Casi 800 kilómetros separan Los Angeles de Grand Canyon Village, en el “south rim”, una distancia que la mayoría de turistas cubre en dos días.

Investigando la manera de hacer menos tedioso el desplazamiento, descubrimos que el trayecto discurre por algunos tramos de la histórica Ruta 66, la “madre” de todas las carreteras estadounidenses.

La Ruta 66 ocupa un lugar especial en la conciencia estadounidense. Durante la sequía de la década de 1930, facilitó la emigración de agricultores hacia el oeste. Durante la Segunda Guerra Mundial, transportó tropas y suministros a través de ocho estados. En los años 50, apogeo del automóvil, simbolizó la libertad de los grandes espacios abiertos…

A partir de los años 60, los conductores la abandonaron progresivamente en favor de las nuevas autopistas interestatales. Hoy en día, sus negocios luchan por sobrevivir, y su entramado de diners, moteles y gasolineras, un cuadro de la América del siglo XX, está en clara decadencia.

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Así que con el espíritu de unos mad men californianos salimos bien temprano de Los Angeles y a punto estuvimos de atropellar a Denis O’Hare… ¡con todo lo que nos gustan sus papeles en las series de Ryan Murphy!

La primera parada, a dos horas de Los Angeles, fue Peggy Sue’s, un diner que reabrió en 1987, con un menú aceptable y que, debido a que no sólo lo frecuentan turistas sino también camioneros y personal de una base militar cercana, aún conserva cierta autenticidad. El sitio no pasa de ser una acumulación de recuerdos pintorescos de los años 50 y 60 de la televisión y el cine norteamericanos. Eso sí, a los Gizmos, desayunar tarta les encanta.

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Peggy Sue’s

A la altura de Needles (¡primera vez que cruzamos el río Colorado!) nos desviamos hasta Oatman, un antiguo pueblo minero abandonado que ha experimentado cierto renacer gracias a su principal “atracción”: los burritos salvajes que campan por la calle principal. Oatman es un decorado “Far West” con tiendas cutres y toques new-age del que huimos apenas cinco minutos después de bajarnos del coche.

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Oatman

¿Vale la pena el desvío? Pues resulta que sí, porque a la salida del pueblo te espera uno de los tramos de carretera más hermosos de la ruta: el que asciende hasta Kingman por los terrenos desérticos del Sitgreaves Pass… ¡aunque las pendientes pronunciadas, los carriles estrechos y las curvas cerradas sólo van a permitir disfrutar del paisaje a los acompañantes del conductor!

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Sitgreaves Pass

En Kingman paramos a comer en otro de los diners que los foros calificaban de imprescindible, Mr. D’z: ¡un fiasco! La comida es mediocre, el servicio desganado y el sitio, un decorado. Después de las decepciones de Oatman y Mr. D’z, decidimos poner rumbo directo a Flagstaff, limitándonos a disfrutar del paisaje, sin más paradas.

Somos conscientes de la importancia de preservar un paisaje tan icónico como el de la extensa Ruta 66, también como una oportunidad de desarrollo de las innumerables comunidades que atraviesa. Sin embargo, si este desafío se resuelve convirtiendo la Ruta 66 en un parque temático estancado en la nostalgia, creemos que el fracaso será mayúsculo.

Si bien leímos buenas opiniones sobre Williams, Seligman o Kingman, ese primer día llegamos hasta Flagstaff, a apenas cincuenta kilómetros de Williams, y que nos parece una base perfecta para explorar un puñado de sitios interesantísimos.

La verdad, los alrededores de Flagstaff fueron una de las más gratas sorpresas del viaje.

En el poco más de medio día de que dispusimos logramos visitar tres monumentos nacionales (dentro de la red de Parques nacionales): Sunset Crater Volcano, Wupatki y Walnut Canyon; y nos quedamos con las ganas de conocer otros como Sedona, Oak Creek Canyon o Montezuma Castle, además de la propia ciudad.

Si disponéis de un par de días, no los malgastaréis si se dedican a los parques de Arizona.

Los Gizmos aún roncaban en su bolsa cuando nos presentamos en la puerta del Parque Nacional que engloba Sunset Crater Volcano y Wupatki. Compramos el pase anual (una de las mejores inversiones del viaje, así que desde aquí agradecemos al amable ranger que nos lo propuso) y nos adentramos en un sorprendente paisaje volcánico: ahí es cuando tres Gizmos se despertaron al grito de ¡montaña bum-bum!

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Sunset Crater Volcano

El Sunset Crater Volcano es un parque que protege campos de cenizas, flujos de lava y ruinas arqueológicas. En medio de la lava endurecida, las flores silvestres y los árboles proporcionan un colorido contraste a la poderosa imagen del volcán, que no se puede ascender, aunque sí es posible caminar por su base en un recorrido que tiene un aire de paisaje lunar. También se puede ascender el Lenox Crater, una caminata circular de 2,5 kilómetros.

La ignorancia es atrevida y admitimos que nunca pensamos en Arizona como una región de volcanes, así que ver aquellos conos truncados nos dejó anonadados.

La explosión del volcán Sunset, alrededor del 1085, destruyó el paisaje de los alrededores, dejando montañas donde había habido prados, y forzó a los pueblos nativos de la zona, los indios Sinagua, a abandonar sus pequeños asentamientos y desplazarse hacia otras regiones cercanas, como Wupatki y Walnut Canyon.

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Sunset Crater Volcano

En estos nuevos asentamientos la agricultura prosperó gracias a que la actividad volcánica había enriquecido el suelo, mejorando la retención de humedad. Los Sinagua establecieron relaciones comerciales con otros pueblos antiguos hasta que, por razones misteriosas quizás relacionadas con una extensa sequía o la sobreutilización de los recursos naturales, abandonaron el área alrededor de 1250. Muchos creen que los Hopi y los Navajo son sus descendientes.

Por cierto, a día de hoy no es difícil imaginar el porqué del nombre “sinagua” dado por los primeros colonos españoles de la región.

Sunset Crater Volcano y Wupatki están conectados por una carretera de 56 kilómetros donde se pueden apreciar los abruptos cambios en el paisaje ocasionados por la actividad volcánica y la erosión. El paisaje evoluciona de los picos nevados y los exuberantes bosques de pinos y de enebros a las praderas abiertas semidesérticas. La visita de ambos sitios, si se pretende caminar por los senderos, lleva unas cuatro horas.

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Sunset Crater Volcano

En Wupatki, ubicado entre la pintoresca región conocida como “Desierto Pintado” y las montañas del norte de Arizona, se construyeron diversas aldeas de rocas rojas, la más grande de las cuales, además de lugar de reunión y centro ceremonial, fue Wupatki Pueblo, habitado por unas 100 personas.

Desde el centro de visitantes un fácil sendero circular de casi un kilómetro recorre las ruinas del asentamiento, con diversos habitáculos, una sala comunitaria y una sala de juego de la pelota.

Las amplias vistas de la meseta, el aire límpido, el silencio y la soledad del lugar, contribuyen a que uno pueda imaginarse como debieron sentirse sus pobladores originales.

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Wupatki

Walnut Canyon fue la tercera parada de la mañana y, para nosotros, la más espectacular, sobre todo por el paisaje: un profundo desfiladero de 20 kilómetros de largo tallado en la piedra como resultado de la erosión del agua a lo largo de millones de años, en un entorno de bosques de pinos.

Las salientes formadas por el serpenteante arroyo dejaban nichos naturales poco profundos que protegían a los pueblos nativos de la nieve y la lluvia, y daban sombra en los meses de verano. En algún momento entre 1100 y 1250, se calcula que más de 100 personas vivieron aquí.

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Walnut Canyon

El Rim Trail es un paseo corto y fácil a lo largo del panorámico borde superior del cañón, en medio de un silencio sólo roto por los graznidos de los cuervos y los cantos de los reyezuelos (y quizás por los chillidos de los grupos de escolares que han venido de excursión). El otro sendero, el Island Trail, sigue el sinuoso meandro del arroyo y es más exigente (desciende casi 60 metros verticales), aunque completamente pavimentado con varios conjuntos de escaleras, y que recompensa ​​con vistas cercanas de las habitaciones, lugares de reunión y tumbas en acantilados. Fósiles de vida marina, abandonados por las aguas en retroceso de un antiguo mar, se han adherido a las paredes del cañón superior. 

Después de una mañana super intensa a lo largo de la cual pasamos de los volcanes al desierto y de allí a los bosques, volvimos a Flagstaff a comer, y pusimos rumbo al Gran Cañón por otra bonita carretera panorámica, la 180.

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Walnut Canyon

Gizmo te cuenta

Les dijimos a los papas que ya habíamos terminado nuestros asuntos en Los Angeles, así que podíamos seguir el viaje.

Llegar hasta Arizona fue un poco aburrido, pero lo compensamos cantando y comiendo galletas y patatas en la parte de atrás del coche, mientras mirábamos por la ventana.

¡No estábamos preparados para lo bien que nos lo pasamos en aquel pueblo de Arizona!

Nos despertamos a la sombra de una montaña bum-bum y nos dejaron corretear por unos campos de lava, aunque cuando estábamos a mitad de nuestra aventura como Gizmos-vulcanólogos nos llevaron a unas ruinas indias en el desierto.

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Sunset Crater Volcano

Con la facilidad de cambiar de atuendo que tenemos, ya estábamos vestidos de navajos cuando volvieron a meternos en el coche y nos hicieron descender un cañón con un montón de casas en las paredes.

Bueno, la verdad es que nosotros nos subimos a la mochila mientras los papas se encargaban de los escalones, pero cuando llegamos abajo nos encantó el sitio. A los Gizmos también nos gusta vivir en los bosques cerca de los ríos… o en la ciudad cerca de una pastelería.

Fue una mañana super completa y movida… y todavía nos quedaba otra aventura digna de los mejores Gizmos Viajeros…

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Walnut Canyon