Antiguos castillos cruzados, espléndidas casas señoriales, una capital cosmopolita, encantadores pueblos medievales, playas vírgenes, prístinas reservas naturales…

Con tantos tesoros, Letonia merece más que una parada de un día en un crucero por el Báltico. Su tamaño abarcable y las buenas comunicaciones consiguen que un viaje de una semana o diez días permita hacerte una idea bastante completa del país.

Encajada entre Estonia y Lituania, en la encrucijada del este y el norte de Europa, a lo largo de 800 años de turbulenta historia, Letonia ha sido invadida por polacos, suecos, alemanes, rusos y soviéticos. Todos ellos han dejado su huella y el resultado es un país más diverso que sus vecinos. Pero, ¿los prepararon para la llegada de los Gizmos?

Catedral
Días 1 a 3: Riga

Riga, la capital, es seguramente el principal atractivo turístico de Letonia. Vale la pena dedicarle como mínimo tres días completos, al principio o al final del viaje.

Día 1: Núcleo medieval

El período de máxima prosperidad de Riga fue entre los siglos XIII y XV gracias al comercio con Europa central y oriental. Un recorrido por el núcleo medieval puede comenzar junto al antiguo castillo de los caballeros teutónicos. Usado actualmente como residencia oficial del presidente de la República, está cerrado al público. En los alrededores, la Torre Sueca, la única puerta que ha sobrevivido de la antigua muralla, o la casa de los Tres Hermanos, un trío de casas medievales bien conservadas.

La catedral es la más importante de los estados bálticos y la sólida monumentalidad exterior anticipa el sobrio interior. ¡Cuánto hubiera ganado la arquitectura luterana de haber confiado la decoración de sus iglesias a los Gizmos!

La Casa de las Cabezas Negras fue sede de un gremio de fiesteros comerciantes alemanes solteros (sin duda, amigos de los Gizmos). Bombardeada en 1941 y demolida por los soviéticos, lo que se ve es una réplica exacta que se levanta orgullosa para recordarnos la capacidad de Riga de superar las adversidades. Aunque el edificio del ayuntamiento también se reconstruyó, cuesta evocar la antigua Plaza del Mercado, y centro neurálgico de la ciudad, en la desangelada plaza actual.

Casa de las Cabezas Negras

Hay incontables iglesias en Riga. Son templos austeros en su interior y con unos horarios de apertura misteriosos; aun así, vale la pena echar un vistazo a cuantas se hallen abiertas. Otra de las principales es la iglesia de San Pedro, en su tiempo, el edificio de madera más alto del continente, y del que destacan sus tres elegantes portales barrocos y, sobre todo, su aguja. Un ascensor conduce a los visitantes a lo alto de la torre para disfrutar de una de las mejores vistas de Riga.

Núcleo medieval

Al sur de San Pedro encontramos algunos de los callejones más evocadores de Riga, sin multitudes, con joyas como la colorida sinagoga “art nouveau”. La Plaza de los Livonios es la más animada de la ciudad y cuenta entre sus edificios con la famosa Casa del Gato, llamada así porque sus dos torres esquineras están coronadas con sendas figuras de gatos. Y es que la Riga medieval también alberga maravillosos edificios “art nouveau”, como, por ejemplo, el edificio de ladrillo rojo en Smilsu 2, en cuya fachada una ventana salediza es sostenida por las figuras de una cariátide, un poderoso roble y un Atlas. Pues bien, esta cariátide fue escogida la figura de mujer más hermosa de toda la arquitectura riguesa. ¡Ahí es nada!

“Art nouveau”

Una recomendación para despedirse del núcleo medieval: volver al castillo y cruzar el puente hacia los jardines del Swedbank, el engendro que estropea las vistas de la ciudad. Desde estos jardines, no obstante, se descubre la que en mi opinión es la mejor vista de la ciudad: al otro lado del río, el castillo y un conjunto de edificios históricos bajos punteado con incontables torres de iglesias. Cada vez que la recuerdan, los Gizmos no pueden evitar soltar un suspiro…

Vistas de Riga
Día 2: Distrito “art nouveau”

El núcleo medieval de Riga es precioso. Sin embargo, el daño causado por incendios, guerras y demoliciones varias le pasa factura e impide que el conjunto brille al mismo nivel que el de otras ciudades europeas.

Lo que sí hace de Riga una ciudad única en el mundo es su patrimonio “art nouveau”.

A finales del siglo XIX y principios del XX, la ciudad experimentó un rápido crecimiento industrial y comercial, que la llevó a convertirse en el principal puerto del Báltico y que provocó una fiebre constructiva que la expandió más allá de los límites de las antiguas murallas. En los nuevos barrios, la iglesia y el palacio fueron reemplazados por edificios destinados viviendas, oficinas o fábricas.

“Art nouveau”

Este período coincidió con el auge del “art nouveau”, que llegó a través de Finlandia. La cantidad y calidad de esta arquitectura en Riga no tiene parangón en ninguna parte del mundo, pudiéndose afirmar que esta ciudad posee el más hermoso y abundante conjunto de edificios “art nouveau” de Europa, con alrededor de 50 edificios catalogados en el núcleo medieval y más de 300 en el resto del centro histórico.

Este estilo pretendía crear un arte libre y moderno, que rompiese con los estilos dominantes. En la estética nueva predominaba la inspiración en la naturaleza, se incorporaban novedades derivadas de la revolución industrial, como el acero y el cristal, y hasta los objetos más cotidianos tenían un valor estético.

“Art nouveau”

En esta web hay varias propuestas de paseos para sacarle el máximo partido al conjunto “art nouveau” de Riga.

Un día me dio para los paseos “The jewels of Riga Art Nouveau”, “Valdemāra Street – Brīvības Street” y “Tērbatas Street – Čaka Street”, que se pueden enlazar con facilidad y suponen una inmersión bien completa en este estilo y este capítulo de la historia.

El primero de ellos es el más “imprescindible” y el único a lo largo del cual coincidí con otros turistas. Incluye algunos de los ejemplos más afamados, situados en las calles Elizabetes, una elegante calle de embajadas, y Alberta, obras en su mayoría de un único arquitecto, Mikhail Eisenstein. Los otros paseos contienen ejemplos menos conocidos pero igual de recomendables, y además en un entorno apenas gentrificado.

“Art nouveau”

Fachadas con bajorrelieves espectaculares, entradas con forma de ojo de cerradura, ventanales, logias y balcones que mezclan motivos exóticos con elementos de la tradición letona; vitrales con representaciones florales estilizadas y motivos geométricos. Azulejos de cerámicas de colores que adornan las fachadas. Relieves de búhos o de muchachas bailando con guirnaldas de flores, pastores y sátiros; cornisas monumentales con más relieves. Monos, ranas, lobos, osos o leones mezclados en un equilibrio sorprendente con esfinges, dragones alados o gorgonas…

¡El “art nouveau” de Riga podría parecer una fantasía inventada por los Gizmos para ofrecer un contrapunto colorista y desenfadado a la austeridad de las agujas góticas que dominan la ciudad medieval! Sin embargo, una mirada atenta quizás sugiera que esta extravagancia se encamina precisamente a reforzar las bases de la moral luterana de la nueva sociedad capitalista. Las abejas como símbolo del trabajo; el león, de la fuerza y el poder. Un pavo real no sólo como símbolo clave de la belleza, también de la confianza en uno mismo… Sea lo que sea, el distrito “art nouveau” de Riga es sin ninguna duda un sitio extraordinario en el mundo.

“Art nouveau”

Día 3: Más allá del centro histórico

Con tres días, el último se puede dedicar a una excursión. Los destinos más habituales son Jurmala, un resort de playa; el palacio Rundale, el palacio barroco más importante en los bálticos; Sigulda o Cesis, en el Parque Nacional Gauja; o el Parque Nacional Kemeri.

Puesto que iba a pasar varios días en el PN Gauja y que los resorts de playa y los palacios barrocos no me entusiasman, me inclinaba por el PN Kemeri, pero el día amaneció con alta probabilidad de lluvia, y opté por quedarme la ciudad.

Latgale

La zona al otro lado de las vías del tren se conoce como Latgale o Moscow District. Yo no tuve ningún problema pero al ser una de las zonas más pobres, se recomienda visitarla de día.

El paseo puede comenzar en el Mercado Central. Cuando se terminó su construcción en 1930, era uno de los más grandes y tecnológicamente avanzados de Europa, símbolo de lo que Riga podría lograr como la capital de un estado nuevo e independiente. Noventa años después, los enormes pabellones metálicos, que fueron utilizados como hangares de zepelines durante la Primera Guerra Mundial, siguen cumpliendo su función original y operan todos los días de la semana. ¡Gizmo paseaba fascinado por las paradas que exhiben cabezas de cerdos, lenguas y corazones de ternera gigante, enormes ramos de repollo marinado, grandes pepinillos empapados en vinagre flotando en cuencos, platija ahumada, carpa viva o arenque marinado!

Mercado

Justo detrás del mercado, el distrito de almacenes es un conjunto de edificios de ladrillo que alberga cafés y galerías, y que enlaza con un agradable paseo a lo largo del río Daugava. Bajo los puentes donde se cruzan las calles Elijas, Maskavas y Lacplesa se exponen algunos de los mejores ejemplos de arte urbano de la ciudad.

La plaza de la Iglesia de Jesús, con la iglesia de madera más grande de Letonia, fue construida y vuelta a construir en un sinfín ocasiones. Esta parte de la ciudad, con sus modestas joyas “art nouveau” junto a las tradicionales casas de madera de la clase trabajadora, todas ellas en un estado bastante ruinoso, podría pertenecer al casco antiguo. A una manzana, la Academia de Ciencias, cuya arquitectura inconfundiblemente estalinista es visible desde cualquier punto de la ciudad, brinda desde su terraza una de las mejores vistas de la ciudad.

Arte urbano

Además del núcleo medieval y del semicírculo de bulevares del siglo XIX, hay un tercer paisaje urbano por el cual Riga mereció ser designada Patrimonio de la Humanidad: su arquitectura de madera, principalmente del siglo XIX. No hay mucha información sobre este legado pero parece que el conjunto más notable se encuentra en Pardaugava, el distrito al otro lado del río al que dediqué la tarde del tercer día.

Nada más cruzar el puente Akmens, aparece la Biblioteca Nacional, seguramente el edificio contemporáneo más admirable en la ciudad. Otros edificios interesantes son la Torre de Agua, en estilo “art nouveau”, o la Iglesia de Pardaugava, barroca, con cúpulas bulbiformes rojas y azules.

Los hermosos edificios de madera en la esquina de las calles Kalnciema y Melnsila han sido cuidadosamente restaurados y ahora acogen todos los sábados un pequeño mercadillo al aire libre. Durante mi paseo sin rumbo fijo por este barrio seguramente me perdí un montón de sitios interesantes, pero las casas más notables las descubrí en los callejones secundarios.

Casas de madera
Días 4 a 5: Parque Nacional de Gauja

A una hora en tren de Riga, el Parque Nacional de Gauja es el más grande y antiguo de los parques nacionales de Letonia, y protege la sección más hermosa del valle del Gauja, con Sigulda y Cesis como principales poblaciones. Muchos turistas visitan la zona en excursiones de un día desde Riga, pero creo que vale la pena pernoctar.

El Báltico ocupó una posición clave en las antiguas rutas comerciales entre Europa occidental y Rusia. Castillos en dispares estados de conservación, testigos del importante papel del valle durante las Cruzadas del Norte, abundan en sus bosques. Durante siglos la región estuvo dividida en un rompecabezas feudal, por lo que el paisaje también está salpicado por decenas de casas señoriales.

PN Gauja
Día 4: Sigulda

Un día en Sigulda se puede invertir en una excelente caminata de unos 6 kilómetros que conecta tres de los principales castillos del parque: Sigulda, Krimulda y Turaida.

El castillo medieval de Sigulda fue construido por los Hermanos de la Espada de Livonia, una orden de “monjes guerreros” alemanes, la primera fuera de la región mediterránea, que luego se incorporó a la Orden Teutónica, dentro de la cual sería conocida como la Orden Livona. Destruido en el siglo XVIII, se ha rehabilitado parcialmente y se puede subir a la torre.

Castillo de Sigulda

Para cruzar a Krimulda se puede tomar el teleférico, al parecer el único en los Estados bálticos, y que en mi opinión ofrece las mejores panorámicas sobre el río. También se puede salvar la distancia de apenas un kilómetro que separa Sigulda de Krimulda bajando y subiendo por el sendero de escaleras (tu bolsillo lo agradecerá; tus rodillas, puede que no tanto).

El castillo medieval de Krimulda son unas ruinas mal conservadas. Si Krimulada vale la pena es por su casa solariega de principios del siglo XIX en estilo clásico, y que actualmente funciona como hotel/balneario. Si se ha llegado hasta Krimulda y se tiene interés en la arquitectura luterana, recomiendo la caminata de tres kilómetros hasta la primera iglesia que se construyó en piedra en el país, tanto por la importancia histórica del monumento como para disfrutar (efímeramente) de la tranquilidad que se respira en este apartado lugar.

Iglesia de Krimulda

De vuelta a la casa solariega, se emprende la caminata por el bosque de pinos al museo-reserva de Turaida, el más visitado de Letonia, y un castillo medieval de los mejor conservados. El sendero pasa por la cueva de Gutmans, la más grande de los Estados bálticos. Que nadie espere por eso poner a prueba sus cualidades para la espeleología: se trata de una cueva de apenas 19 metros de profundidad cuyas paredes están repletas de inscripciones.

La torre del castillo de Turaida se eleva majestuosa sobre los pinos como un vestigio de los reinos que antaño dominaban estas tierras. Los numerosos senderos revelan perspectivas diferentes de las murallas y torres, afloramientos de arenisca, la flora de la región y, lo más llamativo, unas esculturas modernas bastante feas colocadas aquí y allá. Desde el aparcamiento, salen autobuses cada hora hacia Sigulda.

Castillo de Turaida

En el tiempo que pasé en Sigulda, también pude realizar las caminatas a los miradores de la Colina de los Pintores (Paradise Hill) y Vista del Rey (Keizarskats). El primero se puede combinar con una ruta de unos 5 kilómetros por los bonitos valles boscosos de Sigulda, repletos de mitos y leyendas, mientras que el segundo está a más de 4 kilómetros, por un camino cuyo único interés es la pista de Bobsleigh, lugar de entrenamiento de varios medallistas olímpicos. En mi opinión, acercarse a este último mirador sólo vale la pena si se va a bajar al río y volver por la orilla.

PN Gauja
Día 5: Cesis

Cesis no sólo es una de las ciudades más antiguas de Letonia sino que presume de ser una de las más “letonas”, signifique eso lo que signifique. En tiempos de la Orden de Livonia, la ciudad se convirtió en la capital de Livonia.

Los orígenes de Cesis están ligados indisolublemente a su castillo medieval, alrededor del cual se construyó la ciudad, y con el que esta, a lo largo de los siglos, compartió su destino en incontables batallas y devastadores incendios. Reconstruido y ampliado, el castillo adquirió su aspecto actual a principios del siglo XVI. Hoy en día, es el principal atractivo de un casco antiguo que ha preservado el trazado de calles empedradas y sinuosas, y que atesora un innegable encanto.

Ascender a la torre del castillo linterna de vela en mano no una turistada sino algo totalmente necesario debido a la absoluta oscuridad y un memorable viaje en el tiempo. La torre alberga la sala de estar del Maestre de la Orden, lujosamente decorada con una impresionante bóveda de ladrillo y yeserías pintadas.

Castillo de Cesis

Uno de los principales monumentos naturales del PN Gauja son los acantilados de Erglu, uno de los muros de arenisca más continuos de los Bálticos, de unos 700 metros de longitud y hasta 22 metros de altura, del cual una sección de unos 330 metros de largo se encuentra en la orilla del río.

Recorrí los 7 kilómetros desde Cesis a pie, pero lo cierto es que el recorrido, asfaltado en su mayor parte, no presenta demasiado interés, así que lo mejor seguramente sea llegar en transporte público y culminar a pie el tramo final, que es el que penetra por el bosque hasta el río.

Acantilados de Erglu

Las vistas desde la plataforma de observación de los pintorescos meandros del río serpenteando por los espesos bosques son magníficas pero es desde la pequeña “playa” en la base que los acantilados se muestran en toda su majestuosidad.

Volví a Cesis dando un (considerable) desvío por Rāmnieku, que cuenta con un puente sobre el Gauja, y Jāņmuiža, en donde tomé un autobús. En definitiva, la visita de Cesis y de los acantilados vale mucho la pena. Los 15 kilómetros de caminata, teniendo en cuenta que a ambos sitios se puede llegar fácilmente en transporte público, no tanto.

PN Gauja
Día 6: Kuldiga

Kuldiga posee el conjunto de edificios en madera mejor preservado del país. El calificativo de “Venecia del Báltico” le viene grande a todas luces pero aun así un paseo a lo largo de la orilla del río Alekšupīte, que atraviesa el casco antiguo, permite admirar el encantador conjunto de calles empedradas, casas de madera con techos de tejas rojas, preciosas iglesias y perspectivas pintorescas. El castillo hace tiempo que desapareció y su lugar lo ocupa un apacible parque (no pude dejar de lamentar el destino de los castillos livonios, y de preguntarme qué tipo de potencia turística sería Letonia de haberlos conservado).

Kuldiga

A la altura de la desembocadura del Alekšupīte en el río Venta, se hallan los dos hitos de Kuldiga: el poderoso puente abovedado de ladrillo, construido en 1874, el más largo en Europa (164 metros), si exceptuamos los puentes ferroviarios; y la cascada más amplia en Europa (240 metros)… si bien con una altura de apenas dos metros. Aquí tuve la suerte de ser testigo de un espectáculo de la naturaleza: el de los titánicos esfuerzos de los peces vimba vimba, que cada primavera han de saltar la cascada y remontar el río en busca de un lugar donde desovar.

La belleza del pueblo así como la armonía entre los paisajes urbano y natural hacen de Kuldiga un destino rural especial.

Peces vimba vimba
Día 7: Sabile y Kandava

El valle del río Abava fue mi tercer paisaje cultural con río, después del Gauja y Kuldiga. El tramo entre las poblaciones de Sabile y Kandava es considerado el más hermoso, con el río serpenteando a través de frondosos bosques de abetos y pinos.

Sabile es una pequeñísima población con iglesias y coloridas casas antiguas dispersas a ambos lados del río, y en cuyas colinas crecen los viñedos al aire libre más al norte del mundo.

El Museo de Arte de Pedvale, entre dos casas solariegas, es un interesante lugar en el que las más de 150 obras expuestas al aire libre se integran en el bello paisaje natural de prados florecientes, suaves pendientes y barrancos.

Sabile

Si Sabile es básicamente un pueblo-calle, Kandava es un pueblo-pueblo, y además uno de los más bonitos, con un entramado de calle empedradas que ha preservado su origen medieval, casas antiguas, plaza del mercado, iglesia…

Después de darse un paseo por el pueblo, que no llevará más de dos horas, el lugar más interesante en los alrededores es el área natural protegida de la potentilla cincoenrama, a 5 kilómetros. Se trata del área natural más extensa del país para proteger el crecimiento asilvestrado de este arbustillo muy denso y resistente, que puede llegar a medir hasta un metro, con flores grandes y solitarias de color amarillo intenso y luminoso que aparecen al final de los tallos durante el verano.

Se ha habilitado un sendero forestal de unos 4 kilómetros. Con Gizmo correteando entre florecillas amarillas (y quizás comiéndose alguna, pues se enteró que también poseen potentes propiedades medicinales, y los Gizmos no dudan en automedicarse), pusimos fin a nuestro viaje.

Cincoenrama en Kandava