia es emocionante, te ríes, lloras, hay suspense, acción, cantamos, bailamos, hay escenas para el lucimiento de unos grandes actores (que somos nosotros)… ¡Estamos deseando empezar a rodar! A Mark Wahlberg le queda poco tiempo como actor mejor pagado…

Dos Gizmos Viajeros llegamos a Los Angeles y tres salimos de allí, con un contrato de película y una estrella en el Paseo de la Fama… ¡Misión cumplida!

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Los Gizmos Viajeros en el Observatorio Griffith