La Ruta de la Seda, la legendaria red de vías por las que durante siglos transitaron caravanas que llevaban y traían mercancías de Oriente y de Occidente, fue también una vía de circulación de ideas y conocimientos, que favoreció la difusión del budismo y el islam.

Un camino épico a través de áridos desiertos y montañas de nieves eternas, oasis, padreras y estepas, que empezaba (o terminaba) en Xi’an, capital imperial antes que Pekín.

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Murallas de Xi’an

Peregrinos budistas como Faxian, Xuanzang o Yijing, emisarios cristianos como Rubruquis, Marco Polo o Ruy González de Clavijo, exploradores como Zheng He, Sven Hedin o Aurel Stein… todos la recorrieron, y todos dejaron su huella.

Los Gizmos Viajeros no aspiran a tanto, pero con su afición por el regateo, que les lleva a intentar canjear en cualquier bazar a sus papas por cuarenta camellos (si no les hemos dado de merendar ese día, se conforman con veinte), tarde o temprano tenían que querer recorrer “la” ruta comercial por excelencia, aunque sea por partes.

Nuestro viaje empezó en Xi’an y, al igual que las antiguas caravanas, nos dirigimos hacia el oasis de Dunhuang a través del corredor del Hexi, en la provincia de Gansu, un corredor fértil encajonado entre la desolada meseta tibetana y el vasto desierto de Gobi.

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Crescent Spring en Dunhuang

Los bandidos que en el pasado asolaron este corredor hace tiempo que fueron erradicados y en la actualidad el mayor peligro al que se se enfrenta el turista occidental que se aventura a conocer la región son las hordas de chavales chinos deseosos de fotografiarse con él.

De Xi’an a Dunhuang, el extremo oriental de la Ruta de la Seda destaca por su maravilloso y sorprendente patrimonio budista, que convierte este recorrido en una especie de viaje espiritual único.

Nos detuvimos en Dunhuang, pero las antiguas caravanas emprendían desde aquí el tramo más temido: el desierto del Taklamakán, que bordeaban bien por el norte, siguiendo las montañas de Tianshan donde se hallaban los oasis de Turfan y Kuqa; bien por el sur, vía Khotan y Yarkand. Ambas rutas confluían en Kasgar, donde el camino volvía a bifurcarse: hacia el norte, en dirección a Samarcanda y el mar Caspio; hacia el sur, a través del Karakorum hacia la India… Algún día la completaremos…

Si dicen que Marco Palo dejó volar un poco demasiado la imaginación en el relato de su viaje, miedo me da lo que puedan contar los Gizmos del suyo…

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Estatuas en las cuevas de Bin County

La ruta

Nuestro viaje, del 16 de junio al 2 de julio de 2018, fue el siguiente:

DÍA VISITAS NOCHE
1 Vuelo BCN – Pekín ­– Xi’an En ruta
2 Llegada a Xi’an. Por la tarde, murallas. Por la noche, barrio musulmán Xi’an
3 Mañana: Mausoleo del primer emperador Qin. Tarde: paseo por la ciudad Xi’an
4 Excursión al mausoleo Qianling y a las cuevas de Bin County. Por la tarde, Pagoda de la Gran Oca Salvaje Xi’an
5 Tren a Tianshui. Visita de la Residencia de la familia Hu, el templo Fuxi y el templo Yuquan Tianshui
6 Mañana: excursión a Maijishan. Tarde: templo de Nanguo Tianshui
7 Tren a Wushan. Excursión a Water Curtain Cave (25 km). Por la tarde, tren a Lanzhou Lanzhou
8 Mañana: excursión a Bingling Si. Tarde: área del río Amarillo de Lanzhou Lanzhou
9 Tren a Xining. Visita del monasterio Ta’er y de la mezquita Dongguan Xining
10 Excursión al lago Qinghai Xining
11 Tren a Zhangye. Mañana: templo del Gran Buda. Tarde: Danxia Geological Park Zhangye
12 Mañana: excursión a las cuevas de Mati. Por la tarde, tren a Jiayuguan Jiayuguan
13 Visita de Jiayuguan Jiayuguan
14 Tren a Dunhuang. Visita de las cuevas de Mogao. Por la noche, mercado nocturno Dunhuang
15 Mañana: Crescent Spring. Por la tarde, vuelo a Xi’an Xi’an
16 Mañana: mezquita y Pagoda de la Pequeña Oca Salvaje. Por la tarde, vuelo Xi’an – Pekín ­– BCN En ruta
17 Llegada a BCN BCN

En general, estoy satisfecho con la distribución de los días. De cambiar algo, le quitaría un día a Dunhuang y se lo daría a Zhangye, que, como explico más abajo, tiene muchos lugares de interés, tanto culturales como naturales. En otro post, daré información útil para organizar el viaje y sobre alojamientos.

Xi’an

Antigua capital imperial (cuando se llamaba Chang’an) y punto de partida oriental de la Ruta de la Seda, Xi’an es una de las ciudades más históricas de China.

La razón por la que todo el mundo viene aquí es el mausoleo del primer emperador Qin y sus miles de guerreros de terracota, uno de los grandes yacimientos arqueológicos de China (aunque, siendo sinceros, a mí me impresionó menos de lo que esperaba).

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Guerreros de terracota

La ciudad cuenta además con unas murallas bien preservadas y con algunos importantes hitos de la Ruta de la Seda, como la Pagoda del Gran Ganso Salvaje o la Gran Mezquita.

La primera fue construida para preservar los sutras y las estatuillas budistas traídas de la India por Xuanzang, el más famoso de los monjes budistas chinos, en cuyo viaje de 20 años se inspiró una de las novelas clásicas chinas, Viaje al Oeste.

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Pagoda del Gran Ganso Salvaje

La Gran Mezquita es una maravillosa mezcla de arquitectura china e islámica, testigo del importante papel que los mercaderes del barrio musulmán desempeñaron en el comercio con Occidente a lo largo de las dinastías Ming y Qing. En sus apacibles jardines, uno puede llegar a sentirse a salvo de las turbaciones del mundo.

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Mezquita de Xi’an

En los alrededores de Xi’an abundan además los lugares de interés. Yo me decanté por el mausoleo Qianling y las cuevas budistas de Bin County.

El mausoleo, a 80 kilómetros, alberga la tumba del emperador Gaozong y de su esposa, Wu Zetian, que fue la única emperatriz de la historia de China. Habíamos visitado tumbas Ming en Pekín y Nankín, pero nunca una tumba Tang, la edad dorada china, así que sentía curiosidad. El camino espiritual a la tumba también está flanqueado por bellas estatuas de piedra de animales y de militares, pero hay detalles que recuerdan la apuesta de la dinastía Tang por el comercio exterior y las relaciones diplomáticas, como las figuras de tamaño natural de los sesenta emisarios extranjeros que asistieron al funeral del emperador, con su nombre y su país tallados en el dorso.

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Mausoleo Qianling

Las cuevas de Bin County son quizás, junto con la Pagoda del Gran Ganso Salvaje, el mayor legado de la Ruta de la Seda en la provincia de Shaanxi. El sitio alberga 116 cuevas en la montaña de un valle, que contienen en su mayoría exquisitos Budas, Bodhisattvas y discípulos. La cueva más importante es la del Gran Buda, con una espectacular figura de Buda esculpida en arcilla, la más grande de la región, y que me produjo una emoción equiparable a la que sentí hace unos años ante el Gran Buda de Leshan y a la que unos pocos días después sentiría ante el Gran Buda de Zhangye, quizás mis tres Budas chinos preferidos. Bin Couty, a pesar de ser Patrimonio de la Humanidad, es la menos conocida de las seis cuevas budistas que visité, y para mí fue una fabulosa primera toma de contacto con este arte.

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Gran Buda de las cuevas de Bin County

Recomiendo pasar en Xi’an tres días mínimo: dos para la ciudad (incluyendo medio día para los guerreros de terracota) y uno para los alrededores.

Tianshui

Según la leyenda, Fuxi, rey legendario a quien se atribuye la invención de la escritura, la pesca y la caza, nació en Tianshui, razón por la que la ciudad se considera uno de los lugares más importantes relacionados con el surgimiento de la civilización china.

Hoy en día, Tianshui es una ciudad agradable que se suele utilizar como base para visitar las cuevas budistas de Maijishan, aunque sus lugares de interés merecen al menos un día. Entre ellos, tres templos: el elegante Fuxi, un verdadero remanso de paz; el enorme Yuquanguan, cuyos pabellones se desparraman por las colinas o penetran en los huecos de la montaña a cuyos pies se levanta; y el pintoresco Nanguo, en mitad de un frondoso bosque de cipreses y algarrobos, en el que a lo largo de las generaciones los poetas buscaron inspiración.

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Templo Fuxi

Pero, como decía, la principal razón para acercarse a Tianshui es Maijishan, a apenas 60 kilómetros, una de las cuatro cuevas más importantes de China gracias a sus exquisitos Budas de arcilla, modelados, en su complexión, posición o vestimenta, no como dioses sino como personas comunes, afables y accesibles.

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Estatuas de Maijishan

Además, el entorno aquí es de verdad espectacular: Maijishan se eleva abruptamente 142 metros, siendo, de todas las montañas de la zona, la que más destaca por su altura y su forma. En el acantilado suroeste, entre los siglos V y XIII, las sucesivas dinastías excavaron nichos y cuevas, añadiendo y reconstruyendo según los estilos de la época. Se conservan 194 de estas cuevas, con más de 7.200 esculturas y 1.000 m² de frescos.

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Maijishan

Las cuevas se hallan dispersas en diez niveles sobre la escarpada pared del acantilado y se accede a ellas por tablas fijadas a la pared. Quiero decir con ello que, aunque la visita ya no es peligrosa como antaño, cuando las pasarelas se desplomaban, dejando el sitio aislado y olvidado, no es apta para pusilánimes. Eso sí, desde cualquiera de estas pasarelas, las vistas panorámicas de las montañas y los bosques no se olvidan…

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Maijishan

A medio camino entre Tianshui y Lanzhou hay otro notable conjunto budista, Water Curtain Cave o Shuilian Dong. En la garganta de una montaña, los templos, perfectamente integrados en el gran entorno natural, es otra de las joyas de la región… y con apenas visitantes. Lo más impresionante aquí son los majestuosos bajorrelieves sobre el acantilado de un Buda sentado de 40 metros de alto y dos Bodhisattvas a cada lado.

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Water Curtain Cave

Recomiendo pasar dos días en Tianshui: medio día para Maijishan y el resto para la ciudad. El tercer día, si se va hacia Lanzhou, visitar Shuilian Dong.

Lanzhou

Lanzhou es la capital de la provincia de Gansu. Como ciudad quizás sea la menos interesante de las que visité pero es un nodo de transporte inevitable.

El río Amarillo, el río Madre de China, cargado de loess, el sedimento que da el color al agua y responsable de que esta zona fuese tan fértil y se convirtiese en el granero que abasteció al país durante siglos, la atraviesa. Con 50 kilómetros, el Yellow River Park es el parque fluvial abierto más grande del país, y la armonización de los elementos a lo largo de ambas orillas ha llevado a comparar esta zona pintoresca con el Bund de Shanghai. Quizás no haya para tanto, pero aun así, el parque incluye algunos lugares interesantes como el puente Zhongshan, de 1907, que fue el primer puente de hierro sobre el río; o la White Pagoda Mountain, cuya cima, coronada por la pagoda blanca que le da nombre, ofrece magníficas vistas.

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El río Amarillo a su paso por Lanzhou

La gran excursión que hay que hacer desde Lanzhou es a las cuevas de Bingling. El sitio es extremadamente remoto y sólo se puede llegar durante el verano y el otoño en barco desde el embalse Liujiaxia. El trayecto de una hora en barco disfrutando del precioso entorno de montañas en diente de sierra y del río, forma parte del atractivo de la visita. Aunque el sitio hubiese sido un churro, sólo por lo que me costó llegar, diría que es imprescindible, pero es que en verdad lo es.

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Cuevas de Bingling

El templo consiste en una serie de grutas en un cañón a lo largo del río. Fue el primer templo budista en las zonas de transición entre el corredor del Hexi y China Central, y por ello es un testimonio del período inicial de transmisión del budismo y de su fusión con la cultura autóctona (las primeras cuevas reflejan la influencia del arte indio, a la vez que adoptan las técnicas de tallado y pintura de las dinastías de China central).

Las 183 cuevas que han sobrevivido están llenas de maravillosas esculturas y frescos, y culminan en una gran caverna natural y en el gigantesco Buda de la dinastía Tang, de más de 27 metros de alto, tallado en el acantilado, que desde hace siglos (y que aguante muchos más) vigila con rostro impasible las turbias aguas del río.

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Cuevas de Bingling

Recomiendo pasar un día en Lanzhou, tiempo suficiente para visitar Bingling Si y, por la tarde, darse una vuelta por el Yellow River Park.

Xining

Xining, capital de la provincia de Qinghai, con fuerte presencia de las etnias han, hui y tibetana, fue mi tercera capital de provincia del viaje, después de Xi’an y Lanzhou. Mi idea inicial era llegar a Xiahe y visitar el monasterio Labrang. Ello me obligaba a largos desplazamientos y, al final, teniendo en cuenta el tiempo de que disponía, desistí de la idea. Xining, en cambio, resulta un destino con mejor acceso, y más conectado con la Ruta de la Seda, que era el hilo conductor que quería darle a mi viaje. Además, descubrí, en sus afueras se halla el monasterio Ta’er (o Kumbum), que, junto con Labrang, es el monasterio tibetano más importante fuera del Tibet. Habiendo estado ya en Tibet, las fotos de Labrang me producían un cierto “dejà vu”, mientras que Ta’er, con su combinación de arquitectura tibetana y china, me resultaba más atractivo. Eso sí, después de la relativa tranquilidad en Tianshui y Lanzhou, Ta’er volvía a estar abarrotado de turistas chinos: ¡que nadie espere iluminarse aquí!

Construido en 1577 para conmemorar a Tsongkhapa, fundador de la secta Gelug, nacido aquí, se trata de un grandioso conjunto rodeado de montañas y cuyos edificios se elevan unos sobre otros, combinando el estilo han de edificios palaciegos con el estilo tibetano en la decoración.

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Monasterio Ta’er

Los coloridos palacios con puertas talladas en varios diseños de flores y pintadas con colores frescos y variados; las salas budistas, cuyos pilares están tallados con hermosos diseños y envueltos en fieltros de colores; los patios, salpicados de árboles centenarios y de pagodas, realzan la belleza de todo el conjunto.

En la ciudad, el monumento imprescindible es la mezquita Dongguan, una de las más importantes de China, con una historia de más de 600 años y diversas remodelaciones, y cuya arquitectura combina la delicadeza del estilo chino tradicional con la monumentalidad del arte islámico.

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Mezquita Dongguan

Más alejado, pero posible como excursión de un día, el lago Qinghai, el más grande de China (tal es su importancia que da nombre a la provincia). La zona del lago fue tradicionalmente frontera entre los pueblos mongol y tibetano, y el paisaje es el típico de la meseta tibetana. Rodeado por imponentes montañas, a cuyos pies se extiende una amplia pradera, el lago está salpicado de pequeñas islas, la más conocida de las cuales es la “Isla de los Pájaros”, llamada así porque muchas especies de aves hacen parada en sus migraciones, aunque por culpa del incivismo de algunos turistas, las autoridades han cerrado el acceso.

Aun así, las montañas, el lago de aguas claras y brillantes, y los pastizales frescos donde se agrupan las ovejas constituyen un paisaje de gran belleza natural.

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Lago Qinghai

Recomiendo pasar en Xining un mínimo de dos días: el primero para el monasterio Ta’er y la visita de la ciudad; el segundo para la excursión al lago Qinghai.

Zhangye

Zhangye atesora una rica historia herencia de su papel como importante punto comercial de la Ruta de la Seda.

El monumento principal es el magnífico Templo del Gran Buda, que debe su nombre al Buda reclinado interior más grande de China. La escultura mide 34,5 metros, sus hombros, más de 7 metros, su pie, 4 metros. Detrás del Buda hay 10 discípulos y, en los lados, 18 guerreros. Las paredes están pintadas con coloridos murales.

La expresión del rostro del Buda transmite una serenidad que se contagia a todo el recinto, y que sólo es rota por los puntuales grupos de turistas chinos, cuyo guía acostumbra a dar sus explicaciones a grito pelado. Si se coincide con uno de estos grupos, vale la pena dejarlos pasar y disfrutar del Buda en absoluta (o casi) soledad.

Se dice que Kublai Khan nació en el templo, y también se sabe que Marco Polo, impresionado por el sitio y por la prosperidad de Zhangye, pasó aquí una larga temporada. Sin duda, uno de los puntos culminantes del viaje.

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Templo del Gran Buda en Zhangye

La excursión cultural en los alrededores es la del Templo Mati, pero hay otros lugares que también valen la pena, como los Templos Jinta, del Gran Buda de Shandan o Qifeng Manjushri.

El Templo Mati, a diferencia de otras cuevas chinas museizadas, continúa habitado por una comunidad de monjes, y destaca, además de por el arte budista que contiene, por el paisaje de montaña y por hallarse en una zona ocupada por la etnia Yugur.

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Templo Mati

El templo principal tiene forma de pagoda tallada en el acantilado escarpado y alberga 7 niveles que contienen 21 grutas. Todo el interior del acantilado ha sido tallado creando un complejo laberinto de túneles, escalinatas y cuevas, entre las cuales se encuentran 200 estatuas de Buda esculpidas durante cientos de años. Es interesantísimo escalar por la ladera de la montaña y atravesar pasadizos sinuosos para descubrir los santuarios secretos y las estatuas escondidas en su interior. Los balcones que conducen a las grutas brindan además sensacionales vistas de las praderas, montañas y bosques de pinos.

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Templo Mati

Y es que Zhangye también es una ciudad favorecida por la naturaleza: además de montañas, hay humedales, el Gran Cañón Pingshanhu, los picos cubiertos de hielo en el Gobi y el bellísimo Danxia GeoPark.

En China, las Danxia son los paisajes de espectaculares montañas aisladas, escarpados farallones rojos y toda una gama de relieves esculpidos a lo lago de millones de años por la erosión, el desgaste o la elevación, como pilares, barrancos e imponentes gargantas.

Alguien consideró que las colinas interminables parecían un cielo de nubes rosadas, que es como se traduce Danxia. Lo cierto es que, bajo el sol de la tarde, el rojo es el color predominante y las colinas más bien parecen formar un ondulante mar de fuego.

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Danxia GeoPark

A medida que la luz se suaviza, se descubren colinas con rocas de diferentes colores, que parecen cintas brillantes revoloteando en el desierto o arco iris colgados en la distancia. Los colores allí se vuelven entonces amarillos y grises, y las sombras arrojadas sobre las colinas dotan a la región de una extraña y única belleza.

Recomiendo pasar en Zhangye un mínimo de dos días. El primero se dedica la mañana al centro de la ciudad, incluyendo el Templo del Gran Buda, y la tarde al Danxia GeoPark. El segundo se dedica al Templo Mati. Aquí se puede pasar desde una mañana (si sólo se visita el templo principal) a todo el día, si se añade el Templo Jinta y el corredor Yugur. Con un día más, se puede visitar el Gran Cañón Pingshanhu, los humedales de Zhangye, el templo del Gran Buda de Shandan o realizar un recorrido más profundo por la ciudad.

Jiayuguan

Jiayuguan fue la fortaleza que protegía el extremo oeste de la Gran Muralla. Para un chino de la dinastía Ming, dejar atrás Jiayuguan significaba adentrarse en territorio “bárbaro”. Aquí convergen, pues, las culturas de la Ruta de la Seda y la Gran Muralla.

El Paso Jiayu, construido entre 1372 y 1540 es el más majestuoso entre los miles a lo largo de la Gran Muralla, con murallas, varias puertas de entrada, foso, torres de vigilancia; y lo pude admirar… de lejos…

Todas las guías, webs y blogs recomiendan visitar el lugar con la luz del atardecer, así que organicé el día dejando la visita del paso para la tarde.

Dediqué la mañana a dos atracciones que, si bien no justifican viajar hasta aquí, me parecieron notables y, además, diferentes a lo que había venido haciendo.

La primera, el parque East Lake, el proyecto ecológico más ambicioso en la historia urbanística de Jiayuguan. El parque incluye lagos artificiales, arroyos, plazas, pabellones, terrazas, puentes, esculturas y, su elemento más carismático, una torre meteorológica en forma de un delfín, de 99 metros de altura, y el mejor lugar para contemplar la ciudad.

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Parque East Lake en Jiayuguan

La segunda, las bodegas Zixuan, fundadas en 2005 para difundir la cultura del vino entre los chinos (deduzco que con un éxito relativo), y que se ha convertido en la bodega más grande de Asia. La visita por las instalaciones es guiada, tanscurre por los equipos de producción, prensado, fermentación, almacenamiento y embotellado, y puede incluir una degustación.

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Bodegas Zixuan

A las 2 paré un taxi para que me llevara a la fortaleza. Normalmente se visita, además de la propia fortaleza, el primer puesto estratégico y la muralla colgante.

Desde donde se halla el paso, la Gran Muralla de la dinastía Ming atraviesa el desierto de Gobi a lo largo de a 7 kilómetros hasta llegar al borde de la garganta del río Beida, en el sur del valle. El primer puesto estratégico es la torre que se levanta en este punto, en el extremo oeste de la Gran Muralla.

Pensé que el sitio sería una nimiedad, pero me sorprendió, tanto por el paisaje natural, que es grandioso, con el inmenso desierto de Gobi, la montaña al sur, el río a sus pies… como por la posibilidad de contemplar kilómetros de muralla auténtica.

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Primer puesto estratégico de la Gran Muralla

Ocho kilómetros al norte del paso se encuentra la llamada muralla colgante. Sólo 750 metros de muralla sobreviven, de los cuales, unos 200 parecen colgar sobre la cresta de la montaña, con una fuerte pendiente. La visita fue acelerada porque el taxista me advirtió que, de no darme prisa, encontraría el paso cerrado.

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Muralla colgante

Y así fue. A pesar de los horarios anunciados en las webs y de las recomendaciones sobre lo bonita que es la visita a última hora de la tarde, el sitio cierra a las 5. A esa hora, en el desierto, en verano, os aseguro que queda mucho para que se ponga el sol. Así que tuve que conformarme con hacer que el taxista me llevara a un par de puntos en la carretera desde los que el conjunto se divisa de lejos, mientras me prometía a mí mismo que, cuando pueda proseguir la Ruta de la Seda, reemprenderé el viaje en Jiayuguan.

Recomiendo pasar un día en Jiayuguan. Empezar con la visita al paso Jiayu y, si sobra tiempo, dedicarlo al parque East Lake y/o la bodega Zixuan.

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Paso Jiayu

Dunhuang

En Dunhuang, en un oasis en el borde del Taklamakan, confluían las dos rutas que bordeaban el desierto por el norte y por el sur, un lugar de reposo obligado gracias al cual la ciudad adquirió una gran importancia estratégica. Pero, además, también fue el punto de intersección de diversas corrientes religiosas, culturales e intelectuales, así como un polo de peregrinación budista y un foco de propagación del budismo en toda Asia.

La historia de China durante las dinastías Sui, Tang y Song, y de la misma Ruta de la Seda, se guarda en las cuevas de Mogao, la catedral del arte budista en China, un extraordinario conjunto de 429 cuevas profusamente decoradas con frescos espléndidos y repletas con más de 2.000 esculturas. Un lugar imprescindible.

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Cuevas de Mogao

El otro lugar en Dunhuang es Crescent Spring, un pequeño lago con forma de media luna rodeado de dunas. El sitio es de una gran belleza natural y, sin embargo, todo el conjunto desprende un tufo a parque temático, como tantas de las consideradas “áreas escénicas” en China, lamentablemente, con cientos de chinos montados en camellos; con helicópteros y parapentes sobrevolando el cielo para los pocos no ya que pueden permitírselo sino que deciden hacerlo; otros cientos trepando por las dunas por alguno de los “caminos” habilitados; un templo al borde del lago que resulta ser de finales del siglo XX, eso sí, en lo que llaman “estilo antiguo”…

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Crescent Spring

En lo alto de la duna, a la luz de tanta artificiosidad, me interrogaba sobre el origen de mi fascinación por este país, que me ha llevado a visitarlo cuatro veces en 10 años. Pero al hacer balance de la pequeña aventura vivida a lo largo de las dos semanas anteriores, no podía sino concluir que China, a pesar de todo, es un país inagotable y sorprendente, con maravillas que pocos pueden ofrecer. Y allí mismo empecé a fantasear con la continuación del viaje, atravesar el Taklamakan y llegar a Kashgar.