Para el trayecto de Asuán a Luxor decidimos que había llegado el momento de embarcar a Gizmo en su primer crucero (y el nuestro). El primer crucero de Gizmo no era algo que él se pudiese tomar a la ligera así que, tras una concienzuda investigación (según dijo), nos presentó las dos opciones que existen para surcar el Nilo: los grandes barcos con piscina, animación, bla bla bla, y las dahabiyas, embarcaciones mucho más pequeñas, sin tantos “lujos” (por llamarlos de algún modo), pero también innegablemente más caras. Luego resultó que también hay las falucas, embarcaciones aún más pequeñas y sin camarotes, pero esa opción se la calló. ¿Será que los Gizmos se están volviendo unos comodones?

_DSC0317 copia
Dahabiya Loulia

Como ya hemos contado, optamos por la dahabiya Loulia. La experiencia fue genial y queremos resaltar algunos aspectos:

  1. Descartamos todos los cruceros que incluían visitas en Asuán y/o Luxor, que preferíamos hacer por nuestra cuenta.
  2. Las dahabiyas no sólo ofrecen una experiencia más “personalizada” o “exclusiva” sino que pueden llegar a lugares inaccesibles a los grandes barcos. Los pasajeros de las dahabiyas tampoco tienen horarios acotados de llegada y de permanencia en los sitios.
  3. En las dahabiyas, hay dos tipos de camarotes: las suites y las suites con terraza. Todos los pasajeros habíamos reservado las suites, así que a medida que llegabas te enseñaban las preciosas suites con terraza, por si querías pagar la diferencia. Como nadie estuvo dispuesto a hacerlo, a las dos últimas parejas las recolocaron en las suites con terraza. Consejo: llegad los últimos y quizás os beneficiéis de un fantástico upgrade.
  4. Nunca navegamos a vela. Al tratarse de un barco de principios del siglo XX, no se le pueden hacer obras para añadirle un motor por lo que un par de barcas secundarias nos arrastraban río abajo y alimentaban de electricidad la dahabiya unas cuantas horas al amanecer y al anochecer.
  5. Tómatelo con calma y prepárate para matar el tiempo en cubierta con un libro, música… En pleno arrebato de cliché nosotros nos llevamos “Muerte en el Nilo”, de Agatha Christie, y resulta que no pasa en una dahabiya sino en un barco grande.
_DSC0225 copia
Suite de la dahabiya Loulia

Avanzábamos hipnotizados por el paisaje de las orillas del Nilo, uno de esos lugares que parecen congelados en el tiempo, cuando realizamos nuestra primera parada en mitad de la nada. Gizmo preguntó si era hora de comer, pero en realidad era hora del baño. No necesitó que colocaran la pasarela: una pequeña bola de pelo saltó al Nilo y tuvimos que ir corriendo detrás. Una experiencia única aunque a nosotros, que somos mediterráneos, cualquier agua por debajo de los 25 grados nos parece glacial.

_DSC0237 copia
Baño en el Nilo

Tras el almuerzo vegetariano (así todos los días), llegamos al impresionante (en este viaje los adjetivos grandilocuentes son muy difíciles de evitar) templo de Kom Ombo, que recibe a los visitantes desde un promontorio en la orilla.

Se trata del único templo de Egipto dedicado a dos dioses: Sobek, el cocodrilo, y Haroeris, uno de los dioses halcón.

Son bellísimas las columnas de las salas hipóstilas y destaca la simetría del templo dada su doble advocación. Pero tal vez lo que más nos llamó la atención fue el corredor exterior, donde empezamos a entender, gracias a la explicaciones de nuestro guía, cómo era la vida en el Egipto faraónico. Los relieves de esta parte del templo, la única pública, muestran no sólo las típicas escenas de dioses y faraones, sino también material quirúrgico, se cree que debido a que el lugar pudo ser un centro de “sanación”, o escenas de juegos, seguramente una manera de matar el tiempo para aquellos que esperaban la respuesta del dios a través de unos agujeros en la pared trasera desde donde en realidad hablaban los sacerdotes… o un Gizmo haciendo voces.

Justo al lado del templo se encuentra el Museo de los Cocodrilos, muy interesante, con un montón de momias de estos animales sagrados.

_DSC0289 copia
Gizmo Akihavara en Kom Ombo

Encantados con la visita pero huyendo como locos del sol retomamos la travesía hasta el punto de atraque nocturno, frente a las capillas de la antigua cantera de Gebel Silsila, un lugar increíblemente tranquilo y hermoso desde donde presenciar la llegada del anochecer.

_DSC0302 copia
Salida de sol en el Nilo

Despertamos con el reflejo del sol sobre el Nilo y desayunamos en cubierta con vistas a las capillas. Una vez en tierra la visita fue solitaria (los únicos turistas) y muy interesante, no por la calidad artística de las capillas o las pocas tumbas del lugar (si bien fue la primera vez que vimos restos bien conservados de pinturas decorativas) sino por poder conocer el lugar de donde provienen algunos de los inmensos bloques de piedras de los monumentos faraónicos.

_DSC0329 copia
Gebel Silsila

La precisión de la talla y el transporte parecen sobrehumanos para una civilización de hace miles de años, y si tu guía tiene cierta tendencia a la teoría de la conspiración extraterrestre, pues el asunto no queda muy claro…

Punto importante: mi padre siempre dice que si haces obras en casa, debes guardarte una caja extra de baldosas para tener de repuesto en caso que se rompan las originales ¡pues resulta que en el antiguo Egipto hacían exactamente lo mismo! Marcaban con una señal la zona de la cantera que correspondía a cada templo o monumento y así el material extra que necesitasen tendría el mismo color y textura. ¡Esto sí que es verdadero conocimiento transmitido de generación en generación!

_DSC0340 copia
Gebel Silsila

El resto del día lo dedicamos a navegar, y pasamos nuestra segunda noche a bordo en una de las pequeñas e idílicas islas del río, por la que pudimos pasear y observar la vida rural de la región (obviaremos el ruido de pequeños pasos por la cubierta durante la noche y que Gizmo amaneciese todo mojado…).

_DSC0363 copia
El Nilo

Por la mañana temprano, seguimos la travesía hacia Edfu, donde volvimos a encontrarnos con los grandes cruceros: tras un día de perfecta soledad, fue un poco duro.

_DSC0414 copia
Puerto de Edfu

Recorrimos en calesa la abarrotada vía desde el muelle hasta el templo de Horus, uno de los mejor conservados en Egipto (quedó sepultado bajo la arena y no fue redescubierto hasta 1859), y de verdad un lugar impresionante.

_DSC0420 copia
Impresionante pilón del Templo de Horus

La construcción data del siglo III aC, época ptolemaica, todo lo perteneciente a la cual, según nuestro guía, “no es egipcio” (por la misma regla de tres, tampoco deben de serlo las mezquitas que construyeron los árabes).

Recibe al visitante un inmenso pilón de 36 metros de altura donde podemos ver las imágenes del dios y el faraón en combate. A cada lado de la puerta, dos masivos halcones la custodian.

_DSC0481 copia
Halcones del templo de Horus

Pasado el pilón, el patio de las ofrendas, con una exuberancia vegetal en los capiteles de las columnas y, más allá, las salas hipóstilas exterior e interior y un curioso “laboratorio” donde quedan, en bajo relieve, todas las recetas y fórmulas de perfumes e inciensos que se preparaban para el culto. 

_DSC0446 copia
Relieves de perfumistas en el templo de Horus

En el santuario interior encontramos una reproducción de una de las barcas sagradas, en las que las imágenes divinas se sacaban en procesión (cual Semana Santa). En el corredor exterior volvemos a encontrar el combate entre Horus y su tío Seth, y resulta divertido jugar a reconocer al malo de la película en todas las formas en que se presenta.

_DSC0470 copia
Barca sagrada en el templo de Horus

Egipto, junto con Perú, debe de ser el país peor tratado por la UNESCO: es inconcebible que este templo no sea Patrimonio de la Humanidad, más teniendo en cuenta el tipo de sitios que acceden a este “club” en los últimos años.

La segunda (y última del viaje) parada arqueológica fue en una de las más antiguas ciudades de Egipto: El Kab o Nejab. Habitada desde tiempos prehistóricos, actualmente se prosiguen las excavaciones y lo único que puede verse es la inmensa muralla perimetral en ladrillo.

_DSC0516 copia
El Kab

Tras el almuerzo y con un sol inclemente el lugar se ve desolado; resulta difícil imaginarlo como el lugar de nacimiento de la diosa buitre Nekhbet, representada en la corona faraónica como protectora del Alto Egipto.

Continuando el camino entre la muralla y los campos de cultivo, y tras cruzar la vía del tren y la carretera que une Asuán y Luxor, se llega a un pequeño acantilado horadado por diferentes tumbas, una de ellas perteneciente a un importante soldado naval, donde se explican todas sus victorias y todos los esclavos ganados para él y el faraón.

_DSC0518 copia
Tumbas en El Kab

Retornamos al barco llevándonos una silenciosa sensación de desolación y eternidad… y a un Gizmo derretido.

La última noche la pasamos en el muelle de Esna y, si bien pensábamos dar un paseo tras la cena, todo quedó anulado por una brutal tormenta de arena que sepultó la ciudad aquella noche y se coló por todas las rendijas posibles del barco… pero esa es otra historia.

_DSC0525 copia
El Nilo

GIZMO TE CUENTA

Por culpa de nuestras pelis la gente se cree que no nos gusta el agua, pero todo es mentira, pura invención de Dante y Spielberg. Así que ir en barco y ser el capitán fue muy divertido.

No paramos de ver templos muy bonitos y en Edfu los papas descubrieron el jeroglífico que significa “Gizmo”.

_DSC0280 copia
Gizmo Akihavara en Kom Ombo

Mi intención era mantenerlo en secreto pero la verdad es que después de tanto años ningún egiptólogo se ha dado cuenta que en realidad el dios Bes ¡es un Gizmo! Bajito, peludito, con las orejas grandes, se dice que protege el hogar, a los niños y se le relaciona con el amor y la juerga… en serio, no es tan difícil reconocer la evidencia.

Que conste que también tuve que callarme en la cantera donde todos se preguntaban cómo se podían cortar piedras tan grandes y moverlas para construir los templos, ¿nadie ve nuestra pequeña manita ingenieril?

_DSC0421 copia
Relieve de Gizmo en el templo de Horus